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Competir con una sensación de 40°C: el desafío climático de los Juegos Centroamericanos y del Caribe


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Cuando el partido terminó, el tenista dominicano Nick Hardt apenas podía mantenerse en pie. Tras tres horas y cincuenta minutos frente al argentino Nicolás Kicker, en el Parque del Este de Santo Domingo, los calambres empezaron en los cuádriceps y terminaron apoderándose del abdomen y la espalda. Al otro lado de la red, su rival vomitaba. Ninguno de los dos podía caminar. “Ya no podía coordinar bien las ideas”, recuerda Hardt, medallista de oro centroamericano y campeón del ATP Challenger.

Era el 10 de junio de 2021. Santo Domingo registraba unos 30 °C, una humedad cercana al 90 % y una sensación térmica próxima a los 40 °C, mientras una onda tropical mantenía la capital bajo alerta amarilla, según datos históricos del Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet). Cinco años después, Hardt volverá a competir en esas mismas canchas durante los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe, que reunirá a unos 6.000 atletas de 40 países en 56 disciplinas, entre el 24 de julio y el 8 de agosto. La cita coincide con el centenario del evento deportivo, inaugurado en la Ciudad de México en 1926. Además de su rivales, el deportista dominicano enfrentará un adversario compartido: un clima más cálido que el que recibió las ediciones celebradas en República Dominicana en 1974 y 1986.

La temperatura del aire sólo indica cuánto marca el termómetro. El verdadero desafío para el organismo es el estrés térmico, que incorpora también la humedad, la radiación solar y el viento: variables que determinan si el cuerpo consigue disipar el calor que genera durante el esfuerzo. El doctor Julien Périard, investigador de la Universidad de Canberra y uno de los principales especialistas en fisiología del ejercicio bajo calor, explica que el organismo depende de la evaporación del sudor para enfriarse. Cuando la humedad aumenta, ese mecanismo pierde eficacia. “El sudor sigue apareciendo, pero permanece sobre la piel en lugar de evaporarse. El cuerpo debe enviar más sangre hacia la superficie para intentar enfriarse y, al mismo tiempo, mantener el flujo que necesitan los músculos para seguir produciendo esfuerzo”, subraya.

Esa competencia por el flujo sanguíneo incrementa la frecuencia cardíaca, acelera la fatiga y reduce el rendimiento. Si el esfuerzo continúa, añade, pueden aparecer calambres, agotamiento por calor o, en el peor de los casos, un golpe de calor por esfuerzo.

Gloria Ceballos, directora del Infomet, sostiene que República Dominicana ya compite bajo condiciones distintas a las de hace apenas unas décadas. Y el cambio más importante no ocurre necesariamente bajo el sol del mediodía. Las llamadas noches cálidas, en las que la temperatura apenas desciende y el cuerpo recupera peor el esfuerzo acumulado, pasaron de unas 44 al año en la década de 1980 a más de 190 entre 2021 y 2025.

Para quienes competirán varias veces durante el torneo, esa pérdida de recuperación puede ser decisiva. “En las sedes costeras previstas para los Juegos, temperaturas cercanas a 32 °C combinadas con humedades del 60 al 80% pueden traducirse en sensaciones térmicas próximas a los 40 °C”, asegura.

Pero estos no son los únicos desafíos climáticos. Al calor húmedo se suman las intrusiones de polvo del Sahara, el inicio de la temporada ciclónica, la variabilidad asociada a El Niño y La Niña y las presiones propias de ciudades densamente urbanizadas. “El resultado exige monitoreo constante y capacidad de adaptación al instante, no protocolos diseñados para un solo peligro”, narra Karina Izquierdo, especialista en vulnerabilidad climática y asesora para América Latina y el Caribe del Centro del Clima de la Cruz Roja y la Media Luna Roja.

Un desafío que ya puso a prueba a otros Juegos

La experiencia reciente demuestra que el desafío no es nuevo. En Barranquilla 2018 y San Salvador 2023, el calor y la humedad obligaron a reforzar las estrategias de recuperación en varias disciplinas al aire libre. A escala global, el Mundial de Atletismo de Doha 2019 marcó un punto de inflexión: solo 40 de las 68 atletas terminaron el maratón femenino, una experiencia que influyó en la decisión del COI de trasladar el maratón y la marcha de Tokio a Sapporo.

Para Izidine Pinto, investigador del Instituto Meteorológico de los Países Bajos (KNMI) y miembro del World Weather Attribution (WWA), analiza los efectos del cambio climático en estas cifras. “El calor —y especialmente combinado con alta humedad— debe incorporarse desde las primeras etapas de planificación de cualquier gran evento deportivo, igual que hoy se consideran otros aspectos esenciales de seguridad”, puntualiza.

Aunque todavía no existe un estudio de atribución específico para el Caribe, Pinto asegura que la evidencia disponible permite afirmar que los atletas competirán sobre un clima de base más cálido que el de hace cuatro o cinco décadas.

El WBGT (Wet Bulb Globe Temperature) es el indicador internacional utilizado para estimar la carga térmica que soporta el organismo. A diferencia del índice de calor, debe medirse directamente en el terreno de juego. “Una estación meteorológica distante puede no representar las condiciones reales sobre una cancha de tenis, una pista sintética o una playa”, aclara Pinto.

Ese criterio coincide con las recomendaciones del consenso científico promovido por el COI. Sin embargo, la entidad olímpica tampoco fija un valor único de WBGT que obligue automáticamente a suspender una competición. La decisión depende “del tipo de prueba, las condiciones medidas en la sede y la capacidad de respuesta médica disponible”.

La apuesta de Santo Domingo 2026

Luis Mejía, presidente de Centro Caribe Sports —organismo responsable de los Juegos Centroamericanos y del Caribe—, explica que el WBGT será utilizado como referencia para evaluar las condiciones ambientales, aunque aclara que no existirá un umbral automático para suspender una competencia. “Cualquier decisión dependerá de la evaluación del Comité Organizador y del equipo médico”, enfatiza.

Entre las medidas previstas menciona ajustes de horarios, iluminación para trasladar pruebas a horas menos calurosas, hidratación, hielo y mejoras en la circulación del aire. La Villa Centroamericana y del Caribe, donde se alojarán unas 6.700 personas entre atletas y personal técnico, contará además con apartamentos climatizados.

Enfriar primero; trasladar después

Los estudios científicos advierten que disponer de agua, hielo y toallas frías no basta cuando el organismo deja de disipar eficazmente el calor. La hidratación es una parte de la respuesta, pero no sustituye la medición del riesgo ni la capacidad de actuar con rapidez cuando un atleta colapsa.

El doctor Douglas Casa, profesor en Universidad de Connecticut (UConn) y asesor en salud y estrés térmico para organismos como World Athletics y el COI, resume el protocolo internacional recomendado con una frase que ha transformado la respuesta médica en las grandes competiciones: “Cool first, transport second” (Enfriar primero; trasladar después).

Sus investigaciones muestran que la supervivencia depende de reducir la temperatura corporal durante los primeros minutos posteriores al colapso. También sostienen que la temperatura rectal es el único método preciso para confirmar un golpe de calor por esfuerzo, como recomiendan las guías del COI y World Athletics. El protocolo médico previsto para los Juegos Santo Domingo 2026, sin embargo, no contempla su uso.

Un rival que nadie podrá evitar

¿Obligará el calor extremo a replantear el calendario de los grandes eventos deportivos? Para el presidente de Centro Caribe Sports, el desafío no pasa por cambiar la fecha de los Juegos, cuyo calendario se fija con años de antelación, sino por aprender a competir con seguridad en un clima cada vez más cálido.

Dentro de unos días, Nick Hardt volverá a la misma cancha donde sufrió aquellos calambres que casi le impidieron terminar un partido. Como él, miles de atletas de la región buscarán una medalla durante los próximos días. Habrán entrenado para derrotar a sus rivales y batir sus propias marcas. Pero ninguno podrá evitar enfrentarse también a un adversario invisible: una combinación de calor y humedad más intensa que la que encontró República Dominicana cuando acogió estos Juegos por última vez.



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