Diez minutos entre la vida y la muerte: la huida de Luis del incendio de la Vall d’Uixó
Luis Alcón ha visto arder la Vall d’Uixó tres veces en sus 68 años de vida, pero nunca había tenido el fuego a las puertas de su casa. El incendio que comenzó el pasado sábado y que todavía sigue activo es, para este ganadero, el peor de todos: el único que le hizo sentir que podía perder la vida entre las llamas. El monte donde se asienta su ganadería, el lugar en el que convive con sus 35 toros y bueyes, parecía a salvo hasta que el viento cambió esa tarde. En cuestión de minutos, el fuego giró su rumbo y lanzó una lengua de llamas contra la ganadería que ha cuidado desde que tenía 12 años, el lugar donde Luis ha dejado más de cinco décadas de trabajo. “Estos animales son mi familia, no podía dejarlos aquí”, cuenta el ganadero, que esperó a ser evacuado hasta conseguir poner a salvo a seis de los toros que permanecían en un corral arrasado por las llamas.
En la memoria de Luis, aquella tarde quedó congelada en varios fotogramas de angustia. El primero todavía guarda un instante de alivio: la certeza de que el fuego había pasado de largo y de que su casa y sus animales estaban a salvo. El segundo rompe esa calma con una llamada del concejal de Urbanismo del municipio, Vicente Pitarch, que le advierte de que el viento cambiará a las siete de la tarde. A partir de entonces, todo se precipita. Luis llama a un amigo camionero para sacar a los toros que estaban en el corral situado en la parte baja de la finca. El camión llega, pero el fuego ya no da tregua.
En apenas diez minutos, las llamas ya están dentro de la explotación. Luis, su nieta y los cuatro trabajadores se enfrentan entonces a una carrera desesperada para conseguir que los toros suban al camión, pero los animales, aterrados por el fuego, se niegan a moverse. Mientras el humo avanza y las llamas se acercan, ellos luchan contra el tiempo para ponerlos a salvo. “Sabíamos que, si no los sacábamos de ese corral, iban a morir. Era el más bajo de la finca y, además, estaba hecho de madera”, recuerda la nieta de Luis.
En la puerta de la finca, los bomberos esperan para ayudarlos en la evacuación. Logran meter los animales en el camión, pero cuando quieren escapar ellos el fuego ya les ha comido el terreno. “A nosotros ya no nos dio tiempo a bajar detrás de los animales. Las llamas ya estaban cogiéndonos”, cuenta Luis.
En ese momento él solo pensaba en cómo se podían salvar todos. “Estaba muy preocupado por mi nieta”, recuerda, antes de quebrarse al revivir el instante en el que tuvo que marcharse dejando atrás al resto de sus bueyes, todavía en el monte de la finca. “Cuando subimos al coche, vemos que el fuego estaba justo enfrente de nosotros. El camino hacia la Vall d’Uixó era imposible, así que tuvimos que buscar una salida hacia otro municipio”, explica. El humo, el calor y el miedo acabaron por vencer a una de las trabajadoras que estaba con Luis. Sufrió una crisis de ansiedad y apenas podía respirar. “Su marido estaba tan desesperado que quería que mandaran un helicóptero para rescatarnos”, recuerda.
Luis sabía que no podía permitirse el pánico. Necesitaba mantener la cabeza fría para encontrar una salida, aunque por dentro sintiera que todo se desmoronaba. “No sé cómo describirlo con palabras… Solo quería vivir. Lo único que quería era salir de allí con vida”, recuerda. Los bomberos iban delante, abriendo un pasillo entre el humo y las llamas. Él se limitó a seguirlos con su nieta y los cuatro trabajadores. Eso fue lo que les salvó.
Este martes, el ganadero ha podido regresar por fin a la finca después de varios días consumido por la incertidumbre. Estaba convencido de que el fuego había acabado con sus bueyes. Pero seguían allí. Pastaban, ajenos al desastre, en una pequeña isla de vegetación rodeada por un paisaje reducido a cenizas. Entre ellos, un ternero que buscaba la ubre de su madre. Un buey de enormes cuernos mordisqueaba la hierba con una calma desconcertante junto a otra res mucho más pequeña. La vida había resistido en medio de la devastación. El fuego se detuvo justo donde empezaba el terreno que los propios animales mantienen limpio con su pastoreo.

Aunque las llamas han dado una tregua en algunos frentes, el incendio sigue avanzando por el interior de la sierra de Espadán. El perímetro del fuego alcanza ya los 81 kilómetros y la superficie calcinada ronda las 9.300 hectáreas, extendidas por varios municipios del parque natural. Dos nuevos rebrotes, localizados en Artana y l’Alcúdia de Veo, durante la jornada del martes han roto la aparente calma y han vuelto a poner en alerta a unos vecinos que temen que las llamas recuperen terreno.


