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Antes de la masacre de Atizapán: “Cuidado con Diego, está enfermo por dinero y hace lo que sea”

Era principios de julio y todo el mundo en México hablaba de fútbol. En los chats, en los bares, a los que les gustaba y a los que no. Por un motivo o por otro, las conversaciones orbitaban la Copa del Mundo, los posibles ganadores, los mejores equipos, los goleadores, y temas también más allá del fútbol, las protestas en una de sus sedes, Ciudad de México, por ejemplo. Se vivía una efervescencia ecléctica, una energía singular. Un día de esos, El Directivo mandó a un chat grupal un enlace a un estudio que predecía el ganador del mundial. “Diego empezó a reírse y le pregunté cuál era la gracia. Le dije, ‘a ver, esto son matemáticas, no astrología”. Aquello desembocó en una situación extrañísima, supuestas apuestas de por medio, a partir de las que Diego empezó a acosarlo y amenazarlo. “Me dijo que sabía dónde vivía”, cuenta El Directivo.

Diego no es otro que Diego Sebastián N, el presunto autor de la masacre de Atizapán. El martes 2 de septiembre, este sujeto asesinó supuestamente a Jonathan Honas Meléndez, teclista de la popular banda indie Camilo Séptimo, a su esposa embarazada, a su hija de tres años, a la joven que cuidaba a los niños. Solo se salvó el hijo mayor de la pareja, de seis años, escondido durante el ataque, rescatado horas más tarde por los primeros policías que llegaron al lugar. Perpetrada en la casa de las víctimas, en Atizapán, cerca de la capital, la matanza ha horrorizado a México por la saña del asesino. Este miércoles, Diego Sebastián N, detenido poco después del ataque, se enfrenta de nuevo al juez, que determinará si las pruebas que ha presentado la Fiscalía permiten procesarle.

La figura del acusado ha sido objeto de gran escrutinio en el país estos días. ¿Qué tipo de persona podía hacer una cosa así? ¿De dónde venía, qué hacía? La semana pasada, este diario confirmaba que la Fiscalía del Estado de México buscaba a Diego Sebastián N por un caso de fraude, acusación embarrada en los juzgados por sus artimañas legales. En redes sociales, presuntos clientes de uno de sus negocios, una arrendadora de casas de lujo, denunciaban abusos por su parte y por parte de su pareja, estafas, dineros pagados por estancias vacacionales que se esfumaban de la faz de la tierra. Esta semana, este diario recibió capturas de pantalla de un grupo de chat en el que participaba el acusado, al menos hasta mediados de julio. Ahí, también, los recuerdos son muy malos.

El Directivo era uno de los participantes de ese chat. Su nombre no aparece aquí por precaución. “El grupo es de gente principalmente mexicana que vivimos o han vivido en España”, explica en entrevista con EL PAÍS. “Es el típico grupo de WhatsApp que se forma entre mexicanos que están allí, donde acabas haciendo migas, conociendo gente y compartiendo un poco de todo”, añade. Diego Sebastián era parte del grupo, explica, “porque él y su esposa residen en España. De hecho, varios ya conocían a Diego personalmente”. Él, en cambio, solo lo conocía del chat. A principios de julio, mandó al grupo el enlace al estudio que predecía el futuro de la Copa Mundial, un modelo que había desarrollado un economista alemán, exitoso en los campeonatos anteriores.

Después de reírse y de la respuesta de El Directivo, Diego Sebastián le dijo que “cuánto dinero le meto al modelo”, en referencia a cuánto dinero se apostaría a que tenía razón. El Directivo, pensando que estaban bromeando, le contestó que lo que quisiera. Fue un toma y daca y al final el Directivo, presionado, en público, delante de los demás, dijo, ‘va, pues 10.000 euros’. El Directivo había corrido el modelo por sí mismo y había llegado a la conclusión de que España ganaría, a diferencia del economista alemán, que había señalado a Países Bajos. Pero todo eso aún no se sabía y él se olvidó. O lo intentó. Porque a cada resultado que no coincidía con el del estudio, Diego Sebastián le “escribía por privado para insultarme y decirme que fuese preparando el dinero”.

El Directivo le daba largas. Según cuenta, la apuesta no era sobre el resultado del economista alemán, sino sobre los resultados que había obtenido él, corriendo el modelo por sí mismo. Y en todo caso ni siquiera se lo había tomado en serio. Era una de esas cosas que se dicen en los chats grupales, juegos, bravuconadas sin mayor recorrido. Pero entonces perdió Países Bajos que, de acuerdo al resultado del modelo obtenido por el economista alemán, iba a ganar el mundial. “Ahí, él vuelve a escribirme para reclamarme el dinero y ya directamente empieza a amenazarme”, explica. Y fue a más. Le amenazaba en privado, en el grupo, le decía que “tuviera huevos”. Un día, incluso, le dijo que sabía dónde vivía.

La situación siguió un rato, una semana, según El Directivo. Luego, de un día para otro, salió del grupo. Era mediados de julio. Justo por entonces, en un grupo de Facebook en que ofrecían casas en renta en Acapulco y Cuernavaca, donde Diego Sebastián ofrecía casas de lujo, empezaron a denunciarle por estafa, a él y a su esposa. El Directivo no sabe por qué salió, pero dice que nadie secundaba sus exigencias de dinero. “Entonces pasó otra cosa. Una persona del grupo me escribe por privado y me dice: ‘Cuidado con Diego, ese está enfermo por dinero y hace lo que sea por el dinero’. Eso sí me dejó pensando”, narra.

La historia no tendría demasiada importancia si no fuera por lo que pasó después, la masacre que presuntamente perpetró, hace una semana, mes y medio más tarde de aquello. En la primera audiencia ante el juez tras su detención, el fin de semana, los fiscales presentaron hasta 60 pruebas para que el juez lo procese. Entre ellos, mencionaron el famoso asunto de la cartera fría, la billetera con moneda virtual que una de las víctimas, Honas Meléndez, el músico, habría tenido en su casa. Ese era, supuestamente, el objeto de deseo de Diego Sebastián, que al parecer le reclamaba a Honas un préstamo impagado. El juez valorará ese y otros asuntos este miércoles, en la audiencia.


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