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De la Espriella impone una nueva política exterior orientada a Estados Unidos e Israel en plena crisis por el terremoto

El terremoto en Colombia del pasado lunes detuvo casi toda la agenda del nuevo presidente, Abelardo de la Espriella. Casi, porque el único asunto que siguió de acuerdo a los planes fue el estreno de su nueva política exterior. Durante la semana, el Ejecutivo hizo varios anuncios de gran peso, que marcan un giro absoluto con respecto a la diplomacia instaurada antes por el izquierdista Gustavo Petro. Las decisiones oscilan desde reconocer la soberanía de Israel sobre un territorio en disputa con Siria hasta permitir que Estados Unidos realice operaciones militares en suelo colombiano. El drástico cambio de rumbo, que fue anunciado de manera abrupta, tiene profundas repercusiones estratégicas y pone en evidencia la ausencia de políticas de Estado sólidas en materia internacional.

Menos de 24 horas después del cambio de Gobierno, la Cancillería reconoció el pasado sábado la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, un territorio del norte de África en disputa desde los años setenta. La entidad se justificó en que la ONU no reconoce como Estado miembro a la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática y que el presidente quiere relanzar las relaciones con el reino marroquí, cuyo ministro de Exteriores estuvo presente en su investidura. “La decisión”, proclama un comunicado, “respeta, a cabalidad, el derecho internacional”.

Poco importó el consenso internacional o el respeto al derecho internacional unos días después, cuando la Cancillería anunció el reconocimiento de la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán sirios, un territorio ocupado desde la Guerra de los Seis Días de 1967 y anexionado ilegalmente desde los años ochenta. Solo Estados Unidos, por decisión de Donald Trump, lo había respaldado. Benjamín Netanyahu agradeció el gesto, mientras que una veintena de países árabes —entre ellos Egipto, Arabia Saudí, Qatar o Turquía— rechazaron la determinación del Gobierno colombiano y recalcaron que viola “resoluciones de la legitimidad internacional” emitidas por la ONU.

Sergio Guzmán, director de Colombia Risk Analysis, indica que estas decisiones son una muestra de “la falta de políticas de Estado longevas en materia diplomática que vayan más allá de la vida útil de un gobierno”. “Vemos con esto cómo avanzan los intereses de Marruecos, de Israel o de Estados Unidos, pero no es muy claro cuál es el interés para Colombia el generar roces con tantos socios, como los países árabes”, añade en un intercambio de mensajes.

En el centro de esta maniobra está la promesa del presidente de poner a Estados Unidos y a Israel como principales aliados de Colombia, que, en la práctica, se traduce en una alineación total con sus gobiernos. De la Espriella ha mostrado gran afinidad con Trump y Netanyahu, a quienes ya ha hecho varias promesas. Con Israel pactó retomar las relaciones diplomáticas —que rompió Petro por la masacre en Gaza—, reanudar la exportación de carbón y trasladar la embajada de Colombia a Jerusalén.

Mientras, Estados Unidos se ha convertido en el vocero extraoficial de Colombia. Pete Hegseth, secretario de Defensa estadounidense, anunció esta semana que fue autorizado por el Gobierno de De la Espriella a realizar operativos militares conjuntos en suelo colombiano para fortalecer su lucha contra el narcotráfico y los grupos armados. Además, dio a conocer que Colombia se uniría al Escudo de las Américas, una coalición de una veintena de países que comparten métodos para luchar contra las redes del narco en la región.

Antes de la posesión de De la Espriella, el designado por Trump como embajador en Bogotá aseguró que Colombia saldría de la Ruta de la Seda, pese al reciente pacto que había hecho Petro con Pekín de adherirse a esta iniciativa global de infraestructura. El Ministerio de Exteriores colombiano aún no se ha pronunciado sobre las declaraciones hechas por los miembros de la Administración Trump. El ministro de Defensa tampoco ha explicado en qué consistirá la alianza militar con Washington.

Prioridad al extranjero

La turbulenta semana en materia diplomática para Colombia es otro cambio en sí mismo. Al no contar con políticas internacionales muy claras, los gobiernos no tomaban cartas en el asunto hasta que fuera necesario. “Muchos presidentes dejaban pasar estos temas y no tomaban posiciones certeras. Por ejemplo, Juan Manuel Santos reconoció a Palestina en el último suspiro de su Gobierno, cuando pudo haberlo hecho al inicio de su mandato. Son políticas que antes no se priorizaban”, explica Manuel González, analista internacional.

El primero en darle prioridad a las relaciones internacionales fue Petro. No solo lo hizo marcando distancia con EE UU, sino también diversificando los socios, con especial atención en los países del llamado Sur Global. Su intención era la de convertir a Colombia en un país con más brillo internacional y cuya diplomacia lo hiciera buen mediador, como lo son en la región Brasil o México. Su inestabilidad entre cancilleres y sus decisiones impulsivas hechas a través de redes sociales impidieron que se consiguiera este objetivo.

De la Espriella ya había dicho en campaña que iba a revertir la estrategia diplomática de su predecesor. Y lo está demostrando en sus primeros días como presidente. Avisó de que cerraría las embajadas nacionales en 14 países, pese a que varias de ellas comenzaron a funcionar hace menos de un lustro. Ahora, suma varios cambios que hacen del país un socio poco confiable.

“Con el Golán, el mandatario rompe con el patrón histórico de una Colombia que presume ser respetuosa del derecho internacional. Ese es el problema de seguir todo lo que dice Estados Unidos: no solo perdemos autonomía, sino la reputación internacional”, apunta González, también catedrático en la Universidad Javeriana.

Un nuevo canciller al mando

Quien ejecuta estas medidas es el nuevo canciller, Omar Bula. Es un diplomático con dos décadas de carrera y que ocupó distintos cargos directivos en el Programa Mundial de Alimentos, de la ONU. Después se volvió en un activista conservador en redes sociales. En sus publicaciones se ha declarado crítico del sistema multilateral, ha dicho que “toda la escoria del planeta” está contra Trump y se considera “pro-Occidente”.

De acuerdo con González, esto lo hace un “agente peligroso”. “Une la experiencia de organismos multilaterales con una convicción ideológica muy clara: coloca la técnica en función de la ideología. Para Washington es una figura muy valiosa, que puede usar como caballo de Troya para impulsar su agenda”, añade.

A futuro, los expertos pronostican que la volatilidad del Gobierno de De la Espriella en el rubro diplomático se mantendrá siempre y cuando las decisiones sigan la línea dictada por Trump y la estrecha alianza que se espera construir con Israel. De lado quedan otros importantes socios, como China. “El gigante asiático es un socio indispensable y va a seguir ahí cuando se acabe el gobierno. Es imposible ignorarla”, precisa Guzmán. Lo que estos primeros anuncios demuestran, resume el analista, es que “obedecen a los caprichos de un presidente, pero no a los intereses del Estado”.


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