El obradorismo está muy suelto
El reciente encuentro entre un obradorista con casaca del Partido del Trabajo con la máxima figura de Movimiento Ciudadano es solo el último de los eventos que reflejan la falta de orden y disciplina dentro del movimiento fundado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador que pretende consolidarse en las intermedias de 2027.
Jaime Bonilla, exgobernador de Baja California y dirigente del PT en esa entidad, se reunió esta semana con Dante Delgado, el líder moral de MC, partido opositor que ostenta dos gubernaturas y que ha sido desdeñado varias veces por la presidenta Claudia Sheinbaum.
La reunión es una alerta más de que el tablero de controles de la dirigencia de Morena encabezada por Ariadna Montiel y Citlalli Hernández hace corto circuito. El proceso electoral del año entrante es crucial para el partido, que requiere no solo refrendar su cupo en las 17 gubernaturas en juego, sino repetir junto con sus socios —el PT y el Partido Verde— la mayoría constitucional en la Cámara baja.
Bonilla es un perfil complicado, capaz de una rebeldía como para haber intentado una ilegal prórroga en Baja California. Quien se dice amigo de López Obrador fue elegido gobernador en ese Estado en 2019 para solo dos años, pues en México algunos gobiernos se acortaron para hacer coincidir elecciones. Apenas llegó al puesto, Bonilla intentó que la Corte le ampliara su periodo.
El intento de Bonilla fue tomado muy mal en el país. Distintos críticos siempre alertaron de las supuestas intenciones del expresidente de perpetuarse en la presidencia. Que uno de los suyos demandara que le fuera extendido su periodo, fue visto como ensayo.
La fallida intentona no sepultó la carrera de Bonilla, que muy rápidamente devino férreo opositor de su sucesora y compañera obradorista Marina del Pilar Ávila, cuyo Gobierno termina el año entrante.
De cara al 2027, Bonilla ha incrementado su activismo antiMarina del Pilar Ávila. Como dirigente del PT, partido históricamente aliado a López Obrador, el también empresario tiene a su propia candidata rumbo a la gubernatura. Se trata de la exalcaldesa de Tijuana, Montserrat Caballero, que dejó el puesto enfrentada con la gobernadora. Si Morena buscaba candidato de unidad, Baja California ya se complicó.
Si solo fuera ese Estado el problema de la dirigencia morenista, la situación sería molesta mas no riesgosa. La realidad está muy lejos. La entidad de la frontera noroeste es solo un caso muy ruidoso entre otros procesos con más o menos aspavientos, pero similares enconos.
También en la línea fronteriza con Estados Unidos está la encendida pugna por Chihuahua, entidad en manos del partido Acción Nacional pero que el obradorismo siente al alcance de la mano luego de una regular gestión de la gobernadora Maru Campos.
Chihuahua, el Estado más grande y uno con tradición de lucha en las alternancias entre PRI y PAN, es un botín anhelado por varias corrientes del obradorismo. En el breve tiempo de la actual dirigencia de Morena, esta solo ha visto cómo se les enreda una plaza que, paradójicamente, Ariadna Montiel conoce bastante bien al punto de que su nombre se mencionó como posible candidata.
Un par de semanas atrás, el partido Verde (PVEM) se abrió de capa ahí al adoptar como candidato a Cruz Pérez Cuéllar, el popular alcalde de la mítica Ciudad Juárez. La movida fue una afrenta no solo para Montiel y Citlalli Hernández, encargadas de bordar cada candidatura a mano, así sea resolviendo cada caso con la mezcla precisa entre posición en las encuestas, género y capacidad de movilizar.
Pérez Cuéllar es el gran adversario de Andrea Chávez, la joven senadora que lleva años en proselitismo rumbo a la cita del 2027. Esa aspiración es tan incontestable por su visibilidad mediática, como riesgosa porque supondría premiar a una corriente del obradorismo que le ha jugado las contras a la presidenta Sheinbaum: el senador tabasqueño Adán Augusto López es considerado su impulsor.
La jugada del PVEM en suelo chihuahuense fue prontamente respondida por Chávez, que logró que el PT a nivel estatal le diera un espaldarazo. Así, Morena tiene a diestra y siniestra a sus aliados queriendo imponer respectivamente un candidato. El obradorismo, con real peso en la entidad, enfrenta chantajistas amagos de quienes ni juntos suman dos dígitos de la votación en Chihuahua. Vaya aliados.
Al sur del país hay otra entidad donde el juego se ha tornado enrevesado. Guerrero tiene desde 2021 a una gobernadora que llegó porque su padre fue impedido luego de una sanción del árbitro electoral por un tecnicismo de gastos de precampaña, misma que se dio en medio de cuestionamientos sobre la idoneidad de Félix Salgado Macedonio por denuncias de agresiones sexuales a mujeres.
Salgado Macedonio, desde 1988 una figura del grupo que del PRD migraría a Morena, ahora se ha visto impedido de ser candidato luego de que la presidenta Sheinbaum lograra que su partido asumiera desde ya políticas antinepotistas. Durante meses, el senador se resistió abiertamente a la limitación que le cercena la aspiración a suceder en el cargo a su hija Evelyn Salgado.
Al cambiar la dirigencia morenista, esta parecía encaminada a someter al padre de la gobernadora. Pero con Salgado Macedonio nunca se sabe. Su marrullería es tan clásica como su arraigo entre el electorado de su Estado, al que ha representado varias veces en el Congreso de la Unión y como alcalde de Acapulco, el municipio más importante. Podría no estar en la boleta, pero sí en el juego sucesorio.
Montiel y Hernández han tenido que encajar que realice su propia gira por Guerrero para establecer claramente que es el único que puede movilizar a la mayoría de obradoristas guerrerenses. La dirigencia morenista ya bendijo ese proselitismo salgadista, consciente de que a pesar de que las precandidatas en el Estado hacen sus propios esfuerzos, todo podría complicarse si Salgado se rebela.
Estos tres ejemplos de sendas primarias estatales del morenismo dan cuenta de lo complejo que será para el régimen tramitar unas candidaturas que parecen destinadas, en cada caso, a una victoria, si no segura, sí con amplias posibilidades en el papel.
Y es que Morena enfrenta internas que son bombas a desactivar. Hay elementos en común en esas primarias: parten de la ventaja que en prácticamente toda encuesta goza la marca Morena frente a una oposición que hoy no amenaza con apretar; por eso mismo, se alebrestan las ambiciones entre morenistas, y de sus socios; y unos y otros no ven en la dirigencia nacional una autoridad que les inhiba.
Citlalli Hernández renunció a la Secretaría de las Mujeres en abril y aunque la llegada de Ariadna Montiel fue en mayo, ambas están cumpliendo sus primeros 100 días como dirigentes. Arribaron a restañar las heridas que sus antecesores Luisa María Alcalde y Andrés Manuel López Beltrán habían provocado a sus socios PT y PVEM, diferendos que costaron a Sheinbaum incluso reformas legales.
La luna de miel de Hernández y Montiel ha concluido y no en los mejores términos. Traen incendios en muchos cerros: v.gr. el PVEM no se resigna a solo recibir San Luis Potosí, entidad que gobierna con un polémico perfil que desafía a Sheinbaum al impulsar a su esposa, y el PT reclama que se le dé por sentado, que no se atienda su fuerza en ciertos enclaves y sus aportes en general estos años.
Morena adelantó los procesos sucesorios a fin de administrar distintas ambiciones que amenazaban con salirse de madre. De poco le sirvió. En estas primeras elecciones sin el liderazgo —al menos en público— de López Obrador, la ruidosa disputa por las 17 gubernaturas es un preludio de lo que puede venir cuando se elijan abanderados obradoristas para las alcaldías y diputaciones locales y federales.
Los desplantes de Salgado con su propia gira en Guerrero, los destapes anticipados de petistas y verdes en Chihuahua, y la desafiante entrevista entre Bonilla y Dante Delgado, a cuyo partido la presidenta Sheinbaum ha igualado a PRI y PAN al llamarles genéricamente “McPRIAN” son muestra de lo suelto que está el movimiento.
Clanes familiares como los Monreal que pretenden enquistarse en Zacatecas, o desbocados apetitos como el del Verde por hacerse de Quintana Roo, para seguir con ejemplos, disputan la autoridad no solo de Hernández y Montiel, rebasadas como dirigentes, sino de la misma Claudia Sheinbaum, que no ha logrado transfigurar el mote de compañera al de líder indiscutible de Morena. Mientras eso no ocurra, el movimiento seguirá muy suelto.
