Sheinbaum marca al Gobierno la obligación de la honradez ante las amenazas de división y ruptura en Morena
La presidenta, Claudia Sheinbaum, ha aprovechado la gran tribuna de su segundo informe para hacer un llamado a su Gobierno y a los representantes de la Cuarta Transformación —como se ha bautizado el movimiento político de Morena— a actuar con honradez, mesura y austeridad, en un momento en que los señalamientos de corrupción y las guerras internas han llevado al oficialismo a la autofagia. Sheinbaum ha recordado a los morenistas una de las mayores enseñanzas del fundador del movimiento, el expresidente Andrés Manuel López Obrador: “No olvidemos nunca que la autoridad política y moral se escribe todos los días; eso no se adquiere ni con todo el dinero del planeta, por ello insistimos en que solo con honestidad se dan verdaderamente resultados, vamos mejor y tenemos rumbo, porque ese rumbo lo marca el pueblo, que es nuestro camino y es nuestro destino”, ha afirmado la mandataria.
Sheinbaum ha destacado los resultados de su gestión al inicio de su tercer año de mandato, en un discurso en Palacio Nacional en el que ha destacado el manejo de la economía de su Gobierno, que ha permitido mantener a raya la inflación y sostener la financiación de los programas sociales que benefician a millones de mexicanos pobres. Ante gobernadores, secretarios de su Gabinete y líderes parlamentarios, Sheinbaum ha afirmado que México se encamina por una etapa de “prosperidad compartida” con un Estado fuerte que juega un papel central en la reducción de las desigualdades, y en el que el presupuesto público se ejerce con honradez y austeridad. La mandataria ha destacado que el país ha avanzado en este sentido “con independencia, libertad y mucha dignidad”.
Sheinbaum ha señalado que, en los sexenios anteriores a los de Morena (que se autodenomina la Cuarta Transformación), el gobierno estaba alejado de la gente, distancia que se reflejaba en el gasto excesivo que se destinaba a las “excentricidades y lujos” de los funcionarios. “Se gobernaba para unos pocos. Eso terminó con la llegada de la Cuarta Transformación, lo digo claro, debe continuar de esa manera”, ha dicho la mandataria, en un velado llamado con fondo político en la antesala de las elecciones intermedias de 2027, donde Morena, el partido oficialista, se juega su mayoría en la Cámara de Diputados y el control en varias gubernaturas y congresos estatales.
Sheinbaum llega al inicio de su tercer año de mandato con una renovada fortaleza de su liderazgo interno tras haber tomado, de una vez por todas, el control de la crisis de Sinaloa, barriendo al exgobernador Rubén Rocha y a sus incómodos allegados. Este movimiento también es una señal de fortaleza y autoridad hacia el exterior, léase hacia Estados Unidos, que ha utilizado el caso de Rocha —al que acusa de vínculos con el narco— para atizar su narrativa de que en México no hay más gobierno que el del los carteles y que una intervención extranjera es necesaria. Sheinbaum busca mantener un discurso de defensa de la soberanía nacional cuidando que no se interprete como un encubrimiento de su Gobierno a los cuadros manchados del oficialismo.
El tercer año de Sheinbaum afronta pendientes estructurales de larga data, como la corrupción política y la inseguridad, en los que su Administración ha alcanzado resultados desiguales. Los duros golpes a los carteles de la droga, reflejados en la detención de capos y la constante incautación de armas y drogas, contrastan con la falta de una política real de cero tolerancia a los funcionarios que colaboran con las organizaciones criminales. Hasta ahora, los operativos contra los narcopolíticos se han dirigido sobre todo a estructuras más bien municipales. La corrupción ya ha golpeado la imagen de Morena, y ha obligado a Sheinbaum a intervenir en la selección de los candidatos que presentará Morena a las elecciones de 2027.
El crecimiento de la economía es otro punto de interés de la presidenta, que intenta salvar una contradicción fundamental: financiar con presupuesto público los abultados programas de ayudas sociales sin acudir a una reforma fiscal dirigida a gravar las grandes fortunas del país. Sheinbaum, que en asunto punto emula a su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, ha mantenido una dura línea de austeridad en ciertas áreas del Gobierno, desde la eliminación de gastos innecesarios a los recortes presupuestales, para financiar con esos “ahorros” las políticas sociales.
Sheinbaum ha defendido en su informe la figura de un Estado interventor en la economía. “La economía debe estar al servicio de la gente y eso solo puede lograrse con honestidad. No podemos esperar que los beneficios del crecimiento lleguen por sí solos a las familias. El Estado tiene una responsabilidad rectora, planear e impulsar el desarrollo, garantizar los derechos sociales, fortalecer una distribución justa de la riqueza [.] al mismo tiempo que se garantiza una economía de mercado”, ha afirmado.
La mandataria ha añadido que en su Gobierno se ejerce la disciplina fiscal, con una robusta recaudación y una inversión responsable. Ha destacado que, pese a las adversidades de la economía internacional, especialmente por las amenazas arancelarias de Trump y el aumento de precios relacionado con el conflicto entre EE UU e Irán, en México “la economía permanece estable y avanzando”, y ha ejemplificado con la estabilidad del peso, la inflación contenida y el aumento de la inversión extranjera directa.
Sheinbaum ha destacado el incremento del salario mínimo y ha asegurado que “los trabajadores viven una primavera laboral”. También ha resaltado la creación de plazas del Gobierno en las áreas de seguridad, salud y educación, y la robustez de los beneficios sociales, como las pensiones y las becas para estudiantes. “La riqueza de México debe traducirse en bienestar para su pueblo”, ha dicho. “Es una nueva manera de entender el Estado, no como espectador de las desigualdades sino como instrumento de justicia. Y quizá ahí se encuentra una de las mayores transformaciones de nuestro tiempo”.



