Un fallo de la IA que usaba para estafar delata a un ciberdelincuente
Su gran aliada, la inteligencia artificial (IA), terminó siendo el talón de Aquiles que lo delató. Agentes de la Unidad Central de Ciberdelincuencia (UCC) de la Policía Nacional han detenido en Molina de Segura (Murcia, 78.500 habitantes) a un hombre de 35 años acusado de intentar burlar los sistemas de seguridad digital de una empresa de expedición de certificados electrónicos mediante el uso de un complejo sistema en el que la IA jugaba un papel clave al permitirle ocultar durante las videoconferencias de verificación su rostro real con una máscara digital que reproducía la cara de sus víctimas, según ha informado este martes el Ministerio del Interior. Sin embargo, un error de un solo segundo en la conexión con la aplicación de la que se valía para utilizar esta tecnología hizo desaparecer esa máscara y reveló su verdadera fisonomía, lo que permitió a los investigadores identificarlo y detenerlo días después.
La policía acusa al arrestado de realizar 38 intentos de suplantación sobre más de 30 identidades de ciudadanos reales para obtener firmas digitales que le permitieran perpetrar ciberestafas, como abrir a través de internet cuentas bancarias a nombre de otras personas para pedir préstamos o contratar líneas de telefonía móvil. “Empezó con unos intentos muy burdos en los que incluso aparecía la marca de agua de la tecnología que usaba, pero al final logró perfeccionar mucho el sistema y engañar al sistema automatizado”, señalan fuentes cercanas a las pesquisas, que reconocen que es la primera vez que se detecta en España este método. El detenido incluso ideó un sistema casero de focos con bombillas de colores estratégicamente situados para que, cuando el sistema de verificación le pedía que balanceara el DNI falso ante la cámara web, este recreara los hologramas de seguridad que llevan los documentos verdaderos. Al final, solo la revisión posterior de los técnicos de la empresa destapó el sofisticado fraude.
El ahora detenido no era un desconocido para las fuerzas de seguridad. En su historial delictivo aparecen estafas clásicas, como el alquiler de coches que luego vendía en otros países, pero también digitales, principalmente el denominado carding, uso ilegal de datos de tarjetas de crédito o débito de otras personas para realizar compras en internet y luego revender esos productos. En esta ocasión, sin embargo, había ido un paso más allá y utilizaba una versión gratuita de una IA de origen ruso. “En internet hay tutoriales de todo tipo, también para crear deepfakes [vídeos hiperrealistas], pero en este caso no descartamos que alguien le enseñara a crear imágenes falsas con las que engañar a los sistemas automatizados de verificación de las empresas que generan firmas digitales”, añaden fuentes policiales.
En esas imágenes, él aparecía con el rostro oculto tras una máscara digital que mostraba la cara de la persona que aparecía en la fotografía alterada digitalmente que figuraba en el DNI falso que estaba mostrando durante la videoconferencia de seguridad. La IA le permitía que esta imagen falsa fuera cambiando y moviéndose a la vez que él seguía las instrucciones de verificación. Un sistema aparentemente perfecto que sufrió una falla al sufrir una breve desconexión de la aplicación de IA que utilizaba cuando intentaba cometer una de las estafas. “Fue tan solo un segundo, lo suficiente para que en dos fotogramas apareciera su rostro real y nuestros compañeros de Policía Científica hicieran un estudio de su fisonomía y pudiéramos identificarlo plenamente”, detallan estas mismas fuentes.
Para entonces, el presunto ciberdelincuente ya estaba en la lista de sospechosos por otros errores que había cometido, como utilizar en las primeras ocasiones que intentó la compleja estafa una dirección IP (código numérico único que identifica un dispositivo o servidor en red) vinculada a él. No obstante, según iba sofisticando el sistema, también adoptó medidas de seguridad, como el uso de tecnología VPN (siglas en inglés de Red Privada Virtual), lo que le permitía cifrar su conexión a internet y ocultar precisamente la IP que utilizaba; o el denominado SIM swapping, que le permitía usar múltiples tarjetas de telefonía que no podían ser relacionadas con él y que además utilizaba durante periodos de tiempo muy cortos para evitar que se pudieran rastrear. De hecho, las pesquisas han permitido identificar más de 320 líneas telefónicas, asociadas a 24 dispositivos móviles distintos, de las cuales la gran mayoría habían sido contratadas con identidades suplantadas en la provincia de Murcia.
Una vez identificado, el pasado junio agentes del Grupo de Ciberataques de la UCC procedieron a detener al presunto ciberdelincuente en su domicilio de Molina de Segura, acusado de cometer un delito continuado de falsedad documental en documento oficial. Durante el registro, los policías intervinieron múltiples teléfonos móviles, dispositivos de almacenamiento y el ordenador portátil que utilizaba y que estaba encriptado con un programa sofisticado que ha impedido que hasta ahora los investigadores hayan podido acceder a su contenido para conocer el alcance del fraude. También se le encontraron todos los útiles necesarios ―focos, sistemas de ventilación y maceteros― para poner en marcha supuestamente una plantación de marihuana en su propio domicilio.
Según el último balance de criminalidad del Ministerio del Interior, los diferentes delitos que se agrupan bajo el concepto de cibercriminalidad crecen año a año. Así, en 2025 fueron 489.248 infracciones penales, un 5,3% más que el periodo anterior. El más común de estos delitos es, precisamente, las estafas informáticas, que fueron 430.493, lo que representa el 88% de toda la cibercriminalidad y el 17,4% de toda la delincuencia. En este informe, Interior compara esta cifra con la de estafas informáticas que se registraron en 2016, cuando fueron únicamente 70.178: “Eso implica que, en los últimos 10 años, las estafas informáticas conocidas en el año 2025 crecieron un 513,4% sobre las registradas en 2016″.

