Política

Vox se impone al PP en la manifestación de “ultimátum” al Gobierno, con la mitad de participación que la del pasado mayo

Miles de personas han participado este sábado en una manifestación en Madrid convocada como un “ultimátum al Gobierno” por la plataforma Sociedad Civil Española y apoyada por PP y Vox. En la cabecera de la protesta, que ha iniciado el recorrido en la plaza de Cibeles y ha concluido en el llamado Arco de la Victoria, compartían pancarta Marcos de Quinto, exdiputado de Ciudadanos, y Alejo Vidal-Quadras, ex presidente de los populares en Cataluña y uno de los fundadores del partido de Santiago Abascal, quien se dio un baño de selfis en la marcha mientras le gritaban “¡presidente, presidente!”. El PP no envió a su líder, sino a su secretario general, Miguel Tellado, y esa ausencia no pasó inadvertida entre el público, que a cada poco coreaba: “Feijóo, ¿dónde estás que no te veo?“.

“El PP”, explicó Tellado al inicio de la marcha, “apoya esta manifestación para exigir al Gobierno elecciones inmediatas. España está desprotegida. Ceuta ha sido víctima de una invasión y el Gobierno de España no está actuando. Tenemos a unos señores utilizando el palacio de La Moncloa como refugio para defenderse de las causas judiciales”. El número dos de los populares aseguró que “un clan de narcotraficantes tiene más honorabilidad que el Gobierno de España”. Preguntado por si el PP respalda (como demanda Vox y figuraba en el manifiesto de la convocatoria), que Pedro Sánchez sea “juzgado por traición” en aplicación del artículo 102 de la Constitución, Tellado se limitó a decir que “un sentir generalizado” opina que el Ejecutivo, “pese a que sabía lo que iba a pasar [en Ceuta] no actuó”. “En estos momentos hay unas diligencias abiertas en la Audiencia Nacional y nosotros confiamos en la justicia”. “Hay que echar al Gobierno igual que hay que echar a los invasores”, concluyó.

Abascal, por su parte, acusó al Ejecutivo de “secuestrar” a los menores de Ceuta en lugar de enviarlos inmediatamente de vuelta con sus padres, pese a que la ley vigente impide hacerlo sin unas garantías que los protejan, y cargó contra el PP por rechazar tanto su propuesta de “un gobierno conjunto” en la ciudad autónoma, como la de que Sánchez sea juzgado “por traición”. Vox rompió en 2024 los Gobiernos de coalición autonómicos con el PP precisamente por el reparto entre autonomías de menores extranjeros no acompañados, que el partido de Feijóo acató, de acuerdo a la ley. Sin embargo, posteriormente, cuando los populares necesitaron sus votos para seguir ocupando la presidencia de esos ejecutivos regionales firmaron con el partido de extrema derecha acuerdos donde se especifica: “No más menas”, que es como se refieren despectivamente a los niños inmigrantes. Hace apenas tres meses tanto los diputados del PP como los de Vox aplaudieron durante siete minutos el discurso en el Congreso del Papa, quien criticó a quienes discriminan a otros “por su origen nacional” y pidió que las fronteras dejen de ser “lugares de abandono” y puedan convertirse en “espacios de protección responsable de la dignidad humana”.

El PP no quería quedarse fuera de la foto y que Vox capitalizase el descontento en la calle, pero fue la formación que preside Abascal la que se llevó la imagen, ya que muchas de las pancartas que enarbolaban los manifestantes incluían el logo del partido de extrema derecha, que las repartía al inicio del recorrido. Los populares han ido endureciendo su discurso en general y sobre la inmigración en particular ante el auge de Vox que muestran las encuestas. Esa competición entre la derecha y su escisión ultra ha provocado una escalada verbal que bien pudo apreciarse este sábado. En la manifestación en la que tanto dirigentes del PP como de su competidor querían dejarse ver ya no se pedía solo que el presidente convoque elecciones, sino que vaya a prisión.

La Delegación del Gobierno cifró en 20.000 el número de asistentes, lo que supone la mitad que en la anterior protesta convocada por Sociedad Civil Española, el pasado mayo, cuando elevaron ese cálculo a 40.000. De hecho, durante el recorrido, algunos de los manifestantes, que habían participado en la anterior, se quejaban de que la de este sábado estuviera teniendo menos público. “Es que no ha habido publicidad y la gente no se ha enterado”, lamentaba Carmen, de 66 años. Otros echaban la culpa de la menor afluencia a “los medios del régimen”. Preguntado al respecto, Vidal-Quadras aseguró que había que “esperar a ver las fotografías aéreas”, pero aseguró que “centenares de miles de personas” se habían manifestado contra un Gobierno “que está en manos de los enemigos de la nación”. Marcos de Quinto insistió en que en la protesta habían participado “centenares de miles de personas”. Preguntado por si creía que entre ellos había gente en paro o que recibía el ingreso mínimo vital, colectivos a los que recientemente, en un tuit, pidió que se retirara el derecho de voto, contestó: “Muy probablemente, porque aquí ha venido gente de todo tipo”.

Al término de la protesta, no se ha procedido a la habitual lectura de un manifiesto y más de un centenar de personas ha pretendido continuar la marcha hasta el palacio de La Moncloa “para echar al okupa”, en alusión al presidente del Gobierno. Cuando una barrera de policías se lo ha impedido, los manifestantes se han enfrentado verbalmente a los agentes, a los que llamaban “vendidos” y a los que animaban a “unirse al pueblo y detener a Sánchez”. En este grupo abundaban las camisetas de Revuelta, la organización juvenil vinculada a Vox. Finalmente, la policía ha disuelto a los últimos concentrados y ha reabierto la vía al tráfico.

Aunque con menos participación que la del pasado mayo, la manifestación evidencia el descontento de una parte de la población con el Gobierno de Sánchez y el intento de las fuerzas de la oposición por intentar capitalizarlo en un ambiente de precampaña electoral. Muchas pancartas aludían a la crisis en Ceuta provocada por la entrada a finales del pasado julio de 80.000 inmigrantes, pero entre los cánticos y los lemas predominaban los insultos al presidente y a los miembros de su gabinete, en especial, al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. El himno oficioso de la protesta fue “Pedro Sánchez, hijo de puta”, que algunos padres, acompañados por sus hijos, cambiaban por “Sánchez hijo de fruta”, en alusión a la excusa que dio Isabel Díaz Ayuso cuando las cámaras la captaron en el Congreso insultando presidente. Junto a mensajes xenófobos, que vinculaban inmigración a delincuencia y advertían de un supuesto plan de reemplazo de “la España blanca y cristiana” por otra “musulmana” —una de las ideas de las que Vox y la extrema derecha europea hace bandera—, se coreaban otros que tachaban al Ejecutivo de “mafia” y a Sánchez de “traidor”.

La plataforma convocante, Sociedad Civil Española, se presenta como “plural e independiente”, pero su “decálogo” coincide, en buena medida, con el programa del PP, especialmente, el de Vox. Así, propone derogar la ley trans, la de memoria democrática y la de amnistía, recientemente avalada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, y la entidad sostiene, como el expresidente popular José María Aznar, que el Gobierno avanza en un “proceso de liquidación de la nación española y quiebre del orden constitucional”. Según esta plataforma, España se rompe “desde 2004″, año del primer Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, y lo peor que pueden hacer los ciudadanos es confiar en el sistema, incluida Europa.

Un puesto en el recorrido de la marcha vendía bufandas con el rostro de Franco y calcetines con la bandera preconstitucional. En la manifestación se exhibieron pancartas “en defensa del Valle de los Caídos”, es decir, en contra de que el mausoleo ideado por el dictador para inmortalizar su victoria se convierta en un centro de interpretación que sirva para explicar la Guerra Civil y la dictadura a las nuevas generaciones.


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