De la ecoansiedad a la desesperanza: una alerta en las nuevas generaciones
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En un mundo donde abundan los conflictos bélicos y políticos cada vez más subidos de tono, la crisis climática no ha desaparecido; está más presente que nunca, aunque parezca que se ha quedado en un segundo plano. Tanto es así que forma parte integral del sentimiento de agobio de las nuevas generaciones, quienes no ven la posibilidad de un mejor futuro.
De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió el cambio climático como la mayor amenaza para la salud global en el siglo XXI. Pero, mientras los impactos físicos son ampliamente reconocidos, los efectos en la salud mental han recibido menos atención.
La evidencia científica sobre ecoansiedad en América Latina aún es limitada, en especial en la niñez y juventud. Sin embargo, existen algunos ejercicios. Una revisión cualitativa publicada en la Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud de Colombia concluyó que el cambio climático está afectando de manera significativa la salud mental de las nuevas generaciones de la región. Encontró un aumento de emociones como ansiedad, miedo, tristeza, incertidumbre e impotencia frente al futuro, particularmente entre quienes viven en comunidades expuestas a incendios, sequías, inundaciones y otros eventos climáticos extremos.
En la misma línea, otra revisión publicada en la Revista Médica del Instituto Mexicano del Seguro Social señala que la ecoansiedad entre adultos jóvenes latinoamericanos constituye un fenómeno emergente con implicaciones clínicas, sociales y ambientales. Los autores, además, explican que la preocupación por la crisis climática se intensifica cuando los jóvenes perciben una respuesta insuficiente por parte de los gobiernos o han experimentado directamente los efectos del cambio climático.
En los países más desarrollados, donde se viene construyendo mayor evidencia, hay otras luces sobre esta relación. Un estudio basado en una encuesta a 3.607 jóvenes italianos entre 18 y 35 años, en el que casi el 80% ha experimentado un evento extremo, buscó comprender hasta dónde llega la ecoansiedad. Publicado en diciembre de 2025 en el Journal of Health and Environmental Research, el resultado apunta a que los eventos relacionados con el cambio climático no solo influyen significativamente en el malestar psicológico de los jóvenes, sino que este se extiende a múltiples aspectos de su vida diaria: afecta su bienestar psicológico, hábitos de consumo, relaciones interpersonales y hasta sus decisiones futuras.
Es decir, todo forma parte de un mismo cóctel que estaría impactando la salud mental de jóvenes con apatía, desesperanza y falta de sentido existencial, y que se refleja en cambios en el estado de ánimo como ira e impotencia.
“Es un tema que no hay que banalizar, sino del cual se debe hablar seriamente”, sostiene Krzysztof Szadejko, uno de los autores del estudio. El experto, por eso, enfatiza la necesidad de realizar más estudios de este tipo con diferentes variables y en distintos países. “Los jóvenes tienen derecho a conocer la realidad, pero también a saber cómo reaccionar y encontrar mayor esperanza y sentido de vida”.
Pero hay elementos esperanzadores. La revisión hecha en México los identifica: cuando esa preocupación se canaliza hacia la participación comunitaria, el activismo ambiental o la denominada “ansiedad práctica” —una respuesta orientada a la acción en lugar de la parálisis—, puede convertirse en un factor de resiliencia y adaptación.
¿Qué futuro climático y posibilidades de acción estamos legando a las nuevas generaciones? De esa respuesta dependerá también su salud mental.



