Mitos y verdades sobre la brecha sísmica de Guerrero, la amenaza permanente del próximo gran terremoto en México
México se levanta sobre una de las regiones sísmicas más activas del mundo: la zona de subducción mexicana, un área de poco más de 1.000 kilómetros que bordea la costa del Pacífico donde nacen los temblores más potentes que sacuden al país. En medio de la intensa actividad sísmica de la región resalta una franja que, desde hace décadas, desconcierta a los científicos por la ausencia de grandes terremotos en su interior: la brecha de Guerrero, uno de los grandes misterios de la sismología en México.
“La brecha de Guerrero es una región donde en teoría esperamos sismos grandes, pero por alguna razón no han ocurrido”, explica a este diario Raymundo Plata, investigador del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica de la UNAM. “En la brecha no ha habido un terremoto de magnitud 7,5 o mayor desde hace unos 115 años, una ventana de tiempo donde ya hubiéramos esperado uno”, asegura. La identificación precisa de esta región tuvo lugar a inicios de la década de los ochenta, cuando los incipientes estudios en sismología comenzaron a mapear las áreas de ruptura dentro de la zona de subducción mexicana con el objetivo de determinar el epicentro de los grandes sismos que han sacudido el país. El resultado arroja un mapa repleto de rupturas a lo largo de la costa del Pacífico, desde el norte de Jalisco hasta Chiapas, con excepción del segmento de un centenar de kilómetros entre Papanoa y Acapulco que comprende a la brecha.
Desde entonces, esta anomalía en el mapa sísmico de México ha alimentado dos teorías: mientras la primera sugiere que la ausencia de actividad en la brecha se debe a que la energía acumulada entre las placas tectónicas se disipa lentamente en sismos imperceptibles evitando una gran ruptura, la segunda apunta a que el prolongado silencio sísmico de la región a lo largo de más de un siglo terminará por liberar la energía acumulada con un poderoso terremoto de magnitud superior a 8. “Fue esta segunda teoría que indica que se liberará tanta energía que va a romper en un megaterremoto la que popularizó a la brecha de Guerrero; fue por eso que se empezó a tomar con mayor atención, los investigadores empezaron a indagar más y se ha tratado de entender que da paso a esta anomalía”, asegura Plata.
Tras la devastación provocada por el terremoto del 19 de septiembre de 1985 con epicentro en Michoacán que transformó la cultura de la protección civil, se endurecieron los reglamentos de construcción y se generó una conciencia renovada sobre el poder destructivo de los sismos, lo que hizo que la brecha de Guerrero ganara atención científica y mediática. Documentales, reportajes y artículos en la prensa que calificaban a esta región como el epicentro inequívoco del próximo gran terremoto en México afianzaron esta hipótesis en la opinión pública, un tópico inevitable que regresa cada vez que el suelo se sacude. No obstante, la evidencia más reciente, producto de una colaboración científica entre México y Japón que arrancó en 2017 con el fin de instalar instrumentos de fondo oceánico en las costas mexicanas, arroja nueva evidencia que apunta a que la energía acumulada en la brecha se disipa a través de los sismos lentos, un tipo de temblores descubiertos hace dos décadas que pueden prolongarse por meses y que resultan imperceptibles incluso para los sismómetros más sofisticados.
“Resulta que en Guerrero existen los sismos lentos, una nueva categoría de sismos que antes no sabíamos que existían. La diferencia es que rompen muy despacio, tanto que pasaban desapercibidos por los instrumentos. Encontramos que los sismos lentos son muy comunes y con magnitudes bastante grandes en esa región, y de cierta forma actúan disipando esa energía acumulada”, afirma Plata. A inicios de este siglo, los primeros sismos lentos detectados en la brecha a través de mediciones milimétricas de la deformación del terreno con dispositivos GPS ampliaron la comprensión del largo silencio sísmico de la brecha, y marcaron el inicio el estudio de la relación entre sismos comunes y lentos.
“Los datos nos dicen que nos estamos acercando un poco más a la primera teoría, en donde hay una zona que se desliza fácilmente y esto evita la acumulación rápida de energía; aunque esto no quiere decir que no habrá un gran sismo, que va a ocurrir, pero es menos propenso que se desate justamente en la brecha sísmica de Guerrero que en otra regiones adyacentes”, afirma.
La compleja interacción entre sismos lentos y sismos de gran magnitud es una de las cuestiones más álgidas de la sismología a nivel mundial. El experto ejemplifica dos terremotos, en México y Japón, en donde la evidencia sugiere que un sismo silencioso funcionó como precursor para un sismo de mayor magnitud; sin embargo, es necesario investigar más a fondo los mecanismos que conectan ambos fenómenos para mejorar nuestra comprensión sobre ellos y su papel en la zona de subducción mexicana. “Los sismos lentos nos dan un poco más de información de lo que está pasando en la brecha, una pieza más en este rompecabezas que tratamos de entender. Sabemos que los dos fenómenos coexisten en mismas regiones y en mismos tiempos, y que, en algunas ocasiones, un sismo lento puede disparar el terremoto y en otras ocasiones puede ser el terremoto disparando a los sismos lentos”, concluye el sismólogo.
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