De tácticas de desescalada al uso de fuerza “razonable”: cómo el ICE incumple sus propias directrices en detenciones
Que los agentes migratorios son entrenados regularmente sobre el uso de la fuerza, que se identifican claramente durante las operaciones de detención. Un vocero del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) dijo a EL PAÍS que esos elementos forman parte de las políticas de los funcionarios del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Sin embargo, los operativos de julio en los que murieron el mexicano Lorenzo Salgado Araujo en Houston, Texas, y el colombiano Johan Sebastián Durán Guerrero en la ciudad costera de Biddeforde, Maine, muestran una realidad diferente.
“Los agentes del ICE están capacitados para utilizar la fuerza mínima necesaria para resolver situaciones peligrosas, priorizando la seguridad del público y de nuestros agentes. Ellos cuentan con una amplia formación en tácticas de desescalada y reciben capacitación continua sobre el uso de la fuerza”, aseguró el vocero en un correo.
Sobre los funcionarios que participaron en la operación en la que murió Salgado Araujo (de 52 años) el 7 de julio se desconocen nombres o si cumplieron con esa premisa, porque el ICE ha mantenido sus identidades anónimas. La información que se tiene proviene de dos fuentes: de los tres testigos que iban en la van como pasajeros —uno de ellos, su hermano Víctor Salgado— y de la congresista de Texas Sylvia García, quien explicó en una rueda de prensa poco después que el funcionario que disparó fue removido de Houston el mismo día en que el padre mexicano murió tras recibir un balazo en el costado derecho.
Los tres testigos han sido interrogados por distintas autoridades en la investigación. Todos coinciden en que, una vez que frenaron en una calle de Houston, uno de los agentes corrió desde la parte trasera de la van hacia la ventana del copiloto, gritó “alto” y casi inmediatamente disparó la bala que mató a Salgado.
En dos comunicados enviados a EL PAÍS por el DHS, el departamento explicó que el agente que disparó lo hizo como respuesta al presunto intento de embestida del migrante a los funcionarios con su van, pero esto es algo que desmintieron los tres testigos. Ellos coinciden en que delante del auto de Salgado nunca hubo vehículos del ICE ni agentes. La persecución había terminado y el auto estaba estacionado.
En el caso de Durán Guerrero, el DHS dijo que ese 13 de julio los funcionarios buscaban a un migrante con orden de deportación, pero que un individuo salió de la residencia en un vehículo, y cuando intentaron interceptarlo, buscó huir. “Ante el temor por la seguridad pública, un agente disparó su arma”, se leyó en el comunicado.
En este caso, vecinos de Biddeford contaron que el conductor ya había sido herido cuando los agentes persiguieron al carro que daba vueltas fuera de control y que, según la versión del DHS, quiso embestirlos. Algunos vieron sangre en su cabeza.
El estándar por el que se rige el ICE para el uso de la fuerza establece que cualquier oficial de inmigración “podrá emplear la fuerza únicamente cuando no parezca existir ninguna alternativa razonablemente eficaz, segura y viable, y solo podrá usar el nivel de fuerza que sea objetivamente razonable frente a la totalidad de los hechos y circunstancias a las que se enfrente el agente en el momento”.
El DHS admitió que ni Salgado ni los tres pasajeros eran las personas a las que buscaban esa mañana del 7 de julio. Lo mismo ocurrió en el caso de Durán: la gobernadora de Maine, la demócrata Janet Mills, confirmó que el colombiano no era el objetivo y aseguró que la tragedia ponía “en relieve la manera imprudente y arbitraria en que se llevan a cabo las operaciones” en su Estado y el resto del país.
En ninguna de las dos operaciones, los agentes intercambiaron palabras con los perseguidos.
Las políticas por las que se rige el ICE también establecen que, “siempre que sea posible”, los agentes deben usar tácticas para desescalar la situación con el fin “de estabilizar, ralentizar o reducir la intensidad de una situación potencialmente violenta sin recurrir a la fuerza física o utilizando una fuerza menor”.
Más allá de la postura de que los agentes temieron ser embestidos por los conductores de Houston y Biddeford, hasta ahora el DHS no ha precisado en ninguno de sus comunicados sobre estos operativos que alguno de los agentes migratorios involucrados hubiera sufrido alguna lesión. En el caso de Salgado, el FBI investiga si hubo algún funcionario agredido, precisó el vocero.
En ambos sucesos, las investigaciones corren sin que se puedan consultar las imágenes de las cámaras corporales o en los autos de los agentes. No tenían dispositivos instalados para sustentar sus versiones. Esto pese a que el DHS se comprometió a que todos sus agentes usarían estos dispositivos después de la muerte en enero de los estadounidenses Renée Good y Alex Pretti. Ambos fallecieron por disparos de los agentes federales.

El vocero del DHS explicó a este diario, aunque sin precisar números, que han entregado cámaras a más de la mitad de las oficinas de campo. Dicen que el resto de sus dependencias las tendrán en septiembre.
En el caso de Salgado, esto pone mayor relevancia en el esfuerzo de las familias y organizaciones para que los tres testigos de la muerte del inmigrante —uno ya fue liberado— continúen sus procesos migratorios fuera del centro de detención de Houston, sin riesgo a ser deportados, y puedan contribuir con las investigaciones sin las trabas para acceder a ellos que impone el estar bajo custodia federal.
La identificación de los agentes
Otro de los elementos que el vocero del ICE asegura que ocurre es que “los funcionarios en operaciones claramente se identifican como tal”. Pero ni en el caso de Salgado ni en el de Durán los vehículos en los que el ICE llevó a cabo las persecuciones estaban identificados con logos de las agencias federales.
Víctor Salgado contó a su abogada Ruby L. Powers que él mismo supo que la agencia que los había perseguido era el ICE después de que los agentes ya habían disparado a su hermano. Él estaba en shock con la escena. Al mismo tiempo que era arrastrado fuera del auto para ser detenido, escuchaba a su hermano gritar “me están matando”. Mientras, era arrodillado en el suelo, y solo ahí pudo leer por primera vez la identificación de uno de los agentes y notó que era el ICE.

Y mientras tanto, del lado del conductor, su hermano Lorenzo era esposado con las manos atrás y recostado sobre el suelo pese a que sangraba. Con el poco inglés que pudo pronunciar, cuenta Powers, Víctor les pidió a los funcionarios, desesperado: “¡Llamen a la policía para que ayude a mi hermano!”.
En medio de las dudas sobre cómo se desarrollaron estos procedimientos, las familias en ambos casos, el de Salgado y el de Durán, han pedido que se permitan investigaciones independientes. El viernes se cumplió un mes de la muerte de Salgado y este jueves será el de Durán. Hasta el momento, ninguna agencia ha adelantado resultados preliminares de esas investigaciones.
Pero en Houston, la entidad que realiza la investigación independiente sobre la muerte de Salgado, la Oficina de la Fiscalía de Distrito del condado Harris, denunció que posiblemente tenga que demandar a las agencias federales de inmigración para poder revisar la evidencia completa sobre la muerte del padre mexicano. Hasta ahora, contó el fiscal Sean Teare en una rueda de prensa, sus investigaciones han avanzado con rapidez gracias a la evidencia y tips que han sido entregados por los propios ciudadanos.



