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RECONOCER | Cuando el crecimiento poblacional camina y el suicidio corre en Querétaro

Hablar de suicidio desde los números siempre tiene algo de incómodo, porque una tabla puede convertir en 85, 200 o 222 lo que alguna vez fueron personas con nombre, familia, afectos, problemas, proyectos y una historia propia. Por eso vale hacer una precisión antes de continuar: esta columna no pretende explicar el suicidio en Querétaro —un fenómeno complejo y multicausal difícilmente cabe en unas cuantas líneas— ni convertir las cifras en culpables o explicaciones fáciles. Lo que pretende es mirar una parte del problema, hacerla visible y hablar de ella porque sensibilizar también es prevenir y porque los datos, cuando se observan con responsabilidad, pueden ayudarnos a preguntar: ¿qué acciones preventivas estamos construyendo y cuáles necesitamos fortalecer?

Y hay un comportamiento que merece detenernos. Entre 2010 y 2020 la población de Querétaro pasó de 1 millón 827 mil 937 a 2 millones 368 mil 467 habitantes, un crecimiento aproximado de 29.6 por ciento; durante esos mismos años, las defunciones registradas por suicidio pasaron de 85 a 200, un incremento de 135.3 por ciento. La comparación no significa —y vale decirlo con todas sus letras— que el crecimiento poblacional haya provocado el incremento de los suicidios; significa algo mucho más sencillo: no alcanza con decir que hay más casos porque ahora somos más. Mientras la población crecía, el número de suicidios registrados lo hacía a una velocidad considerablemente mayor. Dicho de otra manera: en Querétaro la población caminó, pero el suicidio corrió.

La serie de INEGI permite observar otra parte del fenómeno. Durante todo el periodo analizado los hombres han concentrado ampliamente la mayoría de las defunciones registradas por suicidio en Querétaro; sin embargo, 2024 dejó un movimiento que merece atención. Los casos registrados en hombres pasaron de 187 en 2023 a 162 en 2024, una disminución de 13.4 por ciento, mientras que entre las mujeres pasaron de 37 a 52, un incremento de 40.5 por ciento y la cifra femenina más alta registrada en la serie 2010–2024. Los datos preliminares de 2025 contabilizan 172 hombres y 50 mujeres. Esto no permite afirmar que el suicidio esté cambiando de rostro ni establecer una nueva tendencia —un movimiento anual no alcanza para semejante conclusión—, pero sí permite señalar una variación que rompe momentáneamente el comportamiento que veníamos observando y que merece vigilancia estadística.

También importa mirar dónde se están concentrando los casos. En 2024, Querétaro, San Juan del Río y El Marqués aparecen entre los municipios que concentran una parte importante de las defunciones registradas por suicidio en el estado. Y aquí hay que hacer una distinción necesaria: hablar del número de casos no es lo mismo que hablar de una tasa o un índice, porque para eso tendríamos que relacionar las defunciones con la población de cada municipio. Aun así, la distribución territorial abre otra pregunta: ¿la capacidad de prevención, detección y atención está llegando con la misma fuerza a los lugares donde el problema se hace más visible?

Y después de los números viene quizá la parte más importante: ¿qué está haciendo Querétaro? Porque tampoco sería justo escribir como si el estado hubiera permanecido inmóvil. Existen acciones de prevención, sensibilización, detección y atención en materia de salud mental y conducta suicida; durante 2025 el Consejo Estatal Contra las Adicciones reportó trabajo preventivo en los 18 municipios, además de tamizajes y atención a través de los Centros Comunitarios de Salud Mental y Adicciones. A ello se suma Contigo Sanamente, desde la Secretaría de la Juventud, con atención psicológica gratuita. Las acciones existen y reconocerlas también forma parte de mirar el problema con seriedad. La pregunta entonces cambia: ¿son suficientes?, ¿están llegando a quienes las necesitan?, ¿qué sucede después de que una persona pide ayuda?, ¿hay seguimiento?, ¿existe la misma posibilidad de atención en los 18 municipios?

En el terreno legislativo también hay algo que vale colocar sobre la mesa, sin darle un alcance que todavía no tiene. El 10 de septiembre de 2025, el diputado Edgar Inzunza Ballesteros, de Morena, presentó una iniciativa para reformar y adicionar diversas disposiciones de la Ley de Salud Mental del Estado de Querétaro en materia de detección, atención y prevención del suicidio en niñas, niños y adolescentes. Es justamente eso: una iniciativa. Habrá que seguir su recorrido legislativo y observar si logra convertirse en algo más que una propuesta escrita, porque cuando hablamos de prevención quizá una de las preguntas más importantes no sea solamente cuántas campañas hacemos, sino cuántas puertas reales somos capaces de mantener abiertas cuando alguien decide tocarlas.

Y hasta aquí por esta semana, porque pretender meter todo lo que falta en una sola columna sería hacer exactamente lo que dijimos que no haríamos: reducir un fenómeno complejo a unas cuantas líneas. La próxima semana seguiremos hablando del tema, revisaremos otra parte de los datos y continuaremos preguntando qué podemos hacer mejor. Septiembre puede comenzar con un listón amarillo, pero la prevención no debería terminar cuando acaba el mes.

Si tú o alguien cercano atraviesa una crisis emocional, tiene pensamientos suicidas o siente que está en riesgo, pide ayuda. En México puedes comunicarte gratuitamente a Línea de la Vida: 800 911 2000, disponible las 24 horas, los 365 días del año. En Querétaro, Contigo Sanamente: 442 144 3740, opción 6, brinda atención psicológica gratuita. Ante una emergencia o riesgo inmediato, llama al 911.

Hoy, 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, después de tantos números, no olvidemos lo esencial: cada cifra fue una persona, una historia, una vida. Hablemos, acompañemos y trabajemos para prevenir.

Soy Leticia Pérez, fiel admiradora de la existencia humana.