Política

Palacetes y castillos: la conexión francesa del soberano alauí


Un fuerte terremoto sacudió Marruecos la noche del 8 de septiembre de 2023. Pero el rey Mohamed VI no estaba en Rabat, sino en París. Había llegado una semana antes, el 1 de septiembre, y se encontraba en la residencia que el posee junto al Campo de Marte, a pocos metros de la Torre Eiffel: un hôtel particulier de unos 1.600 metros cuadrados que adquirió en 2020. Reaccionó rápido, al día siguiente ya estaba de regreso. El 9 de septiembre apareció en el Palacio Real de Rabat, acompañado por el príncipe heredero Mulay Hasán, en una reunión de trabajo sobre la respuesta al terremoto. Pero aquella noche de septiembre se rompió algo y convirtió, durante unas horas, la vida privada del monarca en un asunto de Estado.

París dejó ese día de ser simplemente el lugar al que Mohamed VI viajaba para descansar, recibir tratamiento médico, encontrarse con amigos o pasar tiempo con sus hijos. Se convirtió en el escenario desde el que se veía, con incomodidad, una de las características más singulares de su reinado: un rey que pasa largas temporadas fuera de su país y cuyo poder sigue estando extraordinariamente concentrado en su persona. La ciudad fue el símbolo de su debilidad.

Hay una segunda razón, sin embargo, por la que París resulta tan importante. En ninguna otra ciudad se cruzaban hasta aquel día de una forma tan evidente sus dos vidas: la privada y la política. Pero el terremoto, en el que murieron 2.946 personas, según el balance del Gobierno marroquí recogido por la ONU, fue el fin de aquellas escapadas.

París fue uno de los lugares donde Mohamed VI pasaba más tiempo cuando se encontraba fuera de Marruecos, aunque también dispone de otra propiedad de enorme importancia sentimental y familiar: el castillo de Betz, en el departamento de Oise, adquirido por Hassan II en 1972. En junio de 2022, el monarca pasó allí varias semanas. Cuando llegó a París en septiembre de 2023 llevaba meses sin regresar a Francia. El otro gran château marroquí de Francia, el de Gretz-Armainvilliers, se puso a la venta.

La imagen contrasta con la del rey que aparece en Rabat. En París puede ser simplemente un hombre que sale a pasear con sus hijos. Tras aquel suceso ha vuelto poco a la capital francesa. En noviembre de 2024. Apenas un mes después de recibir a Emmanuel Macron en Rabat, el monarca fue fotografiado por las calles de París junto al príncipe heredero y la princesa Jadiya, su hija menor. Vestía de manera informal y caminaba sin el aparato de una visita oficial.

Mohamed VI tiene realizar una visita de estado a Francia, se supone que antes de que termine el mandato del presidente Macron en abril. Pero las relaciones entre ambos han pasado por momentos complicados. En ocasiones, Mohamed VI podía encontrarse en París, pese a estar a pocos kilómetros del Elíseo, evitó reunirse con Macron. La relación personal entre ambos dirigentes se deterioró durante los primeros años de la presidencia del francés. Tuvieron la culpa el conflicto por el Sáhara Occidental, la reducción francesa de visados para ciudadanos marroquíes en 2021, las tensiones relacionadas con Argelia, sobre todo, el escándalo Pegasus.

En julio de 2021, una investigación periodística internacional vinculó a Marruecos con el uso del programa espía Pegasus. Entre los números que aparecían como potencialmente seleccionados estaba el de Macron. Marruecos negó las acusaciones. Pero el episodio tuvo consecuencias políticas y personales. Según una reconstrucción publicada posteriormente por Le Monde, la relación entre Macron y Mohamed VI quedó profundamente dañada.

La reconstrucción de los lazos empezó de una manera indirecta. En febrero de 2024, Brigitte Macron recibió en el Elíseo a las tres hermanas del rey: Lala Meryem, Lala Hasna y Lala Asma. El encuentro fue interpretado en París y Rabat como uno de los primeros signos visibles del deshielo. Le Monde lo describió como una operación de comunicación cuidadosamente coordinada entre ambos lados.


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