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José Manuel Restrepo pone a prueba los ‘superpoderes’ que recibe como vicepresidente


El vicepresidente de Colombia, José Manuel Restrepo, será el encargado de representar la próxima semana al país en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, y de llevarle al mundo el primer mensaje del Gobierno de Abelardo de la Espriella. En algún sentido, será su bautizo de fuego. En medio de la campaña que lo llevó al poder, el ahora presidente prometió que no viajará fuera del país durante su cuatrienio y explicó que su segundo a bordo sería una “especie de Marco Rubio”, en referencia a la función del secretario de Estado en Estados Unidos. A Restrepo, dijo entonces, le encomendaría tanto la economía como la política exterior, sería el encargado de la agenda internacional, de entenderse con otros gobiernos, inversionistas y organismos internacionales. Son labores que apenas comienzan a aterrizar.

Restrepo, un economista bogotano que ha sido ministro de Hacienda y de Comercio, además de decano de varias universidades, suavizó la imagen del ultraderechista, un abogado penalista sin ninguna experiencia previa en el sector público. Ya en el poder, el vicepresidente encarna la faceta más tecnócrata del Gobierno, en contraste con otros sectores más religiosos –incluso fanáticos– que priorizan la llamada batalla cultural y cuestionan derechos ya conquistados. Pero su verdadera influencia y poder, desde un cargo de elección popular que en Colombia carece de funciones definidas más allá de reemplazar al presidente en caso de ausencia absoluta, todavía es una moneda al aire.

Más allá de las promesas de campaña, los encargos de Restrepo no estaban claros hasta la semana pasada, cuando De la Espriella, a través del decreto 1373 del 9 de septiembre, le encomendó tres tareas principales: coordinar la política económica, la “inserción estratégica de Colombia en el contexto internacional” y la transformación del Estado. Para esa misión económica tiene que alinearse con los ministerios de Hacienda, de Comercio y de Minas, además de Ecopetrol, la mayor empresa de Colombia y una de mayoría estatal. Para la diplomática, con la Cancillería, en la que De la Espriella prioriza un interés comercial. Y su tercera labor se traduce en la “simplificación institucional” de un Estado que en campaña prometieron reducir.

Al escenificar el anuncio en un video de redes sociales, en el que ambos derrochan camaradería, el Gobierno asegura con grandilocuencia que, por instrucción del presidente, Restrepo “asumirá la agenda estratégica más amplia encomendada a una Vicepresidencia en la historia del país”.

“A este hombre hay que aprovecharlo al máximo porque sabe mucho, tiene mucha experiencia y tiene una gran visión del país”, le elogia De la Espriella, decreto en mano. “Estoy convencido, como me lo dijo usted alguna vez, que no hay patria milagro sin economía milagro”, le corresponde Restrepo en alusión al lema de Gobierno, con la ambiciosa meta de crecer al 6%. “Y la economía milagro se construye modernizando el Estado, simplificándolo”, añade, con la aprobación del mandatario. “Creo que es la primera vez en la historia de Colombia que hay tanta articulación entre un presidente y un vicepresidente, porque estamos remando hacia el mismo lado”, insiste De la Espriella.

Para perseguir ese salto económico, Restrepo citó este mismo martes a los ministros de Interior, Rodrigo Lara; Hacienda, Miguel Gómez; Ambiente, Fabio Arjona; Agricultura, Indalecio Dangond; y Vivienda, Jaime Andrés Beltrán. Según sus explicaciones, son las carteras “con mayor potencial para impulsar el crecimiento”. Pero más allá de los buenos augurios, todavía está por verse si De la Espriella está dispuesto a ceder protagonismo en un Gobierno que se ha caracterizado por centralizar todas las comunicaciones en torno a su figura y concederle margen real de acción al vicepresidente, un cargo surgido de la Constitución de 1991 y cuyos antecedentes no son demasiado prometedores.

En el periodo del izquierdista Gustavo Petro (2022-2026), el antecesor de De la Espriella, Francia Márquez acabó relegada, después de haber comenzado como cabeza del flamante Ministerio de la Igualdad, ya desmantelado. En el del conservador Iván Duque (2018-2022), Marta Lucía Ramírez terminó el Gobierno como canciller, pero ni siquiera entonces tuvo gran protagonismo. La única excepción fue Germán Vargas Lleras, el vicepresidente del segundo periodo de Juan Manuel Santos (2014-2018), quien tenía peso político y partido propio, y llegó a un acuerdo con el presidente desde antes de la campaña, para apoyarlo a cambio de liderara un ambicioso programa de infraestructuras y construcción de vivienda, con injerencia directa en los ministerios de Vivienda y Transporte. “Es el vicepresidente con más poder que hemos tenido. Los otros han sido para ganar votos, pero después los desconocen y no les ponen atención”, refrenda el periodista e historiador Óscar Alarcón, autor de Los segundos de a bordo (Intermedio), sobre la historia de esa figura en Colombia. “Restrepo le ha dado categoría a la Vicepresidencia”, apunta.

“La historia en general de la Vicepresidencia ha sido más bien tenue”, coincide Humberto de la Calle, con la experiencia de haber sido el primero elegido para el cargo, como fórmula de Ernesto Samper (1994-1998), y el primero en renunciar a él, ante el escándalo por la financiación ilegal de la campaña. “Lo que hace el vicepresidente cuando lo escogen en plena campaña es reforzar ciertos mensajes, ciertos símbolos (…) ni es tan determinante en la elección como tampoco en el Gobierno, pues siempre se genera, más allá de las personas, una cierta tensión entre la Presidencia y la Vicepresidencia en Colombia. Esto no es nuevo”, apunta De la Calle, que acaba de publicar La democracia fatigada (Debate), un análisis sobre las últimas elecciones. Anticipa que la tarea del actual vicepresidente puede ser más fértil en política exterior que en el área económica. “Restrepo sí envió un mensaje atenuando ciertas expresiones muy duras de De la Espriella; es difícil hacer predicciones, pero dudo que vaya a ser finalmente tan determinante en el Gobierno. Entre otras, porque son los ministros los que tienen la capacidad de ordenar gasto. El vicepresidente puede ser un invitado muy importante, pero solo es un invitado”.


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