Política

España lidera una ofensiva policial contra la propaganda en internet de la ultraviolenta red ‘The Com’



Vídeos e imágenes de autolesiones, de suicidios consumados, de agresiones violentas, de abusos sexuales a menores, de crueldad con animales… España ha liderado un operativo policial en internet para localizar y retirar contenido extremadamente violento de The Com (abreviatura en inglés de La Comunidad), una red virtual transnacional y descentralizada con pocos años de existencia a la que se han adherido grupos marginales que propugnan perpetrar todo tipo de violencia para lograr el colapso de la sociedad. El dispositivo ―desarrollado entre finales de junio y principios de julio y en el que han participado las fuerzas de seguridad de otros ocho países de la UE y la Agencia de la Unión Europea para la Cooperación Policial (Europol)― ha permitido localizar 4.340 enlaces en los que se alojaba material ilícito de esta red y alertar a los proveedores de servicios para que los retiren. De ellos, el 65% (más de 2.800) fueron detectados por el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO, dependiente del Ministerio del Interior), la mayoría en la red social de vídeos cortos TikTok y en la aplicación de mensajería instantánea Telegram, según detallan fuentes del departamento de Fernando Grande-Marlaska.

Estas fuentes destacan que The Com ha experimentado en los dos últimos años “una marcada expansión hasta convertirse en una amenaza de alcance global”. De hecho, la peligrosidad de esta red ya fue recogida por Europol en su último informe sobre las tendencias del terrorismo en la UE, en el que se la describe como un conglomerado de grupúsculos que comparten como objetivo principal “desestabilizar las estructuras sociales” mediante ataques y la captación y corrupción de menores. “No hay una ideología única que domine este ámbito y los miembros suelen carecer de un objetivo coherente o claro”, añade el documento del organismo europeo, que destaca que a sus miembros les une principalmente “la atracción por la violencia sexual o de otro tipo, el nihilismo, la misantropía, el satanismo, la misoginia o elementos del terrorismo y el extremismo violento yihadista o de extrema derecha”. Interior también ha situado la amenaza que constituye esta red entre sus prioridades en línea con la Estrategia Nacional contra el Terrorismo. Entre los grupos supuestamente con vínculos con The Com, algunos expertos citan a Maniac Murder Cult, No Lives Matter, Colectivo Terrorgram y 764, integrados en su práctica totalidad por adolescentes y adultos jóvenes, en su mayoría varones.

Según detallan fuentes policiales, The Com y los grupúsculos que gravitan en torno a este nombre utilizan principalmente las redes sociales, las plataformas de videojuegos y las aplicaciones de mensajería instantánea como canal de acceso a menores y jóvenes, su principal caladero para reclutar miembros, pero también para encontrar víctimas. Para ello, utilizan contenidos aparentemente inofensivos, adaptados al lenguaje y a los códigos culturales de los jóvenes. Tras ese primer contacto, el siguiente paso es atraer a estos jóvenes y niños hacia grupos privados y chats “en los que se desarrollan procesos más intensos de captación, radicalización, manipulación y victimización”, añaden estas mismas fuentes.

“En estos espacios, las víctimas pueden ser inducidas o coaccionadas para producir material de abuso sexual infantil, autolesionarse, maltratar animales, acosar a otras personas o participar en acciones violentas. La sextorsión [chantaje sexual], las amenazas y la exposición de información o imágenes íntimas se utilizan para mantenerlas bajo el control de los agresores y obligarlas a continuar generando contenidos”, añaden las mismas fuentes.

Es, precisamente, la captación e instrumentalización de menores de edad “uno de los aspectos más preocupantes del fenómeno”, ya que estos pueden ser a la vez víctimas y autores de las conductas delictivas alentadas por The Com. “Los responsables se aprovechan de situaciones de vulnerabilidad, aislamiento o necesidad de pertenencia para establecer vínculos de confianza y ejercer posteriormente un control progresivo sobre ellos”, señalan desde el CITCO. Para que este proceso pase inadvertido a padres y otros adultos, estos grupos recurren a expresiones codificadas, símbolos y emojis cuyo significado suele pasar inadvertido para estos y que, además, sirven para identificar a miembros de la comunidad.

Las fuentes consultadas destacan que, dentro de este proceso de captación, los grupúsculos de The Com promueven los denominados blood walls (expresión en inglés que significa literalmente muros de sangre) y cutsigns (signos de corte), utilizados como prueba de pertenencia a un grupo o como requisito para acceder al mismo. Los blood walls son inscripciones o dibujos realizados con sangre en los que aparecen el alias del agresor o el nombre del grupo. Con el término cutsigns se conoce la obligación o inducción a las víctimas a grabarse en el cuerpo mediante cortes el apodo de la persona que les extorsiona. En ambos casos, todo debe ser registrado con fotografías o vídeos para su posterior difusión como acreditación por parte de los agresores del control que ejercen sobre sus víctimas y, así, incrementar su prestigio dentro de La Comunidad.

“Algunas facciones incorporan [a estas dos prácticas] además simbología satánica o elementos asociados al extremismo violento, bien como expresión ideológica, bien para incrementar el impacto, la intimidación y la capacidad de provocación de sus contenidos”, añaden las fuentes consultadas, que señalan que en ocasiones estos actos son retransmitidos en directo, mientras otros usuarios los observan, alientan o solicitan nuevas acciones. “Las grabaciones son posteriormente conservadas y redistribuidas para aumentar la notoriedad de los responsables”, destacan desde el CITCO. También se ha detectado la difusión de vídeos de agresiones callejeras, conocidas dentro de este entorno como manhunt (caza del hombre), y otros de incendios provocados.

El ecosistema de The Com incluye también la elaboración y difusión de manuales y guías con instrucciones sobre captación y manipulación de menores, como para extorsionar, asesinar, fabricar explosivos, perpetrar todo tipo de actos violentos o poner en práctica doxing y swatting. El doxing consiste en obtener y difundir datos personales de una víctima para extorsionarla, amenazarla o convertirla en objetivo de campañas de acoso. Esta información puede utilizarse posteriormente para realizar acciones de swatting, que consisten en comunicar falsamente a las fuerzas de seguridad una emergencia en el domicilio de la víctima para provocar una respuesta policial que ponga en peligro a la persona señalada o su familia. Los grupos de The Com utilizan ambas prácticas para intimidar y castigar a sus víctimas.



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