Sesenta y Cuatro
Llego a la edad que en una canción de The Beatles parecía una broma inalcanzable. McCartney tenía cuajada la música desde que tenía 16 años en 1956, pero los guiños de la letra ya casados con melodía se convirtieron en canción en 1967, lanzada en el álbum Sgt. Pepper’s Lonely HeartsClub Band. Paul -quizá como homenaje a su padre- soñó “When I’m Sixty Four” como cantinela de vodevil y al margen del rock y su roll: una canción de Dance Hall que cantamos rodeando al piano donde la vejez es una serena utopía de paseos en domingo, tejidos de estambre al filo de una chimenea y esa duda como anhelo de que me sigas saludando, tolerante y a mí lado. Pido a mis hijos que se me unan en el trío de clarinetes con el que menciono las postales que ya nadie envía y en la casi imposible escapada a la Isla de White (donde nació Joy Laville) para pasar en silencio todos los días de un verano sin calor leyendo a Ibargüengoitia.



