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Tan fácil es decir “te quiero” como imposible decir “ya no te quiero”


Creo que fue Milena Busquets, ahora no encuentro la frase, la que dijo que hay pocas cosas más violentas que decirle a alguien que ya no le quieres; no, al menos, del mismo modo, con el mismo deseo y el mismo amor que antes. Vi este verano Almas en pena en Inisherin, una película implacable sobre las relaciones humanas en la que un hombre, que vive en una isla mínima, deja de hablar de la noche a la mañana a su mejor amigo. Cuando este amigo, desconcertado, le pide explicaciones, el otro le dice: “Ya no me caes bien”. Violento, cuanto menos. ¿Pero no es más violento, como ocurre en tantas amistades y tantas parejas, prolongar artificialmente esa relación, mentir compulsivamente, destruir la confianza del otro, hacerle creer una realidad que no existe para forzar que sea él el que diga “ya no te quiero”? ¿No son las rupturas más dolorosas, esas en las que se quiso tanto en el pasado, una carrera cruel de los dos para convencer al otro de que sea el que diga “ya no te quiero”? No hay nada que nos vuelva más cobardes que el desamor: para no hacer daño a quien tanto amamos durante tanto tiempo, queremos ahorrarle el sufrimiento de decirle que no lo queremos, y al hacerlo le infligimos un sufrimiento mayor.

Sí, esta es la sección de Deportes y sí, esta columna, desde el primer párrafo, habla de Cristiano Ronaldo.

Cristiano Ronaldo juega desde hace años en una liga poco competitiva, a mucha distancia de las cuatro grandes ligas europeas, pero entiende imprescindible su presencia en el once titular de Portugal, selección que compite de tú a tú contra las mejores del mundo. Cristiano Ronaldo no está por la labor de irse de ninguna parte, no se sabe hasta cuándo, y alguien tiene que decirle que el fútbol lo amará siempre, pero ya no del mismo modo que antes. Serán simplemente amigos. ¿Pero quién se lo dice? ¿Quién le dice al que se considera mejor jugador de la historia —y por ahí anda— que ya está, que se acabó? Jorge Jesus, seleccionador portugués, no fue capaz. O no quiso. O simplemente vio en él un recurso de últimos diez minutos para rematar en el área un partido con el marcador en el contra. El caso es que lo convocó para la Nations League. Y en el primer partido no le sacó un minuto. El novio llevó a la novia a comer a casa de sus padres, como todos los domingos, pero en la mesa esta vez no le dio bola.

Lo que ha hecho Jorge Jesus es decirle a Cristiano: di tú que ya no nos quieres, que yo no me atrevo. Es decir: un despropósito. Si vas a meterle diez minutos y sospechas cómo se va a poner, tienes una conversación con él mirándole a los ojos, y le explicas algo que Cristiano definitivamente aún no sabe: que tiene 41 años, que por una cuestión biológica no puede defender ni presionar, mermando al equipo, y que su radio de acción determinante ya sólo es el área, y el campo es largo y la vida difícil, el precio de la vivienda imposible, se va a liar una gorda y es mejor que vuelvas a Portugal a proteger tu imperio inmobiliario porque Madrid no está tan lejos y ahí están diciendo no sé qué de “eat the rich”. Y Cristiano lo toma o lo deja, pero ya sabe la opinión de su seleccionador. Que es lo que hay que hacer, por otro lado, en el vestuario y en todas partes.


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