La rentabilidad del bono a 10 años del Tesoro de EE UU registró su mayor nivel en dos décadas. ¿Por qué debería preocuparle?
El mercado de bonos del Tesoro de Estados Unidos está que arde y debería preocuparle por las consecuencias para su bolsillo. Los tipos de su hipoteca, el préstamo de su coche, los intereses de su tarjeta de crédito o los préstamos de su empresa pueden subir impulsados por la situación de los títulos de deuda pública.
El rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense con vencimiento a 10 años ha escalado esta semana hasta el 5,25%, el nivel más elevado en casi dos décadas (19 años). Los bonos no alcanzaban ese nivel de rentabilidad desde 2007, justo antes de la crisis financiera provocada por el colapso de las hipotecas subprime y la caída de Lehman Brothers, que sumió al mundo en una larga era de austeridad.
Este lunes volvió a repuntar la rentabilidad de los bonos del Tesoro después de las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en las que rechazaba la propuesta de alto el fuego de Irán para reabrir el estrecho de Ormuz, lo que eleva el riesgo de que se prolongue el conflicto, por tanto, la crisis energética desencadenada por la guerra. Los inversores creen que, si los precios del petróleo se mantienen en torno a los niveles actuales, la inflación se mantendrá elevada por más tiempo.
Los tipos de la deuda a 30 años se dispararon hasta el 5,6%, el nivel más alto desde 2002. Los rendimientos de los títulos a corto plazo también se dispararon, ya que los inversores se preparan para que la Reserva Federal vuelva a subir los tipos de interés para controlar la inflación.
Los inversores andan preocupados por la creciente volatilidad en los mercados financieros, mientras se muestran optimistas sobre la economía global, alimentada por la inversión en IA. Al tiempo, se muestran inquietos por la inflación persistente y la incertidumbre por la política monetaria de la Reserva Federal.
Los bonos del Tesoro suelen considerarse un termómetro sobre las expectativas de la economía y la confianza de los inversores y no solo un mero indicador sobre la rentabilidad de la deuda pública. Por eso, aunque un ciudadano nunca compre un bono del Tesoro, su valor y rendimiento impactarán en su día a día.
¿Qué son los bonos del Tesoro?
Cuando los gobiernos de los países, en este caso Estados Unidos, gastan más de lo que ingresan o necesitan recursos adicionales para acometer una inversión, el Tesoro emite letras o bonos del Tesoro. Son unos títulos de deuda por una cantidad determinada que se comprometen a devolver a un vencimiento fijo y por los que recompensan al comprador con un interés pactado.
Por ejemplo, como Estados Unidos gastó el año pasado casi dos billones de dólares (1,78 billones) más de lo que recaudó por impuestos, necesitará endeudarse por esta cantidad para poder pagar sus compromisos. Para ello, el Tesoro emite unos títulos de deuda por esa cantidad que pueden tener vencimiento a corto o medio plazo (uno o tres años, como se conoce a las letras) o más largo plazo (cinco, 10 o 30 años, los bonos del Tesoro).
Los bonos del Tesoro estadounidense han sido considerados de máxima calidad por la confianza en su economía. Cuando llegaban las crisis, como la de 2008, los inversores se apresuraban a comprar estos títulos para reducir sus riesgos y cubrirse ante los vaivenes financieros.
¿Por qué suben los tipos de los bonos?
Existen tres o cuatro motivos principales que explican la subida de los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos: por miedo a una inflación persistente, por una visión optimista sobre la economía, la percepción sobre los próximos movimientos de la Reserva Federal o por la desconfianza sobre la salud de las cuentas públicas.
Los precios de los bonos y los rendimientos se mueven en direcciones opuestas. Cuando crece la percepción de que la inflación será más persistente, por tanto, la FED subirá más los tipos, los bonos que el Tesoro ya ha emitido, y que generalmente cotizan en un mercado secundario, pierden valor, y los inversores tienen que ofrecer más intereses para lograr colocarlos.
Si el Tesoro emitió un bono por 1.000 dólares a devolver a 10 años, tendrá que pagar unos intereses semestrales (cupón) y el nominal a la finalización del vencimiento. Pero si la inflación sube más que el tipo de interés, el inversor considerará que el bono habrá perdido valor. No tiene el mismo valor 1.000 dólares hoy que hace 10 años.
Se pueden comprar menos cosas porque la inflación elevó el coste de la vida. Para compensar esa diferencia, los tenedores de los títulos se ven obligados a elevar el interés que dan a los que compren los bonos en el mercado secundario por menos dinero del valor de emisión.
“Los inversores exigen mayores rendimientos cuando creen que la inflación erosionará el poder adquisitivo de los futuros pagos de intereses”, explica Seth Carlos, analista de JP Morgan.
“Y durante períodos de incertidumbre financiera, los inversores suelen buscar la relativa seguridad de los bonos del Tesoro estadounidense, lo que provoca una disminución de los rendimientos”. Este economista resume: “En definitiva, la política monetaria de la Reserva Federal, la política económica de la administración actual, las necesidades de endeudamiento del gobierno y la demanda externa son factores clave que influyen en los tipos de interés de los bonos del Tesoro”.
Los bonos también pierden valor, y suben los tipos, cuando crece el optimismo sobre la economía. Los inversores calculan que, si se calienta la actividad económica, los precios de la cesta de la compra subirán más, por tanto, llegarán tensiones inflacionarias.
También baja el valor nominal de los bonos y sube su rentabilidad, cuando un país comienza a tener una deuda pública elevada y un déficit público descontrolado. Los inversores percibirán que aumentan las dudas sobre la capacidad de ese país para devolver sus deudas y comienzan a exigir más intereses por hacerse con los bonos.
“Una de las razones es que los inversores esperan que los tipos de interés suban en el futuro. Pero también se debe a que perciben los bonos a 10 años como más arriesgados”, explica Hanno Lustig, profesor de Finanzas en la Universidad de Stanford.
“Otra razón por la que los rendimientos de los bonos han aumentado es que la conocida como prima de seguridad está desapareciendo. La gente ya no confía tanto en la seguridad de los bonos del Tesoro de Estados Unidos como antes, y muchos inversores están cada vez más preocupados por la situación fiscal del país”, añade.
¿Por qué crece la desconfianza de los inversores?
Hay dos motivos fundamentales. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha embarcado en una guerra contra Irán que no tiene claro un final. El conflicto ha provocado cortes en el suministro mundial de petróleo, lo que ha desembocado en una nueva crisis energética. La subida de los precios del crudo dispara los de los combustibles y alimenta la espiral inflacionaria, que tanto temen los inversores.
El precio del petróleo ronda los 100 dólares. Y los carburantes en Estados Unidos acarician máximos históricos, con la gasolina tocando los 4,45 dólares el galón y el diésel en 6,52 dólares, cerca de su récord alcanzado la semana pasada.
Además, el pasado agosto, la deuda pública bruta estadounidense superó la barrera psicológica de los 40 billones de dólares, según datos del Departamento del Tesoro. La deuda bruta representa el 124% del PIB de Estados Unidos, el mayor nivel, al menos, la Segunda Guerra Mundial. Los analistas advierten sobre el rápido crecimiento del endeudamiento durante los últimos años debido a los elevados déficits de cerca del 6% del PIB.
La Administración Trump ha disparado el gasto por la guerra de Irán y los ingresos, por contra, se han desplomado por la devolución de los aranceles y las rebajas fiscales a empresas y grandes patrimonios incluidos en la Ley Grande y Hermosa (OBBBA, en sus siglas inglesas). Los analistas empiezan a albergar dudas sobre la salud de las cuentas públicas estadounidenses.
¿Cómo afecta el mercado de bonos a la economía real?
La rentabilidad de los bonos del Tesoro estadounidense sirve de referencia para prácticamente todos los demás préstamos de renta fija. Los tipos de interés de las hipotecas y los préstamos para automóviles a tipo fijo están vinculados a esa rentabilidad.
Los prestamistas toman como referencia la rentabilidad correspondiente de los bonos del Tesoro y le añaden un margen de riesgo, para cubrir la posibilidad de que una familia incumpla el pago de su hipoteca o préstamo para automóvil.
Así, cuando la rentabilidad de los bonos del Tesoro sube, los tipos de interés que pagan las familias por sus hipotecas, préstamos para automóviles y otras formas de crédito al consumo tienden a subir también, y cuando la rentabilidad baja, el crédito se abarata. Este es el mecanismo a través del cual el mercado de bonos llega a los pagos mensuales de la gente común.
¿Qué otras consecuencias tiene?
“El reciente aumento de los rendimientos es un problema grave con efectos significativos en la evolución económica. Incrementa el gasto en intereses, ejerciendo una presión adicional sobre el déficit y la deuda”, explica el economista portugués Vitor Constancio, exvicepresidente del BCE.
Como los gobiernos tienen que gastar más en intereses pueden destinar menos dinero a otras cosas. Y si no lo hacen, aumentarán el déficit comprometiendo aún más la salud de las cuentas públicas.
Además, un encarecimiento de las hipotecas tiene consecuencias. Las tasas más altas reducen la cantidad que los compradores pueden pedir prestada para un pago mensual determinado y desalientan a los propietarios actuales con hipotecas de tasas más bajas a mudarse, lo que afecta negativamente las ventas de viviendas, la construcción y el gasto relacionado., en definitiva, termina perjudicando a la economía.
¿Y para las empresas?
Las empresas suelen endeudarse con préstamos que se calculan a partir del rendimiento de los bonos del Tesoro más un diferencial que compensa a los inversores por el riesgo de impago y de liquidez. Cuando el rendimiento de los bonos del Tesoro sube, los costes de endeudamiento de las empresas también aumentan. Las compañías que emiten nuevos bonos, refinancian deuda o tienen préstamos a tipo variable se ven más afectadas.
Además, el aumento de los costes de financiación puede hacer menos atractivos los proyectos de inversión que requieren grandes recursos de capital, como los centros de datos, la infraestructura energética y la expansión industrial, lo que podría frenar la inversión futura y el crecimiento de los beneficios. Esto preocupa especialmente al sector tecnológico, que está emitiendo cantidades récord de deuda para financiar proyectos relacionados con la inteligencia artificial.
También tiene impacto en el mercado bursátil, aunque menor. El aumento de los bonos reduce el valor actual que los inversores asignan a las ganancias futuras, lo que representa un riesgo particular para las empresas tecnológicas de alto crecimiento. Sin embargo, si los rendimientos suben debido al fortalecimiento de la economía y la mejora de las ganancias, el daño a las acciones podría ser limitado.
¿Quién compra los bonos del Tesoro estadounidense?
Más de un tercio de la deuda soberana en circulación está en manos de inversores y bancos centrales extranjeros. En total, el Tesoro de Estados Unidos mantiene 9,32 billones de dólares (ocho billones de euros) en el mercado. Esta cifra revela cómo el capital internacional contribuye a financiar el crecimiento de la economía estadounidense, y también su déficit público.
El mayor acreedor extranjero de EE UU es Japón, que acumula bonos estadounidenses por 1,11 billón de dólares a junio de este año, una cuantía similar al del mismo mes del año anterior, según datos del Tesoro. Se trata de una tenencia de activos especialmente sensible para Washington en el momento actual, cuando la deuda japonesa también está elevando su rentabilidad y compite en rendimiento de cara a los inversores nipones.



