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Didier Blanco, el influencer que llama “zurdos de mierda” a la oposición, será el jefe de escoltas en Colombia



El hombre que va a proteger las vidas más amenazadas de Colombia era, hasta hace poco, un intento de influencer. Didier Fabián Blanco Rodríguez, el recién designado director de la Unidad Nacional de Protección por el entrante presidente Abelardo de la Espriella, tuvo hace poco su cuarto de hora en TikTok. Como candidato a la Cámara de Representantes por el partido de ultraderecha Salvación Nacional para las legislativas de marzo, acumuló unos 79.000 seguidores en la red social insultando a la izquierda colombiana. Aunque sus videos vienen de antes, los reforzó en su fallido intento de llegar al Legislativo con mensajes que hablan de “zurdos de mierda”; dice que quiere “limpiarse el culo” con el presidente saliente Gustavo Petro o imita el acento afro de la vicepresidenta Francia Márquez.

Más atrás, destaca un video que ha vuelto a rondar en redes sociales en el que, en calzoncillos, se recuesta sobre una cama llena de fajos de dinero y presume su “primer pago” de TikTok. En otros más se reinventa como crítico gastronómico y recomienda una pizzería con la misma soltura con la que despacha a sus contradictores políticos. Pese a ese pasado, el presidente entrante ha elegido al psicólogo y abogado tolimense para liderar una de las entidades más sensibles del Estado: la que protege la vida de los líderes sociales, los periodistas, los políticos de todas las corrientes ideológicas y las personalidades que han sido amenazadas en un país conocido por su violencia.

Blanco, quien se quemó en marzo con menos de 5.000 votos, dirigirá la Unidad Nacional de Protección o UNP, la que decide, todos los días, quién recibe un chaleco antibalas, un carro blindado o un escolta, y quién se queda esperando. La entidad también tiene a cargo la protección de los excombatientes de las FARC que firmaron un Acuerdo de Paz en 2016, a quienes el director entrante ha equiparado con las disidencias.

Especialista en gerencia de talento humano y en derecho penal, desde el equipo de De la Espriella lo han presentado como “uno de los poligrafistas más importantes de Colombia”, aunque no hay entidad que certifique tal virtud. Sobre sus hombros estará la responsabilidad de proteger, entre muchas otras personas, a líderes de la izquierda como el senador Iván Cepeda, a quien el nuevo director llamó en campaña “san muela picha”, “paciente terminal”, “bandido” y “representante del cáncer”. Otro de los nombres que se repiten en sus ataques es Daniel Coronell, una de las figuras más representativas del periodismo colombiano, y a quien no baja de “payaso con renombre” o “prepago”, y de quien ha dicho también querer “limpiarse el culo”.

Su fijación con la prensa no terminó con la campaña, y ha alcanzado a Juanita León, la fundadora y directora del medio de comunicación La Silla Vacía. Hace apenas 15 días, Blanco subió un video en redes sociales atacando al medio digital especializado en política, señalándolo de “antisemita” y burlándose de la periodista y su familia. Además, hizo un llamado a sus seguidores a no creerle: “Que la gente no los tome en serio y que los medios no trasciendan”, dijo quien dirigirá la entidad que debe decidir sobre los periodistas que busquen protección del Estado. En marzo, cuando era candidato a la Cámara, escribió en X que ojalá el medio sacara una edición impresa “para poderme limpiar el culo con Cepeda, Petro, Coronell, Santos y el Centro Democrático” y con La Silla Vacía, que es digital.

Antes de que el nuevo Gobierno lo tomara en cuenta, el ibaguereño había forjado buena parte de su trayectoria en la política local, a la sombra del exalcalde de Ibagué Andrés Hurtado, investigado por enriquecimiento ilícito e interés indebido en la celebración de contratos. En medio de las denuncias, el exalcalde nombró a Blanco en la estatal Gestora Urbana de Ibagué y luego lo trasladó a la gerencia de la Unidad de Salud de Ibagué (USI), cargo que ocupó el penalista hasta que salió en medio de un escándalo por nóminas paralelas. Su paso por esa entidad es uno de los episodios más sensibles de su carrera profesional.

En 2022, el entonces concejal de Ibagué Rubén Darío Correa lo señaló, en pleno debate de control político por corrupción, y le recordó el video con los billetes: “el señor del video en calzoncillos blancos y los dólares en tiktok nos dejó la nómina de la USI en 671 personas”, dijo Correa, aludiendo a una planta de personal que, según las denuncias, infló con fines clientelistas. Sus críticos, en ese momento, señalaban que la entidad se había convertido en un fortín burocrático.

Este año, cuando De la Espriella comenzaba a crecer políticamente, Blanco logró el aval del partido Salvación Nacional, la colectividad que luego avaló al presidente electo. El futuro funcionario utilizó entonces su capital en redes sociales para lanzar una campaña llamada “te lo explico en 105 segundos”, en alusión a su número en el tarjetón. No fue suficiente para llegar al Congreso, pero ahora está a días de llegar al Ejecutivo.

De la Espriella ha hablado de acabar con la UNP, como parte de su ambicioso plan de recortar el Estado al mínimo y con el argumento de los años de escándalos de corrupción que arrastra desde su creación en 2011. Solo desde 2022, la UNP ha reportado el robo de al menos 157 camionetas blindadas y 225 armas de fuego. En 2024 se destapó una “guerra sucia” entre los dos grandes contratistas de vehículos blindados de la entidad con denuncias cruzadas por concierto para delinquir y falsedad documental. La Superintendencia de Industria y Comercio abrió una investigación por cartelización en 21 procesos de selección de blindados que movieron cerca de tres billones de pesos.

Blanco llega además, a una entidad que tiene un paro activo. Desde el 20 de julio, cientos de escoltas mantienen una protesta a las afueras de la sede nacional, denunciando falta de transparencia en la provisión de casi 7.000 cargos nuevos y la incertidumbre sobre miles de contratos que vencieron esta misma semana. El director saliente y amigo personal de Petro, Augusto Rodríguez, se negó a negociar, alegando que solo “ejecuta decretos”, y el presidente terminó pidiéndole a la Policía que despejara las instalaciones por la fuerza, algo poco frecuente en su administración de izquierda.

El nuevo director, intentando alejarse de las críticas, ha dicho que llegará a la entidad a proteger a todos por igual. “Mi única prioridad será proteger vidas, del político y del líder social con igual importancia y urgencia”, escribió en un comunicado tras su nombramiento. El problema es que en sus debatidos mensajes ha cuestionado ferozmente a periodistas, políticos y organizaciones de derechos humanos. El hombre que ha utilizado sus redes públicas para demonizar la izquierda colombiana debe ser ahora el máximo garante de la vida —de sus simpatizantes y de sus opositores— desde el Estado.



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