Nacional

Tamales y tomates


El minúsculo cerebelo de Donald J. Trump ha declarado que su país podría interrumpir el comercio con México con una más de sus delirantes justificaciones en su necio afán por elevar su ínfimo coeficiente infantil nada intelectual y su irrefrenable deseo genético por clonarse con Adolf Hitler. Según el diminuto cacahuate que habita su cráneo, el comercio con México sólo se reduce a “tomates y tamales picantes” y asumo el deber ciudadano de envolverme en la bandera tricolor, acariciar al águila y enroscarme a la serpiente como collar de fina joyería para intentar responder directamente a la peluca rubia, piel naranja, abultado pañal y desmedida estupidez del susodicho mandatario con la siguiente lista de exportaciones mexicanas ya indispensables para el mercado norteamericano:

​Te faltan aguacates (vocablo náhuatl que significa testículos), lechuga desinfectada, carne limpia (no de Millei), tuna cardona, axiote, ajolotes (para Sea World), sarapes de Saltillo (complemento ideal para banderas LGBT), chorizo en cajas (que lo traen de fuera habitantes de Toluca), toneladas de plátano (cada uno con setecientas calorías) y se nota a leguas que te gusta el chile pa’silla. Te quedarás sin frijol bayo negro (verdadero armamento de destrucción masiva), camote en barras de Puebla, queso Badón de camote, camote Sientes, longaniza de Metepec y Cacahuamilpa, piña-cacahuate-zapote prieto-jitomate-epazote y otros milagros enlistados por Diego Rivera en uno de los murales de Palacio Nacional.

​Añado que quiénsabeporqué la Coca-Cola mexicana es mejor que la gringa, que los tacos de suadero, pastor, nana, buche, nenepil y ojo podrían aliviar tu falso matrimonio con Melania y que falta averiguar de veras que aquí los chicharrones truenan y más aún si se bañan con Valentina. Te falta Miguelito en polvo y jícama con limón y piquín, por no aventarte a la carachiles en nogada, mole poblano, coloradito, negro, verde y rojo, así como pozoles tricolores. Te vas a quedar sin chongos zamoranos, jericallas de Guadalajara y charamuscas de Guanajuato; crearás un masivo síndrome de abstinencia ante la escasez de tequilas, mezcales, pulques y aguas de jamaica, horchata, tamarindo, etc., así como paletas de pétalo de rosas, guanábana y limón abajeño.

​Llorarás por tus pinches tacos de tortilla tostada tiesa y pre-doblada, así como por las tortillas de a deveras (de maíz y de harina), las cebollitas asadas con salsa Maggi, la propensión posclásica por la Michelada y los discos de Armando Manzanero. Vas a ladrar por escuchar la versión mariachi.M.C.A. y no pocas baladas de Juanga, por no mencionar las grandes obras de artistas, arquitectos, escultores, escritores, poetas, novelistas, ensayistas y cuentistas (que en realidad no sabes de qué te hablo)que podrían inundar las librerías de tu país con ediciones revolucionarias del Fondo de Cultura Económica, impresas en papel higiénico y encuadernaciones engrapadas (para minimizar costos y maximizar ganancias) y echarás de menos algunas mexicanadas y mexicanismos heterodoxos y conflictivos como por ejemplo: no pocas formas de la mexicanísima corrupción política y económica, las variedades narco-inventivas del lavado de dinero, los beneficios polifacéticos de la mordida, la etimología poliédrica y empírica del huachicol y las ganas de llorar para celebrar lo que sea.

​Síguele jugando a la Gestapo con tu ICE (Fascismo on the rocks) y te quedarás sin jardineros que podan arbustos como garzas, la dulce ciencia de secar un auto recién lavado con una jerga mojada y samaritanos capaces de entenderse con perros callejeros, afanadoras incansables, sirvientas monárquicas de inmensa dignidad y la película entera de Coco. Te faltará atole (mexicanísimo brebaje que también sirve para gobernar con el dedo) y pajaritos que te dan la suerte con su piquito, marimbas maravillosamente chiapanecas y voladores de Papantla capaces de limpiar ventanas de Manhattan sin cuerdas… ¿de veras quieres cortar el flujo del fentanilo, el comercio de la coca, los mercados de la mariguana?

​En fin, ya sin miel de maple y maderas canadienses (y no pocos bienes que vienen de Vancouver, Ottawa y Ontario) vas cavando el ya infinito pozo de tu pútrido olvido, mas deseo que mi listita sirva de anhelo: ojalá te llegue el día en que regodeándote en tu aislamiento, ufano contra nuestras exportaciones, caigas en la dolorosa cuenta de que a miles de mexicanos ni nos importas.


Source link