Sánchez se vuelca en la IA y en el progresismo de Mamdani en Nueva York mientras el PP intentar estirar Ceuta
El contraste del lunes no podrá ser más evidente. Pedro Sánchez arrancará, con un acto sobre los peligros de la inteligencia artificial (IA) y un viaje a Nueva York para la cumbre de la ONU, una semana volcada en su agenda internacional y en su papel como uno de los pocos resistentes del progresismo en el poder mundial. Sánchez protagonizará un acto con Zohran Mamdani, el alcalde progresista de Nueva York, y multiplicará discursos sobre los grandes debates del momento, especialmente el control de la IA y las redes y sus efectos sobre los menores, una batalla que compartirá con el presidente francés, Emmanuel Macron, y que ya ha hecho girar la posición de la UE hacia la prohibición de redes para los menores de 15 años. Mientras, Alberto Núñez Feijóo estará en Ceuta intentando estirar el efecto político de una crisis que ha debilitado al Gobierno tal vez más que ninguna otra, porque ha complicado su discurso en positivo de la inmigración y ha cuestionado a fondo su capacidad de gestión con errores evidentes en las primeras semanas.
El Gobierno ya ha logrado meter a 6.000 personas en zonas de refugio controladas por la administración, y espera hacerlo en breve con las 2.000 o 3.000 personas que aún quedan en las playas, montes y calles de Ceuta, según algunas estimaciones. El Consejo de Ministros de este martes tiene previsto hacer cambios en el decreto para incluir nuevas ubicaciones para acoger a los que quedan.
De forma muy discreta, sin apenas visibilidad pública, la crisis se va transformando poco a poco. Este viernes, 220 inmigrantes abandonaron voluntariamente la ciudad para volver a Marruecos, el doble de lo habitual estos días. Y los expertos consultados por el Gobierno creen que ese ritmo irá a más. Muchos inmigrantes están agotados y si no ven otro futuro que la devolución, y en ningún caso el salto a la península, que es su principal aspiración, empiezan a rendirse. El Ejecutivo confía en que, en cuanto empiecen las devoluciones ―hay 2.000 expedientes avanzados y en teoría se suele tardar entre 12 y 16 semanas, pero están intentando acortarlo a 6 o 7―, muchos más marroquíes verán que no tienen futuro y también se volverán voluntariamente.
Poco a poco la crisis se va encauzando, según la visión del Gobierno, que confía en un giro importante en octubre, cuando la maquinaria de devoluciones puesta en marcha a finales de agosto dé sus frutos. El único gran riesgo de descontrol es otro salto masivo. “Creemos que no pasará porque a Marruecos no le conviene ahora con la presión de la UE, pero estamos alerta porque vemos que hay convocatorias en redes”, señala un miembro del Ejecutivo. Feijóo, por el contrario, cree que la crisis está aún fuera de control, y este lunes viaja con Manfred Weber, líder del Partido Popular Europeo, para apretar a Sánchez no solo desde España sino también desde Europa.
La situación política es muy clara: Sánchez intenta cambiar el eje de la discusión pública, monopolizado por Ceuta durante casi dos meses, mientras Feijóo se encuentra mucho más cómodo ahí, mejor incluso que con los escándalos judiciales que también perjudicaron al Gobierno y que tendrán nuevos hitos este otoño. Con Ceuta, la derecha ha ganado claramente la partida de la opinión pública de momento, y casi todo el desgaste ha sido para el Gobierno, pero el Ejecutivo cree que se empieza a ver claro que el PP no quiere resolver la crisis, sino solo estirarla, como prueba en su opinión la resistencia a enviar menores a la península, algo que los populares saben que es la única solución jurídicamente viable porque muchos no podrán ser devueltos nunca a Marruecos.
Sánchez viaja casi toda la semana a uno de los lugares donde más cómodo se siente, pese a que la ola de derechas mundial le ha dejado cada vez más en minoría: la cumbre de la ONU. Es la octava en la que participa desde que está en La Moncloa, y la última antes de unas elecciones en las que las encuestas señalan que perderá el poder. En España, el presidente sufre un fuerte desgaste y el antisanchismo ha cobrado mucha fuerza. Pero fuera, Sánchez es un referente del progresismo mundial, uno de los pocos que hay, y del combate político contra Donald Trump.
Mientras en Europa la derecha crece, aunque con excepciones recientes como Suecia, en EE UU es Trump el que puede sufrir un varapalo en las elecciones de medio mandato, algo que en La Moncloa confían en que puede cambiar el estado anímico del progresismo mundial, siempre que el otro gran referente, Lula da Silva, no sea derrotado en las elecciones brasileñas casi simultáneas. La cumbre de la ONU llega con dos elecciones casi en marcha en EE UU y Brasil, dos países clave, y otras tres a las puertas: Francia, Italia y España, y con Alemania incendiada por una subida fuerte de la ultraderecha.
Sánchez exhibirá en Nueva York los datos económicos españoles, de nuevo muy por encima de la media europea y también en posición destacada en la OCDE, para reivindicar que el modelo de gestión progresista, con subida de salarios mínimos, mantenimiento o aumento de la presión fiscal, impuestos especiales a bancas o energéticas, reforma laboral favorable a los trabajadores, y lucha contra la desigualdad, es exitoso, al contrario de lo que señala la doctrina liberal.
Después de ocho años de gobierno progresista, la bolsa española está en niveles récord, las empresas tienen beneficios también nunca vistos, y las cifras de empleo y afiliados son históricas, aunque la inflación y la vivienda destrozan la capacidad adquisitiva de muchas familias.
Pero sobre todo el presidente intenta introducir otros temas en agenda aparte de Ceuta que también preocupan mucho, especialmente el del descontrol de la inteligencia artificial o los riesgos para la democracia de un mundo de algoritmos en el que la desinformación y el odio xenófobo o religioso crece sin freno.
Mientras el equipo diseñado para resolver la crisis de Ceuta, dirigido por en ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, intenta encarrilar definitivamente la situación, aunque aún no pueda resolverla, el presidente irá a una ONU con varios países ya en ambiente electoral y allí empezará a desarrollar los ejes de la que será una larga campaña.
Barack Obama ya ha marcado el camino a los demócratas con la idea de que la regulación de la IA para controlarla desde lo público para evitar que se vuelva contra la humanidad debería ser un eje clave del discurso frente a un Trump que no quiere ponerle ningún freno y está cómodo con dejarla en manos de cuatro multimillonarios. Sánchez se sube a esa ola de combate progresista frente a “los tecnooligarcas” y confía en que en España también pueda cambiar el eje de la discusión.
Su equipo en La Moncloa tiene desde agosto preparados varios actos, iniciativas y debates para abrir, pero los ha ido posponiendo porque Ceuta era el único tema posible. En breve el ministro de Hacienda, Arcadi España, iniciará una ronda de portavoces para intentar negociar los Presupuestos, prácticamente imposibles en este momento, y algo más de fe le tienen a la reforma de la financiación autonómica, aunque también necesita el complicado voto de Junts, que está a la espera de que su líder, Carles Puigdemont, pueda volver a Cataluña en cuanto el Tribunal Constitucional le conceda el amparo que ha pedido.
Y a partir de ahí, y con las encuestas en la mano, Sánchez tendrá que decidir si quiere las elecciones en febrero o marzo, antes de las municipales, o ya en julio, después. Los alcaldes del PSOE presionan para que sean antes, confiados en que sus elecciones en mayo llegarían en medio de la formación de un gobierno muy complejo PP-Vox y eso podría darles algo de espacio para recuperar votos si se pierde el Ejecutivo. Otros dirigentes en cambio creen que ir a las elecciones municipales después de perder La Moncloa es un suicidio, y es mejor que las generales sean después.
Sánchez evalúa todos estos mensajes que le llegan y también los sondeos, y espera a saber qué efecto tendrá una posible debacle de Trump en las elecciones de medio mandato, y con todo eso tendrá que tomar una decisión alrededor de las Navidades. La partida clave se acerca, y cada movimiento parece una preparación para ese combate. La última cumbre de la ONU antes de las elecciones no podía ser otra cosa más que un escaparate de la gran batalla ideológica que vive el mundo.

