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Flávio Bolsonaro elige a un diputado de bajo perfil como candidato a vicepresidente


Han sido semanas de intrigas, casi “una telenovela”, como reconocía el propio Flávio Bolsonaro al hablar sobre los nombres que se barajaban para ser su número dos en las elecciones que Brasil celebrará en octubre. Finalmente, el miércoles, el último día del plazo legal, se desveló el misterio: el candidato a vicepresidente será Alfredo Gaspar, un exfiscal que puede funcionar para recuperar el discurso anticorrupción.

Es un perfecto desconocido para la mayoría de los brasileños, un diputado del mismo partido que Flávio Bolsonaro, el Partido Liberal, el núcleo duro de la extrema derecha brasileña. El hecho de que finalmente haya una candidatura “pura sangre”, como le gusta decir a la prensa brasileña, confirma el aislamiento de Bolsonaro hijo, incapaz de tejer alianzas sólidas en la derecha más allá de su partido.

En general, en Brasil el candidato a vicepresidente no tiene un rol especialmente importante, pero su figura sí sirve para dar espacio a partidos afines, confiando en que así se amplía el espectro de potenciales votantes, y también los minutos de propaganda electoral que la ley reserva en radio y televisión. A Flávio le fallaron sus planes iniciales y tuvo que conformarse con la tercera opción.

La idea original era invitar a una mujer, para intentar remontar la escasa popularidad que tiene entre el electorado femenino, que promete ser decisivo en los próximos comicios. La favorita de Flávio era Daniella Marques, que dirigió uno de los bancos estatales durante el Gobierno de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro. Su partido dijo que no.

La candidata que quería buena parte de sus aliados era Tereza Cristina da Costa, senadora y exministra de Agricultura de Bolsonaro: representante del poderoso lobby agrícola y ganadero, talante moderado y con más tirón electoral. Su partido también dijo que no.

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Flavio Bolsonaro elige al congresista Gaspar como compañero de fórmula

Vídeo: EPV

Las negativas dolieron especialmente porque Flávio Bolsonaro ya partía con el hándicap de estar enemistado con la principal representante de las mujeres conservadoras brasileñas, la exprimera dama Michelle Bolsonaro, su madrastra. Tras lavar los trapos sucios delante de todo Brasil, parecen haber firmado una tregua.

Al final, después de tanto revés, optó por Gaspar, que no aparecía en ninguna quiniela. Con 55 años, desarrolló su carrera, primero como fiscal y después como político en el estado de Alagoas, en la región noreste del país, donde fue el máximo responsable de la seguridad pública durante poco más de un año.

El noreste es la zona más pobre de Brasil y donde históricamente la izquierda cosecha sus mejores resultados. El guiño al noreste es importante para Flávio Bolsonaro, sobre todo porque su candidato a vice tiene un perfil que le permitirá reforzar su discurso de mano dura en materia de lucha contra la inseguridad. En los últimos años, el noreste ha ido virando a la derecha a medida que aumentaban los índices de violencia con la llegada de los tentáculos del narcotráfico.

El candidato a vicepresidente también puede servirle a Flávio para intentar colocar la corrupción en el centro de la campaña contra Lula. En los últimos meses, Gaspar lideró una comisión de investigación en el Congreso sobre desvíos en el sistema público de pensiones. El caso se remonta a los años de Bolsonaro, pero el nombre que más ha llamado la atención en los papeles es el de uno de los hijos de Lula, Fabio Luís da Silva, más conocido como Lulinha. De momento no está siendo investigado por ese fraude, pero sí por posibles delitos de corrupción y tráfico de influencias relacionados con otro caso. Será central en la estrategia de la derecha para desgastar al actual presidente.

Los brasileños irán a las urnas el 4 de octubre, y aunque hay más candidatos, todo apunta a un duelo en la segunda vuelta, el 25 de octubre, entre Lula y el hijo mayor del clan Bolsonaro. Todo apunta a una disputa muy ajustada. Un sondeo del instituto Quaest divulgado este miércoles da al líder izquierdista un 44% de los votos, frente al 39% que tendría el ultraderechista.



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