En sentido contrario y en zigzag: las carreras ilegales de coches, un fenómeno al alza en España
Al más puro estilo de las películas Fast & Furious, las carreras ilegales de coches y motos están irrumpiendo de manera exponencial en todo el territorio español. Miles de personas se concentran en puntos alejados de la circulación para hacer competiciones a toda velocidad. Eso sí, hasta llegar a esas zonas seleccionadas toman las carreteras y las autovías sin respetar ningún límite y haciendo apuestas para ver quién es el primero en alcanzar el punto elegido. Van parachoques con parachoques y no dudan en esquivar al resto de usuarios en cuestión de metros. La Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil ha desactivado 147 carreras de este tipo en el primer semestre del año y por todo el territorio nacional. La última operación importante la ha desarrollado el Grupo de Investigación de Accidentes de Tráfico (GIAT) de Madrid, que ha arrestado a 11 hombres de entre 18 y 25 años, a los que se les imputan los delitos de conducción temeraria, falsedad documental, simulación de delitos, desobediencia grave a agentes de la autoridad y pertenencia a organización criminal.
La forma de actuar de estos grupos es siempre la misma. Utilizan redes sociales como Instagram, WhatsApp y Telegram para hacer las carreras, conocidas como kedadas. Un llamativo anuncio da los detalles básicos del inicio de la velada. Los organizadores fijan un punto en el que se reúnen con carácter previo. Siempre se decantan por puntos con grandes aparcamientos y con salidas muy rápidas a grandes carreteras o a autovías. En Madrid, por ejemplo, utilizan los aparcamientos del estadio Metropolitano o de los centros comerciales Xanadú (Arroyomolinos, en la autovía de Extremadura) y La Gavia, cerca de la autovía de Valencia A-3, entre otros.
Al principio, solo quedaban para hacer competiciones, pero su actividad delictiva ha ido creciendo. Ahora utilizan el crowdfunding (micromecenazgo) de los asistentes para sufragar los gastos de organización, como bengalas, botes de humo, fuegos artificiales e incluso pistolas Taser, por si tienen que enfrentarse a la Policía y la Guardia Civil. La entrada a través de redes sociales es cada vez más complicada. Es necesario pasar un cuestionario y mandar fotografías con el vehículo de cada uno para ser aceptado.
“En las carreras utilizan pasamontañas y tapan las placas de matrícula para que no se les pueda identificar. Algunos tienen hasta dispositivos más sofisticados, como es el dar la vuelta a la matrícula de manera electrónica. Así evitan las multas y que sean identificados”, explica el teniente responsable del GIAT de Madrid, Martín Hervás. Este oficial ha dirigido desde principios del año pasado, junto con los ocho agentes del grupo, la operación contra las carreras en Madrid. “A partir de octubre o noviembre de 2025 notamos que otro grupo tomaba el mando de las carreras. Se hicieron más agresivos”, explica. En Borox (Toledo) atacaron a dos guardias que iban en un coche patrulla. Les rociaron con un extintor y los agentes tuvieron que salir marcha atrás a toda velocidad para no ser agredidos. “Cada vez acude más gente. En las últimas concentraciones hemos contabilizado a más de 500 personas”, destaca el teniente Hervás.
Las noches de los fines de semana y de los festivos son las elegidas para este tipo de carreras, aunque ahora en verano y con la llegada de las vacaciones se puede dar “cualquier día”, según reconoce el capitán jefe del GIAT Central, José Luis Sánchez.

Una vez que ya están todos los participantes en la localización elegida, los organizadores dicen el punto exacto en el que se desarrollarán las carreras. Puede estar en cualquier lugar de la geografía. En ocasiones se han ido desde Madrid hasta Navarra. De hecho, algunos participantes han bajado para competir desde la Comunidad Foral o desde el País Vasco. El traslado hasta ese destino fijado se hace a toda velocidad y muchas veces se aprovecha para realizar competiciones. De hecho, no es raro ver a estos vehículos a toda velocidad de madrugada en vías como la M-40, en Madrid, haciendo zigzag con el resto de los usuarios y a velocidades de vértigo. “Más de una ocasión lo hacen en el sentido contrario de la marcha, con el grave riesgo para el resto de los conductores. Es muy difícil pararlos en esas circunstancias”, explica el jefe del GIAT Central. Otras veces optan justo por lo contrario y son capaces de parar la circulación en una autovía, al circular a menos de 10 kilómetros por hora. “Hacen lo que les da la gana”, resume el teniente. Lo que muchos no saben es que dentro de esos espectadores hay agentes de paisanos del GIAT que graban y controlan todo lo que hacen.
Los vehículos utilizados van desde turismos baratos, como un Volkswagen Polo, hasta coches más caros, como los Golf, los Audi 3 o 5 y BMW de la serie 3. Uno de los más habituales es el Seat León, seguido del Ibiza. Eso sí, todos van preparados y con los motores trucados. “Les cambian los escapes, les incorporan el ácido nitroso para correr más y les bajan las suspensiones, entre otros cambios. Cuando tienen que pasar la ITV se lo quitan todo y luego lo vuelven a poner”, añade el teniente. También cambian las llantas, les ponen alerones y les añaden todo tipo de potenciadores de velocidad. “Son jóvenes que trabajan y que dedican todo el dinero que cobran a modificar el coche”, añade el capitán Sánchez. En el caso de las dos ruedas, van desde los ciclomotores trucados, que alcanzan velocidades excesivas para un chasis tan endeble, hasta motocicletas de gran cilindrada, que superan con facilidad los 200 kilómetros por hora.

Una vez que ya están en la línea de meta, los coches empiezan a acelerar y a quemar rueda, simulando la saga Fast & Furious. Dos vehículos se ponen rueda a rueda y se ilumina la zona con bengalas y con antorchas, además de encender botes de humo para aumentar los efectos especiales. Un organizador se pone en medio y da el banderazo de salida. La competición consiste en llegar el primero a un punto, en el que hay otro integrante del grupo para controlar quién gana. También es frecuente que hagan todo tipo de locuras con los automóviles, como derrapes con personas en medio de la calzada, sacar el cuerpo por la ventanilla o caballitos con las motos y parar la circulación. Esto último ocurrió hace unos días en la A-7, a la altura de Torrent (Valencia), donde fueron detenidos seis jóvenes. “El control de las redes sociales es muy importante, pero también la colaboración ciudadana. Cuando nos llama la gente y nos dice lo que está viendo, nos pone sobre aviso y podemos investigar todo lo que ocurre”, destacan los dos mandos. “Muchas veces apuestan dinero en metálico e incluso hasta el coche, pero, cuando se investigan sus cuentas bancarias, siempre las tienen a cero”, añade Hervás. Para evitar ser descubiertos por la Guardia Civil, ponen ojeadores en las proximidades que dan el agua ―avisan― en caso de que lleguen los agentes uniformados.
La Guardia Civil ha montado auténticas operaciones con decenas y decenas de agentes y hasta drones para acabar con estas carreras. En el caso de la operación de Madrid, los arrestos se produjeron en municipios de la zona sur de esta región (Fuenlabrada y Parla, entre otros), Córdoba, Navarra y Cuenca. Entre ellos están algunos famosos en el sector de las carreras ilegales, como El Ruso, El Rodri y El Casillas, con 24 y 25 años. Algunos de los arrestados tienen antecedentes por robos, desobediencia y atentado a agente de la autoridad. La operación se inició con 11 investigados y va ya por 16, según confirma el teniente Hervás. Este grupo se iba radicalizando con el paso del tiempo, en cada nueva kedada, le añadían un lema: “Francia 3” o “Francia 4”. Con esto simulaban los procedimientos y la violencia hacia la Guardia Civil. Copiaban todo lo que se está haciendo en el país vecino, donde no existe ningún respeto a los agentes de la autoridad. “Aprenden de otros países, donde la policía ni se acerca, como sucede en Marsella. Eso no va a ocurrir aquí”, sentencia el teniente Hervás. “Son peligrosísimos. No tienen miedo a la autoridad, porque no tienen conciencia de lo que hacen y se creen impunes”, añade el capitán Sánchez.
La Dirección General de Tráfico dispone del teléfono 018 para atender a víctimas de siniestros viales. Ofrece información, orientación y acompañamiento a las víctimas y a sus familiares. Es gratuito, accesible, con cobertura nacional y está atendido en más de 50 idiomas. Funciona entre las 8.00 y las 21.00 todos los días de la semana. También se puede contactar por WhatsApp en el número 645 713 823, en el correo victimastrafico@dgt.es o en la página de la DGT.
Una larga lista de delitos
La lista de los delitos a los que se enfrentan los participantes y organizadores en las carreras ilegales de coches es larga y se amplía conforme quieren evadirse de la acción de la justicia. El primer delito es el de organización criminal, que precisa de tres o más personas que hagan funciones diferenciadas dentro del grupo, con una permanencia en el tiempo y que queden con el fin explícito de cometer delitos, como ocurre en este caso. Las penas oscilan entre los tres y los ocho años de prisión. A ese se suman el de falsedad documental, ya que suelen tapar las matrículas o modificarlas con pegatinas o borrando algún número. También utilizan las placas de otros vehículos. La condena llega hasta los tres años de cárcel.
Dentro de los delitos contra la seguridad vial, destacan el de conducción temeraria y el hacerlo con manifiesto desprecio para las vidas de los demás, cuyas penas pueden alcanzar hasta los cinco años de cárcel. A veces se suma el conducir bajo los efectos del alcohol o de las drogas, que también acarrea hasta seis meses de prisión, al igual que los anteriores, la retirada del carné. El conducir sin este permiso, habitual en los menores que llevan motos y ciclomotores, tienen las mismas penas.
Otro delito que se imputa a uno de los detenidos es el de simulación de delito, ya que denunció el robo de su turismo con la intención de eludir la acción de los agentes de la Guardia Civil. Lo que no sabía es que le tenía perfectamente grabado. En este caso, se suele saldar con una multa al culpable.
La desobediencia grave y el atentado contra agente de la autoridad ―ambos van casi parejos y depende de si se ha agredido o no a un funcionario― puede suponer hasta tres años de prisión. En algún caso, se les ha imputado el delito de homicidio imprudente, cuya condena puede llegar hasta los cuatro años de prisión.
A todos estos delitos hay que sumarles todas las denuncias administrativas que llevan aparejadas estas carreras y que vulneran decenas de preceptos de la legislación vial. Entre ellas, las modificaciones de los vehículos.


