La Reserva Federal desafía a Trump al subir por unanimidad los tipos de interés a mes y medio de las elecciones
Lleva cuatro meses como presidente de la Reserva Federal (Fed), pero este miércoles se recordará como el día en el que Kevin Warsh demostró que él y el resto de gobernadores del organismo son los que realmente pilotan la política monetaria de Estados Unidos, al margen de influencias externas. La Fed ha dado el paso que el presidente Donald Trump no quería que diera bajo ningún concepto: subir los tipos de interés a mes y medio de unas elecciones de medio mandato en el que los republicanos se juegan perder el poder legislativo. Con este paso, Warsh, un multimillonario conservador elegido por Trump, demuestra que va en serio en su objetivo de luchar contra la inflación, aunque para eso tenga que perjudicar los intereses electorales del hombre que lo escogió creyendo que obedecería sus deseos de convertir a Estados Unidos en el país con los tipos de interés más bajos del mundo. Pero no ha sido así.
La subida es moderada, de 25 puntos básicos. El precio del dinero en Estados Unidos pasa así a una franja de entre el 3,75% y el 4%. Pero es una señal poderosa: se trata de la primera alza en más de tres años. La última fue en julio de 2023. La Fed de Warsh demuestra con este paso su compromiso en la lucha contra unos precios que llevan más de cinco años sin acercarse al objetivo del 2%.
La decisión ha sido, además, tomada por unanimidad de todos los miembros de la Junta de Gobernadores, después de un año de votos discrepantes, lo que le dota de una mayor legitimidad ante las críticas de algunos sectores que, seguro, va a cosechar. Es muy probable que una de esas voces sea la de Trump, que el martes ya arremetió contra el Tribunal Supremo -y especialmente contra los tres jueces conservadores que él había nombrado en su primer mandato- por llevarle la contraria en su intento de cambiar las normas del voto por correo a punto de celebrarse las elecciones del 3 de noviembre. Se le han rebelado los tres jueces, y ahora también le sale respondón el sustituto de Jerome Powell, otro nombramiento del republicano al que posteriormente se dedicó a insultar.
Otro dato importante es que la Fed cree que esta subida no va a ser la única. Todos los miembros de la Junta de Gobernadores menos dos prevén que la autoridad monetaria deberá elevar de nuevo el precio del dinero a lo largo de este año. Y cuatro miembros anticipan dos subidas, según un panel de previsiones en el que Warsh, reacio a dar pistas al mecado, no participa.
La Fed argumenta su decisión con un comunicado en el que dice que la actividad económica se está expandiendo a un ritmo sólido, pese a la elevada incertidumbre, debida en parte a los acontecimientos geopolíticos. “El aumento del empleo ha seguido el ritmo de la fuerza laboral y la tasa de desempleo apenas ha variado. La inflación permanece elevada. La medida de política adoptada favorecerá un retorno más rápido al objetivo del 2%. El Comité garantizará la estabilidad de precios”, asegura.
La subida de tipos no es ninguna sorpresa, ni para los economistas ni para el mercado. Ya apuntó en esa dirección Warsh en la reunión de Jackson Hole del pasado agosto. Entonces dijo: “Es responsabilidad de la Reserva Federal garantizar la estabilidad de precios. No hay excusas. [.] Debemos tener la certeza de que la inflación subyacente se dirige hacia nuestro objetivo, de manera clara y a una velocidad suficiente. De lo contrario, tenemos trabajo por hacer. Esa es nuestra labor”.
Pocos días después, los datos de inflación parecieron dar la razón a los que creían necesario enfriar un poco la economía estadounidense, que sigue mostrando potencia en las cifras de empleo, pero con unos precios que en agosto se mantuvieron tozudos en el 3,4%, muy lejos del objetivo del 2%.
Amenazas de Trump
Trump elevó hace unos días sus amenazas contra la Fed, un organismo cuya independencia del poder ejecutivo ha sido refrendada por el Tribunal Supremo. El presidente dijo que si no había un recorte drástico en los tipos de interés, entonces paralizaría una parte considerable del comercio estadounidense.
“Bajen los tipos o dejaré de comerciar con los países con los que tenemos déficit; algo que el Tribunal Supremo, en su ridícula y muy costosa decisión sobre aranceles, reconoció que el presidente puede hacer”, escribió Trump en un confuso mensaje en su red social, Truth. Ese mismo día, desde el Despacho Oval, se quejó de que otros países tuvieran intereses más bajos que Estados Unidos, y pidió “patriotismo” a la Fed. “Si no comerciamos con ellos, no tendrían dinero para pagar sus cuentas”, afirmó. “Y, si no nos tratan como es debido, haremos eso. Al fin y al cabo, lo único que tenemos que hacer para reducir nuestro déficit comercial con un país es no comerciar con él”. Su asesor económico, Kevin Hasset habló a las claras esta semana: “Si hay una subida de tipos, estoy seguro de que el presidente no va a estar supercontento”,
La guerra en Irán, que parece alargarse sin que nadie le vea una salida a corto plazo, y la extensión del conflicto entre los rebeldes hutíes de Yemen han consolidado el precio del petróleo por encima de 100 dólares, lo que encarece el galón de gasolina en EE UU y amenaza con más las tensiones inflacionistas. Distintos analistas habían advertido antes del viernes que, si Warsh quería mantener la credibilidad de un organismo capaz de reaccionar sin sufrir injerencias políticas, estaba obligado a elevar los tipos. De lo contrario, habría complacido a Trump y quizás habría impulsado algo las perspectivas de crecimiento a largo plazo, pero habría alejado la perspectiva de contener los precios, sobre todo, habría hecho un profundo daño a la autonomía de la Fed.



