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Manuel Tovar, canciller: “Costa Rica sigue siendo un país vanguardista y coherente con los derechos humanos”

Hace 24 años era su tío Roberto Tovar Faja quien estaba a cargo de la política exterior de Costa Rica, país que siempre ha tenido una imagen internacional vinculada al pacifismo, la estabilidad democrática, la defensa de los derechos humanos y el ambientalismo. Manuel Tovar Rivera (San José, 52 años) es ahora canciller en momentos que califica como “disruptivos”, con fuertes cuestionamientos internos a los valores tradicionales de la política costarricense y temores al avance de un estilo de poder autoritario similar al que se expande en el resto de Centroamérica.

Mucho ha cambiado desde que el primer Tovar ocupó el Ministerio de Relaciones Exteriores con el Gobierno de Abel Pacheco (2002-2006), pero más aún desde 2022, cuando entró al poder Rodrigo Chaves como una tromba contra la política tradicional, con un Gabinete que incluyó al abogado Manuel como ministro de Comercio Exterior hasta mayo de 2026. Con el triunfo electoral de la oficialista Laura Fernández, los posgrados de Tovar en asuntos internacionales en España cobraron vigencia y pasó a ministro de Relaciones Exteriores y Culto, un puesto al que acredita funciones más bien “defensivas”, dice él.

Defiende en esta entrevista el estilo político del choque del chavismo. Defiende también la candidatura de la costarricense Rebeca Grynspan para la Secretaría General de Naciones Unidas, con la promesa de reformas institucionales. Tovar justifica el giro conservador del Gobierno de Fernández con su acercamiento al sector evangélico, pero rechaza que el país esté abandonando su bandera de los derechos humanos.

Pregunta. ¿Cómo se refleja en la política exterior la fuerte transformación interna que vive el país, que por décadas ha construido su imagen basada en su sistema democrático, los derechos humanos, el ambiente y el Estado de derecho, aspectos que ahora están bajo cuestionamiento de grupos internos?

Respuesta. Costa Rica sigue siendo un país vanguardista y un coherente ejemplo de políticas como el respeto a los derechos humanos, la paz, la democracia y la institucionalidad. Evidentemente, estamos atravesando un momento político que inició hace cuatro años (con el Gobierno de Rodrigo Chaves), un momento disruptivo. Hay una nueva era en la forma en que se conduce el debate nacional y en el cual se busca gerenciar el Estado. Es un proceso normal que está ocurriendo no solamente en Costa Rica, sino en muchos países.

P. Eso implica cambios en la imagen del país.

R. Parte de mi función como canciller es resguardar esa percepción que se tiene sobre Costa Rica, pero también ser sincero en el sentido de que Costa Rica está atravesando un proceso disruptivo de reacomodo, de adaptación a una nueva realidad, bajo una discusión política muy franca, a veces con términos duros desde diferentes vertientes, algo a lo que posiblemente Costa Rica no ha estado acostumbrada.

P. El multilateralismo viene de capa caída. ¿A eso Costa Rica sí sigue apostando?

R. Defendemos el multilateralismo, pero no cualquier multilateralismo. La confianza en el orden se ha erosionado adentro y afuera. Han sido muchos los pecados que se han cometido y que han llevado a un sistema que ya luce agotado, pero cuando un perro tiene pulgas hay que matar a las pulgas, no al perro. Por eso nosotros seguiremos abogando, porque es una cuestión existencial para un país desarmado como el nuestro. El multilateralismo ha sido nuestro púlpito, nuestra línea de defensa, pero hay que renovarlo para que sea efectivo, transparente y que se acople a la realidad.

P. ¿Es posible decir que se defiende el multilateralismo si en cinco años Costa Rica no ha estado representada por su presidente en la Asamblea General de Naciones Unidas?

R. En los dos primeros años de Gobierno, el presidente Chaves estuvo a punto de viajar, pero hubo contratiempos de última hora. Igualmente, no debe interpretarse como un desdén al sistema. Al contrario, fue el expresidente Chaves y ahora la presidenta Fernández quienes han decidido apoyar la candidatura de la costarricense Rebeca Grynspan para encabezar la ONU.

P. ¿Quién financia la campaña de la señora Grynspan y sus numerosos viajes?

R. Se lo tendría que preguntar a ella; definitivamente el Gobierno de la República, no. Hemos apoyado a una persona de nacionalidad costarricense para dirigir la ONU, pero doña Rebeca se financia, se organiza y se gestiona su propia agenda. Ella no es funcionaria internacional actualmente ni es funcionaria del Gobierno de la República.

P. Sabiendo el fuerte poder del expresidente Chaves más allá de sus funciones como ministro de la Presidencia y de Hacienda, ¿cuánta injerencia tiene en la política exterior?

R. El canciller soy yo y la señora Laura Fernández es la presidenta. El ministro Chaves puede influir tanto como influye la ministra de Comercio Exterior o la de Ciencia y Tecnología. La política exterior la defino yo con la señora presidenta, aunque no significa que no me pueda dejar asesorar por otros compañeros de gabinete o que no escuche sus preocupaciones.

P. Sobre China, se ufanaba hace poco el señor Chaves, en una entrevista, de haber tomado distancia en su gobierno. ¿Cómo está la relación ante la presión de Estados Unidos?

R. No puedo comentar una entrevista que no he visto ni escuché. Lo que sí le puedo decir es que he tenido una conversación sincera con el canciller chino, Wang Yi. Este gobierno respetará el principio de una sola China. Como en todas las relaciones bilaterales, hay momentos de altos y bajos; China no es la excepción. Queremos conducir la política exterior de una manera amigable con todos nuestros socios.

P. ¿Cuánto influye en la política exterior la alianza del Gobierno con el sector evangélico?

R. La señora presidenta hizo su campaña con principios conservadores y creo que es democrático aceptar que ahora tenemos una presidenta electa por el soberano con una agenda conservadora, así como ha habido gobiernos con una tendencia más progresista. A veces hay que saber ganar y hay que saber perder. Sí hay sectores conservadores, como la Iglesia evangélica y otros sectores también de la sociedad civil, donde hay coincidencia de algunos criterios, pero la política exterior la define la Cancillería con la Presidencia de la República.

P. Ustedes han defendido una alianza especial con la Administración Trump, con una diversa agenda bilateral. ¿Cómo se explica que al final la subida de los aranceles igual haya castigado al país?

R. Salvo con algunos matices en el marco del acuerdo de Norteamérica entre México, Estados Unidos y Canadá, no hay país que tenga arancel cero. Esa es la política comercial del presidente Trump, y es en esa realidad en la que nos hemos estado moviendo. Lo mismo les ocurre a países como Israel o Japón, socios estratégicos de los Estados Unidos. Por supuesto que este gobierno continúa con los esfuerzos, pero eso es algo que no nos tomamos de forma personal. Evidentemente, no nos agrada ser sujetos de aranceles, pero somos una víctima colateral de tensiones comerciales entre grandes economías internacionales.

P. El presidente Trump llamó a los países aliados a salirse de la Corte Penal Internacional. ¿Cómo responde Costa Rica sabiendo que tiene a un juez costarricense como miembro de esta corte?

R. Es irrelevante que haya un juez costarricense en la Corte o no. Para Costa Rica, estas instancias jurisdiccionales son de enorme trascendencia para nuestra seguridad nacional, tal y como ha sido la Corte Internacional de Justicia cuando la diplomacia falló. Para nosotros es un tema existencial; respetamos el derecho soberano de cualquier país del mundo a pertenecer o no a la Corte, pero para Costa Rica es importante por las amenazas regionales que tenemos.

P. Sobre Nicaragua ha habido mensajes distintos desde el Gobierno. ¿Cuál es finalmente la posición de Costa Rica sobre Nicaragua?

R. Se lo digo claramente: la posición de la señora presidenta de la República y de este canciller, la posición del Poder Ejecutivo y el Gobierno de la República, es la que hemos trasladado al seno de la Asamblea General de la OEA, en Panamá: nosotros condenamos la represión que está haciendo el presidente Ortega en Nicaragua y hemos abogado por el más inmediato restablecimiento del cauce democrático.

P. ¿Costa Rica considera a Nicaragua una democracia?

R. No.

P. ¿Qué es?

R. Es una dictadura.

P. ¿Por qué la presidenta dijo que los nicaragüenses tienen el gobierno que eligieron?

R. Se ha descontextualizado lo que ella quería decir. De nuevo, la posición del Gobierno de la República la expresó este servidor en Panamá.

P. ¿Cuán delicada es la relación bilateral con el vecino considerando su poder de bloquear, si quiere, el comercio con el resto de Centroamérica?

R. Las relaciones con los vecinos siempre son relaciones críticas: en seguridad, en conflictos fronterizos, en migración, en comercio… También a Nicaragua le interesa entender que en Costa Rica hay cientos de miles de nicaragüenses y que su economía se nutre de remesas enviadas por su población migrante. Hay que saber manejar la relación con sabiduría, con prudencia y a veces con firmeza. Tenemos relaciones diplomáticas porque no las hemos roto como sí las rompimos con Cuba recientemente, pero no tenemos relaciones de alto nivel.


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