Florida pone a prueba en sus primarias el dominio republicano
Florida ha llegado a las elecciones primarias como un bastión republicano después de haber sido durante décadas uno de los grandes Estados bisagra del país. Los comicios se celebran el próximo martes 18 de agosto, pero ya han comenzado los sufragios anticipados y por correo para escoger a los candidatos a gobernador, al Senado y la Cámara de Representantes que competirán en noviembre, y otras contiendas locales.
El giro político del Estado se debe en parte al desplazamiento a la derecha de una buena parte del electorado hispano, especialmente en el sur de Florida, cuyo comportamiento este año está por verse, según expertos que aseguran que las primarias servirán como termómetro de cara a noviembre de la influencia que mantiene dentro de su partido el presidente Donald Trump.
“Aunque Florida se ha convertido en un Estado republicano, es posible que los demócratas sigan siendo competitivos en algunas de estas primarias”, dice Aubrey Jewett, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Central de Florida (UCF) y experto en elecciones.
“Una de las principales razones por las que Florida se volvió más claramente republicano fue que el voto hispano se desplazó de manera considerable hacia el partido en los últimos años”, señala Jewett. “Las primarias podrían ofrecer algunas pistas sobre si los votantes hispanos están volviendo a cambiar de posición y acercándose nuevamente al Partido Demócrata, si algunos hispanos de Florida que apoyaron a Trump están empezando a tener dudas y a cambiar de opinión”.
La política migratoria que prometió el presidente durante su campaña resonó entre muchos votantes hispanos, señala Jewett, pero en la práctica se han encontrado con una ofensiva antiinmigrante que ha hecho estragos entre las comunidades de las grandes diásporas latinoamericanas del Estado. El Gobierno de Trump ha impulsado detenciones masivas en tribunales de inmigración, sitios de trabajo y paradas de tráfico, y ha dejado a cientos de miles en el limbo, al eliminar programas humanitarios y de protección temporal. “Parece que muchos votantes hispanos de Florida podrían estar reconsiderando su decisión”, agrega el experto.
La primaria republicana para gobernador de Florida es vista por los analistas como una oportunidad para medir la influencia que mantiene Trump en su partido. El republicano Ron DeSantis, uno de los principales aliados de la ofensiva migratoria de Trump, llega al final de su segundo término y no puede aspirar a un tercero. Como favorito de su partido para sucederlo está el congresista Byron Donalds, quien ha recibido el respaldo de Trump. Para competir contra Donalds, entre los demócratas se perfila con ventaja para ganar la candidatura el excongresista republicano David Jolly, después de que el alcalde del condado de Orange, Jerry Demings, abandonara la contienda tras un diagnóstico de cáncer.
Si bien su espaldarazo impulsó a Donalds como favorito, Trump ha llegado a estas elecciones con bajos niveles de aprobación. “En la política estadounidense, el partido del presidente casi siempre pierde escaños en el Congreso durante las elecciones de mitad de mandato. También sabemos que un presidente impopular pierde más escaños”, explica Jewett. “Trump es impopular en este momento en todo el país. Varias encuestas han encontrado que sus índices de desaprobación son más altos que los de aprobación. Incluso en Florida”.
Una encuesta de AP-NORC de finales de julio arrojó que Trump cuenta con apenas el 32% de aprobación en su gestión económica y 39% en su política migratoria.
En cuanto al Congreso, la primaria demócrata para elegir quién competirá por el escaño del Senado que dejó el secretario de Estado Marco Rubio podría servir de barómetro de si el partido se mueve hacia el ala más progresista o más cerca del establishment, una incógnita que ha marcado las contiendas a nivel nacional. El puesto lo ocupa ahora la republicana Ashley Moody, nombrada por DeSantis tras la movida de Rubio, y buscará conservarlo en noviembre. Los demócratas escogen si se le enfrentará la congresista estatal de Jacksonville Angie Nixon y Alexander Vindman, un teniente coronel retirado que fue un testigo clave en el primer juicio político de Trump.
Nixon ha hecho campaña con posiciones asociadas al ala izquierda del Partido, como los impuestos a los ricos y el cuidado infantil universal, mientras Vindman ha rechazado las etiquetas, pero su perfil como exfuncionario es más institucional, con énfasis en la rendición de cuentas y el costo de la vida, y busca captar votos independientes y de republicanos moderados. De los dos, es el candidato mejor financiado.
“El resultado de esa primaria puede ayudarnos a entender cómo se está desarrollando esa batalla dentro del Partido Demócrata a escala nacional”, apunta Jewett.
A diferencia de las elecciones generales, donde se enfrentan distintos partidos, en las primarias se deciden los candidatos que representarán a cada partido el próximo noviembre en las elecciones de medio término. Las primarias de Florida son cerradas, es decir, que para votar hay que estar registrado con un partido, aunque hay algunas contiendas no partidistas, como las elecciones de jueces, donde se puede votar sin afiliación partidista.
Las primarias de Florida además han estrenado el nuevo mapa electoral de DeSantis, que cambió los límites de varios distritos para diluir a los electores demócratas y favorecer a los republicanos en busca de más escaños en Washington. Los republicanos ocupan 20 de los 28 escaños de Florida en la Cámara de Representantes, y con el nuevo mapa buscan ganar cuatro más.
“Lo que ocurra en algunas de estas primarias de Florida podría influir en el control del Congreso de Estados Unidos”, señala Jewett. “Los republicanos tienen una mayoría muy ajustada en la Cámara. Si los demócratas logran ganar tres o cuatro escaños más, sería suficiente para recuperar el control”, explica.
En el sur de Florida, algunas primarias demócratas evidencian el impacto del nuevo mapa. En el Distrito 24, por ejemplo, siete candidatos compiten en una reñida contienda para suceder a Frederica Wilson, entre los que lideran el senador estatal Shevrin Jones y el comisionado de Miami-Dade Oliver Gilbert III.
El rediseño dejó sin escaño a la veterana congresista demócrata Debbie Wasserman Schultz en el Distrito 25, y la empujó a competir por el 20, un distrito históricamente negro, lo que ha generado disputas internas.
De Estado púrpura a rojo
El panorama político actual habría sido difícil de imaginar unos años atrás, cuando Florida era considerado un Estado púrpura. George Bush, republicano, ganó en el Estado en el 2000 por un apretado margen de apenas 537 votos. Luego el demócrata Barack Obama ganó las próximas dos elecciones, y Trump las últimas tres. DeSantis ganó la gubernatura por un estrecho margen en 2018, pero fue reelecto con una aplastante ventaja de casi 20 puntos en 2022.
“Durante más de 20 años, Florida fue considerada el Estado bisagra más competitivo del país, pero en los últimos cinco años ha pasado de ser un Estado púrpura a convertirse en un Estado rojo. Es definitivamente un Estado republicano ahora, pero no es tan republicano como otros. No somos Wyoming”, apunta Jewett.
En el padrón de electores se evidencia el cambio. Hace cuatro años había 5,1 millones de electores registrados como republicanos y 4,9 millones como demócratas. Ahora hay 5,6 millones de republicanos y 4 millones de demócratas. La brecha, que pasó de 229.000 a 1,5 millones, se debe más a la pérdida de unos 900.000 electores demócratas que a la inscripción de unos 409.000 republicanos. Más del 28% de los votantes en el padrón no tienen afiliación partidista o pertenecen a algunos de los otros 15 partidos registrados.
Hasta la tarde del jueves, más de 1,3 millones de personas ya habían sufragado de manera anticipada o por correo. Los republicanos han emitido 38.744 votos más, mientras los demócratas mantienen mayor tasa de participación.


