El expresidente peruano Alejandro Toledo pide un indulto de Keiko Fujimori: “No quiero morir en la cárcel”
Alejandro Toledo, el hombre que encabezó la oposición contra el régimen de Alberto Fujimori en Perú, denunció el fraude electoral del año 2000 y convirtió la Marcha de los Cuatro Suyos en el símbolo del derrumbe del fujimorismo, ha recurrido a la hija de quien fue su mayor contrincante político para recuperar su libertad. A sus 81 años, recluido en el penal de Barbadillo —la cárcel exclusiva para exgobernantes— por dos sentencias por corrupción, el expresidente ha pedido a Keiko Fujimori que acelere el trámite de la gracia presidencial que presentó por razones humanitarias. Dice padecer cáncer, una grave afección cardiaca y hemorragias. “Estoy gravemente enfermo. No quiero morir aquí en la cárcel”, le suplicó a la mandataria durante una entrevista televisiva.
El pedido de Toledo devuelve al primer plano una rivalidad que marcó la política peruana durante más de una década. Mientras Alberto Fujimori acumulaba poder desde Palacio de Gobierno junto a su asesor Vladimiro Montesinos, Toledo recorría Perú denunciando el deterioro de la democracia y convocando movilizaciones contra el régimen. En el año 2000 desafió a Fujimori en unas elecciones cuestionadas por las denuncias de fraude, rechazó los resultados y encabezó una movilización que reunió a miles de personas de distintas regiones del país. Pocos meses después, la difusión del primer vladivideo terminó por derrumbar un régimen que parecía inamovible.
Quedó al descubierto una red de corrupción que Vladimiro Montesinos había tejido desde el Servicio de Inteligencia Nacional. Alberto Fujimori renunció por fax desde Japón y el país abrió una transición democrática que, meses después, llevaría a Toledo a la Presidencia. Veintiséis años más tarde, la historia ha invertido los papeles: el hombre que llegó a Palacio tras la caída del fujimorismo depende ahora de la firma de su principal heredera para ser excarcelado.
Hace unos días, Ollanta Humala abandonó el penal de Barbadillo después de que el Tribunal Constitucional anulara el proceso que lo mantenía encarcelado por presunto lavado de activos. Su salida redujo a tres la lista de expresidentes que permanecen recluidos en Barbadillo, el penal reservado para exjefes de Estado: Alejandro Toledo, Martín Vizcarra y Pedro Castillo. En ese escenario, el exmandatario busca convencer a la nueva presidenta apelando más a la compasión que a los argumentos jurídicos. Durante la entrevista con el programa Sin Rodeos, además de pedirle que atendiera con rapidez su solicitud, saludó su triunfo en las urnas.
“Quiero felicitarla porque ha sido democráticamente elegida, y hay que respetar eso. Le deseo muchísima suerte, porque los retos del Perú son enormes. Espero que fortalezca la democracia, independientemente de nuestras diferencias”, dijo con tono conciliador. También recordó que envió un mensaje de condolencias a Keiko Fujimori cuando falleció su padre en el 2024 y apeló a ese gesto para insistir en su pedido: “Le pido a la señora Keiko Fujimori, que recibió un mensaje mío cuando murió su papá, que por favor acelere el proceso de mi pedido de gracia presidencial”.
Toledo ha contado que atraviesa uno de los momentos más difíciles desde que ingresó a Barbadillo en el 2023 tras ser extraditado desde los Estados Unidos. Su suegra, la belga Eva Fernenbug, murió hace unos días en Bruselas poco antes de cumplir cien años.
El exlíder del partido Perú Posible cumple dos condenas: una de 20 años y seis meses por haber recibido sobornos de la constructora Odebrecht a cambio de favorecerla con la adjudicación de los tramos 2 y 3 de la Carretera Interoceánica Sur y otra de 13 años y cuatro meses por el caso Ecoteva, una trama de lavado de activos en la que, según la justicia peruana, se utilizó la empresa costarricense Ecoteva Consulting Group para ocultar dinero ilícito mediante la compra de inmuebles y depósitos bancarios a nombre de su suegra.
Fernenbug, procesada también en ese expediente, murió en un asilo sin que su única hija, la exprimera dama Eliane Karp, pudiera acompañarla. Karp se encuentra en Israel desde abril de 2023, donde evita regresar al Perú por una orden de captura internacional que pesa en su contra por lavado de activos. “La quieren incinerar y nosotros no queremos. Yo quiero ir a visitarla, aunque sea en su tumba. Ese es el enorme drama que tenemos, no tenemos a nadie que la pueda enterrar, porque mi esposa Eliane es la única hija y ella injustamente, por lo que han hecho los señores Lava Jato, la están persiguiendo y han puesto una luz roja en Interpol”, ha señalado.
El intento de Toledo por tender un puente con Keiko Fujimori ha encontrado un obstáculo en las declaraciones de su propia esposa. Mientras el expresidente apelaba a la reconciliación y pedía un gesto humanitario, Eliane Karp reabrió la vieja fractura con el fujimorismo. Lo hizo al responder a la senadora Martha Chávez, quien rechazó un eventual indulto recordando que Toledo nunca respaldó una medida similar para Alberto Fujimori. “Hay una enorme diferencia entre lo que hizo Alberto Fujimori y las cosas de las cuales se acusa a mi esposo. Alberto Fujimori ha mandado a matar y torturar a miles de gentes. Mi esposo no ha matado a nadie, no ha mandado a torturar a nadie y no ha robado ni confiscado ninguna plata”, dijo.
Por otra parte, el ministro de Trabajo, Juan Sheput —quien ocupó el mismo cargo durante el Gobierno de Toledo— ha contado que Keiko Fujimori le pidió que visitara al expresidente en prisión. “Hay quienes dicen ‘Keiko es inhumana’. Eso es falso. Ella en una oportunidad me dijo: ‘Juan, nadie visita a don Alejandro. Es importante que vayas’. Y lo hice de inmediato”, sostuvo a Perú21. Sheput sostiene que a Toledo le corresponde cumplir su sentencia en casa. “Yo espero que en los próximos días también se materialice la posibilidad de que Alejandro Toledo pase a prisión domiciliaria. No libertad ni indulto, sino prisión domiciliaria, que es lo que le corresponde por su edad”, ha dicho. La decisión está en el despacho de la hija de Alberto Fujimori.


