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Respuesta a Fox: el presidente de las minorías


Lo que Vicente Fox dice de Andrés Manuel López Obrador habla más de Fox que de López Obrador.

En la conversación de Fox con Ernesto Núñez, para EL PAÍS, está la clave: su Gobierno olvidó a los pobres y gobernó para una minoría.

Lo que debió ser una entrevista se convirtió en una fotografía de su mandato. Una instantánea que permite entender —por contraste— a la Cuarta Transformación: una nueva corriente social y económica que vertió contenido al cascarón de representatividad vaciado por la autodenominada transición.

En la entrevista, Fox encara a un Estado corporativista que confiaba en la teoría del goteo —la idea económica que el tiempo ha transformado en mentira— con un modelo que procura corregir las disparidades del mercado desde su origen.

El expresidente panista, en un dudoso ejercicio de autocrítica que termina usando como ariete contra su mayor adversario —el mismo que lo desnudó y al que terminó desaforando—, ofreció en 10 minutos la clave para decantar dos épocas.

El político guanajuatense que engañó a una generación entera llamando transformación a la mera alternancia reveló a este diario sus reflexiones sobre el Gobierno del cambio. Cambio embustero. Un cambio gatopardo.

Fox lo admite sin bochorno. Gobernó para el perfil sociodemográfico que lo llevó a la presidencia: clases medias-altas y los sectores empresariales del centro y norte del país.

En la entrevista, Fox reconoce —¿usted también vio que al expresidente se le aguaron los ojos?— que su Gobierno se olvidó de los pobres, de los que menos tienen, de quienes carecen de oportunidades.

Con ello complica el relato de correligionarios como Ricardo Anaya y Xóchitl Gálvez, que presumen que la transición foxista redujo la pobreza con mayor eficacia que la Cuarta Transformación. Una risa. Una risa que debía ser llanto. Fox gobernó con la bonanza petrolera de Cantarell.

Fox lo entiende, aunque avanza atropellado. Fox nostálgico, Fox enredado, Fox narciso.

Su Gobierno dejó una profunda crisis de representatividad que terminó por pavimentar la llegada de López Obrador. En las palabras de Vicente Fox —menos petulante que Zedillo o Calderón, incapaces de admitir equivocaciones— está la bisagra: el suyo fue un Gobierno de las élites, con las élites y para las élites. Un banquete de preposiciones.

El expresidente del cambio de milenio lo relata con naturalidad: “Me reunía con los empresarios cada mes en Los Pinos. Me reunía con todas las cámaras: la de comercio, la de industria, la Coparmex, la de hombres de empresas; todos comíamos, como 50 gentes ahí en Los Pinos, y a platicar del país”.

Una comida mensual determinó su agenda. El ejemplo más revelador lo ofrece él mismo: cuando sugirió acelerar el aumento de los salarios, los empresarios se le impusieron. No es no. Como si lo relatara un subordinado, el expresidente cuenta que la negativa fue categórica: “No, presidente, si subimos los salarios vamos a perder competitividad, no vamos a poder exportar y la nación no va a tener éxito económico”.

Fox admite que mordió el anzuelo. Una metáfora pesquera que le permite no verbalizar que seguía órdenes.

Al hacerlo —al tragarse el señuelo metafórico u obedecer el mandato literal—, el guanajuatense tomó una decisión histórica: serían los trabajadores quienes cargarían con el precio de la supuesta competitividad., de paso, fastidiaría el poder adquisitivo de casa.

Fox escuchó y gobernó para los 50 sentados en su mesa, no para los millones que comían fuera de ella.

En la entrevista, mediante un giro torpe e inesperado, Fox recurre a la mística para explicar el éxito incontestable de la política laboral de la Cuarta Transformación. Sustituye la política pura y dura para hablar de un episodio bíblico: un angelito, dice, bajó del cielo y le entregó a López Obrador —lo llama pinche Lopitos— la clave que habría de cambiarlo todo: subir el salario mínimo.

Fox se equivoca en la altura y se equivoca en el sentido. El angelito no bajó del cielo. López Obrador subió las necesidades de los de abajo al centro de la discusión.

Además, Fox miente —o, una vez más, se equivoca— cuando asegura que las mejoras salariales de la Cuarta Transformación quedaron confinadas a la franja fronteriza. Los registros de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami) muestran que ocurrió en todo el país.

Tampoco se sostiene con datos la afirmación de que “a la gente hay que darle preparación, no dinero, para que no estén de huevones. La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares de 2024 muestra que las transferencias no sustituyeron al mercado laboral, pero sí aliviaron restricciones que impedían a la gente buscar empleos mejor remunerados.

La entrevista de Vicente Fox —a quien, por cierto, no se le quitó lo grosero, como alguna vez prometió frente a Francisco Labastida— queda para la Historia como la cristalización involuntaria de aquello que cambió en México.

La alternancia de 2000 respondió a una pregunta: ¿quién podía ocupar Los Pinos? La llegada de la Cuarta Transformación respondió a otra: ¿para quién se gobierna?


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