Política

Sánchez y Feijóo entran en modo electoral



Pedro Sánchez estaba noqueado hace un año. El presidente llegó “hundido” al mes de agosto, recuerda uno de sus principales apoyos orgánicos e institucionales. Los escándalos de corrupción de José Luis Ábalos y Santos Cerdán y las acusaciones de acoso sexual a Francisco Salazar estuvieron a punto de tumbar al Gobierno: “Todos estábamos abatidos, el ambiente en La Moncloa era depresivo. Pesimismo puro. No teníamos nada claro cuánto iba a durar la legislatura. Ahora ya nadie duda de que lo hará hasta 2027″, asiente un miembro del Ejecutivo. Sánchez llegó a reconocer en el Congreso que se había planteado dimitir. No era la primera vez. En los cinco días de reflexión que se tomó a finales de abril de 2024 por el inicio de la causa judicial contra su esposa ya estuvo a punto de tirar la toalla.

Un año después, el ambiente con el que los socialistas acaban el curso político no tiene nada que ver, pese a que la tormenta no ha amainado. “No hay ni comparación, estamos mejor sin ninguna duda, y eso que mayo y junio también han sido muy duros. Aun así tenemos a tiro el 30% [de intención de voto] y en las campañas siempre nos crecemos”, confía un alto mando de Ferraz. El PSOE ha recuperado la esperanza pese a la condena de 24 años a Ábalos, los nueve meses de inhabilitación a David Sánchez, el sufrimiento por el caso Zapatero y el juicio a Begoña Gómez que aguarda en el horizonte. “Feijóo se equivoca al dar por hecho que va a gobernar. Nosotros venimos de una enfermedad grave y estamos en planta, recuperándonos. El presidente es el primero que cree en la victoria. Está muy motivado, en parte por el cabreo ante la persecución a su familia. Tiene unas ganas tremendas de tirar el penalti decisivo porque está convencido de que no lo va a fallar”, afirma el mismo interlocutor citado al comienzo.

Sánchez irradia una seguridad que sorprende hasta a su círculo más íntimo. Se le vio relajado en el homenaje que el partido le dedicó el jueves a Manuel Escudero, presidente de la Fundación Avanza, fallecido en marzo. “No sé de dónde saca la energía”, se sorprendía un peso pesado de la dirección del PSOE. “Hasta bromea”, interviene un ministro.

“Veremos a ver qué pasa en otoño, pero ahora mismo estamos mejor y el PP está aterrorizado. Feijóo ha entrado en pánico porque ve que, con todo, no tiene nada claro que las elecciones las vaya a sacar adelante. Ni él ni mucha gente que le rodea, en quienes ha despertado un montón de dudas”, opina otro integrante del Consejo de Ministros, “convencido” de que revalidar el Gobierno es posible.

Lejos de hacerle perder el ánimo, el rosario judicial se percibe en el PSOE cada vez más como un activo. “El PP comete el error de disparar a todo lo que se mueve. Mezcla cosas que son deleznables con cosas que no lo son. Al juez Peinado a este paso le vamos a terminar levantando un monumento”, dice con sorna una persona clave en la maquinaria del PSOE. Muchos dirigentes consultados casi dan por sentado que el partido será imputado por financiación ilegal, por más que la formación defienda la limpieza de sus cuentas. “Si imputan al presidente, mayoría absoluta”, se lanza un presidente autonómico. “España es muy de mártires”, comparte otro ministro.

El PSOE también cree que puede repetirse una reacción del electorado progresista contrario a un gobierno del PP con Vox. En 2023 la España periférica ya acudió al rescate de Sánchez. “Vamos a sacar un resultado muy parecido que entonces, a atraer mucho voto útil de gente nacionalista y de centroderecha moderada para la que la ultraderecha en La Moncloa es un anatema”, augura un dirigente vasco. Lo mismo piensan en el PSC: “En Cataluña el bloque de la investidura le sacamos una ventaja de 40 diputados a 8 a la suma de PP y Vox. Y en Euskadi fue de 16-2″. Un recuento con sus matices al incluir a los siete escaños de Junts.

El optimismo es menos espumeante cuanto menos moqueta se pisa. “Lo que pasa es que nos hemos curtido. Cuando tienes callo te afecta menos… Somos como las carmelitas descalzas”, ironiza un dirigente madrileño. “Tenemos más alto el umbral del dolor”, tercia un veterano. “Zapatero, sobre todo con el tema de las joyas, nos está haciendo mucho daño. Y no es algo que vaya a desaparecer de un día para otro”, previene un monclovita. “Y si llega el momento de soltar amarras, habrá que hacerlo, o podemos seguir con este acto de fe”.

“Aquí hay un problema gordo, y es que todo se analiza pensando en clave de elecciones generales. ¿Y qué pasa con las municipales y autonómicas? Nos hemos llevado una buena hostia estos últimos meses, sobre todo en Extremadura y Andalucía. Como sean antes de las generales, nos van a barrer y solo va a quedar Abel [Caballero, alcalde de Vigo]“, alerta un candidato en una de las ciudades más pobladas de España. ”Espero que el presidente practique el patriotismo de partido si no saca los Presupuestos y convoque a primeros de año”, tercia el alcalde de una de las 11 capitales de provincia socialistas.

El Gobierno cerró el curso parlamentario con la aprobación de tres leyes y dos decretos que dejan un total de 74 iniciativas legislativas publicadas en el BOE en lo que va de legislatura, pero con un nuevo rechazo a la senda de estabilidad, el armazón de las cuentas públicas. Un presagio funesto para unos Presupuestos —los vigentes están prorrogados desde 2023— que, salgan adelante o no, le servirán al Gobierno como programa electoral. “Serán expansivos, casi una carta a los Reyes Magos”, anticipan en La Moncloa.

Alberto Núñez Feijóo acabó el último pleno del Congreso perplejo. Los gestos y aspavientos del líder del PP reflejaban su sorpresa porque el PSOE aplaudió en pie a Pedro Sánchez después de que el voto en contra de populares, Vox y Junts tumbase la senda de estabilidad. Era una de las tantas veces que durante los últimos meses las tres formaciones han repetido su confluencia para hacer decaer alguna iniciativa del Gobierno, la más significativa hace un mes pidiendo la dimisión del jefe del Ejecutivo. Y Feijóo quiere más.

Tras multiplicar sus apariciones públicas este curso político, Feijóo partió el fin de semana a su Galicia natal, donde permanecerá buena parte de agosto —salvando el viaje de este lunes a Perú para la toma de posesión de Keiko Fujimori— sin dejar sus apariciones en los medios. El jefe de la oposición quiere seguir azuzando polémicas espinosas. Y, a la vuelta de las vacaciones, repetir mayorías con el partido de Santiago Abascal —tras institucionalizarle ya como socio prioritario —, y con el partido de Carles Puigdemont —tras pedir “pasar página” del procés—. Se ve ya dentro de La Moncloa para hacer una “limpieza total”. Aunque ya se veía con un pie —o dos— en 2023.

Este miércoles, en el tercer aniversario de las elecciones del 23-J, Feijóo comenzó la “cuenta atrás” con el partido enchufado hacia las siguientes elecciones. El líder de la oposición da a entende que la legislatura está finiquitada y que él será el octavo presidente de la democracia. Una vez en el cargo, pretende impulsar una “reconstrucción nacional” con medidas centradas la “limpieza institucional” y la promesa de la bajada de impuestos, del endurecimiento de la política migratoria o la construcción de un millón de viviendas.

En su gabinete no albergan dudas de que, con las encuestas en la mano, ganarán los comicios y podrán gobernar sumando con Vox. “Con entre 5 y 8 puntos por encima del PSOE, con cuatro victorias electorales en cuatro procesos, con cuatro gobiernos más para cuatro años, con el PSOE demolido, con la izquierda como ideología en su suelo histórico”, resumen fuentes de su gabinete. “Con el PP fuerte, con la derecha en máximos, y listos para conseguir los cuatro escaños que faltaron hace tres años. El PP está en la calle y el PSOE, en los juzgados”, añaden.

Pero hay quienes piensan que no hay que vender la piel del oso antes de cazarla. “Todavía hay que jugar el partido”, aprecia un miembro de la dirección. Eso sí, la sensación generalizada es de júbilo. Aunque los números se mantienen similares pese al panorama devastador que plantean desde Génova para los socialistas. Según la última encuesta de 40dB. para EL PAÍS y la SER, el PP perdería algo más de un punto respecto a 2023. Por contra, Vox mejoraría en 4,8 puntos. “Es milagroso que un ciudadano que se informe a través de Radio Televisión Española pueda votar al PP”, alegó Feijóo el pasado miércoles para justificar ese estancamiento.

Vox también rabaja las expectativas de sus socios. “Lo que no se puede hacer es dar por zancada la legislatura y por muerto a Sánchez”, espetó la portavoz de los ultras en el Congreso, Pepa Millán. “Quien lo haga está muy equivocado y no conoce al PSOE. Y volverá a incurrir en los mismos errores del 2023”, remachó Millán.

El rapapolvo de la diputada de Vox llegó solo unas horas después de que Feijóo mimara ante las cámaras a Abascal, con quien aseguró tener una relación “fluida” y “cortés”. El giro del líder del PP respecto a la extrema derecha ha sido de 180 grados. Ha abandonado el mensaje de la búsqueda de un gobierno en solitario por el de un bloque común con la extrema derecha. En mayo, Feijóo incluso verbalizó por primera vez que tiene la puerta abierta a gobernar en coalición si así lo deciden las urnas. Todo, después de que el PP esté atado al destino de los ultras, que han experimentado crecimientos considerables en las cuatro últimas elecciones autonómicas, tras las que han doblado el brazo de los barones del PP con coaliciones que se han precipitado como fichas de dominó bajo las condiciones de Abascal. Los populares confían en consumar un “abrazo del oso”, fagocitar al socio pequeño desde dentro de los ejecutivos y frenar así su ascenso antes de las generales. El riesgo está en que salidas de tono de los cargos ultras salpiquen al PP en la batalla final contra Sánchez.

Los acuerdos autonómicos han blanqueado el concepto de “prioridad nacional”, que el PP camufla bajo el de “arraigo”, y que fuentes de Génova no descartan sea incluido en una ley nacional, después de que haya adquirido rango de norma por primera vez en los Presupuestos valencianos. En Génova dan por amortizadas las consecuencias negativas de la asunción un principio importado de la extrema derecha francesa. Feijóo ha trabajado durante este curso mucho su presencia en la Unión Europea. Su presencia en la investidura de Fujimori le permitirá compartir escenario con figuras muy próximas al líder de Vox como el chileno José Antonio Kast y el argentino Javier Milei. Está por ver si Feijóo posará con los amigos de Abascal para la foto.



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