Nacional

¿Saga o ‘nepobabies’? La nueva generación de artistas que convive con el legado de sus padres

En el libro Destrucción del padre / reconstrucción del padre, la escultora Louise Bourgeois (1911-2010) reflexiona, entre otros aspectos, sobre cómo el artista es condicionado por su origen, su familia y su contexto sociocultural. Bourgeois despliega su lucidez en cada una de las reflexiones, en especial, en las que hacen alusión a la permanencia de una creación: “Una obra debe mantenerse por sí misma y la forma es lo que garantiza su supervivencia”. Dicha conclusión resulta adecuada hoy para aproximarse a dos conceptos: el de saga artística y el de nepobaby.

El de saga posee buena reputación, es reconocido socialmente en términos de prestigio y hace referencia a la sucesión hereditaria con un propósito: que la ascendencia influya en las aptitudes artísticas para dar continuidad creativa en el ámbito público. Las sagas construyen su propio árbol genealógico dentro de la industria cultural para generar tanto su propio discurso como un legado.

Sin embargo, la etiqueta nepobaby es fruto de las redes sociales, no llega ni al lustro de vida y tiene su propia entrada en ese glosario de la contemporaneidad que es Urban Dictionary. Deriva de la palabra nepotismo, cosifica al individuo apuntando más al privilegio que a la oportunidad de demostrar su valía y le señala como alguien que puede desarrollar un trabajo en industrias creativas a costa de la trayectoria de sus progenitores. Surgió a raíz de un tuit del 21 de febrero de 2022 en el que una usuaria señaló que una de las actrices de la serie Euphoria (HBO), Maude Apatow, era hija de la intérprete Leslie Mann y el director de cine Judd Apatow. Pero había más. El director de la serie, Sam Levinson, es hijo de Barry Levinson ―director, entre otros títulos, de Rain man (1988)― y el nuevo fichaje de la tercera y última temporada fue Homer Gere, de 26 años, hijo de Richard Gere y Carey Lowell. Gere es también uno de los protagonistas de la nueva serie de Ryan Murphy The Shards, en la que comparte elenco con Kaia Gerber, hija de la supermodelo Cindy Crawford.

La deseada independencia de los ‘nepobabies’

Encarnar a un nepobaby significa conocer el entramado ejecutivo y el siempre útil quién es quién del negocio desde la cuna. No es lo mismo valerse de un favor que saber aprovechar una oportunidad pero, a veces, la línea entre ambas posibilidades es muy fina y en la opinión pública puede percibirse como difuminada. Algunos artistas a los que se ha encasillado en esta etiqueta provienen de familias de clase acomodada o que trabajan en industrias creativas en el ámbito ejecutivo o en el artístico. El inconveniente de esta designación surge cuando los nepobabies equiparan su esfuerzo al de otros que parten de entornos completamente ajenos a la cultura, con circunstancias mucho menos favorables. En su caso, su principal obstáculo, en realidad, son los prejuicios.

Se podría mencionar como exponente a Maya Hawke (28 años). Para la hija de los actores Uma Thurman y Ethan Hawke, la lupa está puesta tanto en su faceta musical como en la de actriz (participó, por ejemplo, en la serie Stranger Things), y no tanto en su relación con la moda o la publicidad (es imagen de Prada). El pasado mayo publicó su cuarto LP, Maitreya corso, un trabajo editado con la discográfica Mom+Pop (la misma que Courtney Barnett). Con Hawke, la percepción de nepotismo quizá se aligera al alternar trabajos más mainstream con una carrera en la música desarrollada en un circuito folk e independiente.

Un caso similar es el de Gracie Abrams (26 años), hija del director de Perdidos, J.J. Abrams y la productora Katie McGrath. Ha publicado tres discos; el último, el pasado mes de julio: Daughter From Hell. Obtuvo dos nominaciones a los Grammy, ha sido telonera de Taylor Swift en The Eras Tour y abrió varias fechas del Sour Tour de Olivia Rodrigo., lo que es lo mismo: está consiguiendo poner de acuerdo a crítica y a público (tiene 36,3 millones de oyentes en Spotify y su canción más escuchada en esa misma plataforma, That’s So True, cuenta con casi dos millones de escuchas).

“Tus padres son bastante prolíficos, y eso inevitablemente da pie a que se planteen preguntas sobre las ventajas que eso supone dentro de la industria musical. ¿Cómo respondes a eso?“, le preguntaba la revista Rolling Stone a Moses Martin, hijo de la actriz Gwyneth Paltrow y el cantante de Coldplay Chris Martin, quien este año publicó su primer EP, Bunny, con la banda People I’ve Met. ”Sin duda, es algo que hay que tener muy en cuenta. Creo que, en el fondo, lo más importante es que me siento muy agradecido por la posición en la que me encuentro y por haber heredado ese ADN musical de mis padres. Mis padres son increíbles y valoro mucho la posición en la que me encuentro. Pero lo que quiero decir es que, si bien reconocemos todo eso y estamos agradecidos, estamos creando algo especial y único para nosotros, algo que realmente nos importa”, contestó el joven, de 20 años, en la entrevista publicada el pasado 24 de agosto. Otro que ha lanzado su primer EP, Wear & Tear, este mes de agosto ha sido Cruz Beckham, el tercer hijo de David y Victoria Beckham.

Quien a pesar de su juventud no es ninguna debutante es Dora Postigo (22 años), primogénita de Bimba Bosé y del realizador Diego Postigo. Desde 2019 publica su propia música, pero no fue hasta el pasado 2024 cuando publicó su primer disco, A flor de piel. Además de componer y producir, toca el piano y actúa (recientemente ha terminado el rodaje de la nueva película de Achero Mañas, Ama). En esta primavera ha estrenado Feria, un nuevo single que revalida su trayectoria en el lado más alternativo de la industria.

Es precisamente en ese mismo flanco, en el que está Ona Mafalda (32 años). Es nieta del rey Simeón II de Bulgaria y su madre, Rosario Nadal, es consultora de arte, además de haber sido modelo y musa del diseñador Valentino Garavani. El ambiente elitista en el que se ha criado esta princesa (que se afana en aclarar que esa designación de la realeza es solo un título) parece ser el contrapeso de la vida artística que ha escogido. Dio su primer concierto en Madrid hace siete años en la madrileña sala Siroco, lo cual ya daba una pista del lugar desde el que quería empezar.

Sagas artísticas: del entretenimiento de Hollywood al flamenco

Cuando Miley Cyrus (33 años) protagonizó junto a su padre, el cantante de country Billy Ray Cyrus, la serie Hannah Montana (2006-2011) cerró el círculo de las presentaciones en la sociedad del espectáculo mediante el formato televisivo. Antes que ellos ya lo hicieron Frank Sinatra con su hija Nancy en 1957 y Judy Garland con Liza Minelli en las Navidades de 1963. Después de la serie, Miley Cyrus se reinventó sin romperse. A partir de ahí le avalan nueve discos, siete giras, tres premios Grammy y una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. Un itinerario musical y ejecutivo que mejora el de su padre (con el que ahora mantiene una relación distante).

En España hay buen ejemplo de las sagas si miramos al flamenco. Son varias las familias, desde hace generaciones, que cosechan artistas cuyos apellidos les aportan la hegemonía de la que se nutre el género y mantienen vivo al duende. Los Habichuela (cuyo apellido real es Carmona), los Morente, los Lucía o los Flores son un exponente de ello. Entre todos los jóvenes que están construyendo sus propias ramas en la industria musical sin olvidarse del tronco del que nacen destacan dos: Juan Carmona Jr. (42 años) y José del Tomate (28 años). El primero es hijo de Juan Carmona (uno de los fundadores de Ketama) y nieto del legendario guitarrista Pepe Habichuela. Es percusionista, cantante y guitarrista; se mueve entre el circuito del flamenco y del jazz. El segundo es vástago del guitarrista Tomatito; en directo, se muestra prudente y concienzudo, pero ya tiene pellizco, al escucharle, es inevitable reconocer que su virtuosismo está floreciendo paulatinamente, tal y como se vio en su paso por Madrid como integrante del elenco de su padre en el concierto ofrecido el pasado junio en el ciclo Villanos del Flamenco.

Un artista emergente que forma parte de una saga debe significarse públicamente sobre ella y utilizar sus genes en favor de su propia identidad como creador. En el panorama de rock y de pop actual, se pueden escoger a tres jóvenes artistas que son un ejemplo de ello.

Por un lado, está Violet Grohl (20 años), hija de Dave Grohl (Foo Fighters, Nirvana). El 2018 fue el año en el que debutó en el escenario junto a su padre en un concierto benéfico. Pocos segundos después de que la entonces niña pisara el escenario, Grohl, en tono de broma, se dirigió al público para hacer una confesión: “Violet es la primera en decirle a cualquiera que ella es la mejor cantante de la familia. Y tiene razón”. El pasado mes de mayo publicó su primer LP, Be Sweet To Me. Un disco que ella misma ha cocinado, ya que gestionó su contrato discográfico sin contar con el asesoramiento o el favor de su progenitor. El debut de Violet tiene ciertas reminiscencias a aquellos primeros trabajos de Foo Fighters, aunque también evoca a Hole o Queens of the Stone Age gracias a una producción que, entre otros detalles, ensalza la línea vocal, los riffs tarareables y sitúa las baterías en primer plano, como sucede en Bug in the Cake.

No cabe duda de que Aaron Romero, de 22 años, es hijo de Kutxi Romero, líder de Marea. Con una voz y unas maneras que recuerdan a las de su padre, ya se ha estrenado con su propio proyecto: Linaje. A principios de 2025 el grupo publicó su primer LP, Desataron a los perros, cuyas canciones tienen su semilla en las influencias con las que se ha criado. Hace unos meses visitó junto a su banda La revuelta y desveló el consejo que le dio Robe Iniesta (amigo de su padre): “Tú lo que tienes que hacer es cuidarte mucho la voz cuando vayas a cantar, que luego te pasarán cosas”.

Quien está orgulloso de sus genes es Andrés Ferreiro, hijo de Iván Ferreiro. Tiene 23 años y es líder del grupo Querido, con el que ya ha publicado dos discos. Su timbre es muy similar al de su padre y junto a él ha grabado la canción ¿Qué va a pasar? Parte de su letra dice así: “Pierdo la cabeza cuando pienso / en lo que pueden llegar a pensar / cargo de conciencia o libertad / ¿Qué seré yo? ¿Qué va a pasar?“.

Lo que resulta un hecho es que, tanto si se habla de sagas como de nepobabies, el uso de ciertos apellidos y su efecto influyente continuarán abriendo puertas. El quid de la cuestión está en saber cómo mantenerse en el negocio mostrando una personalidad propia que asuma riesgos para demostrar que el privilegio no suple ni la falta de talento ni la falta de habilidad.



Source link