Perú y México se abren a recomponer sus relaciones diplomáticas
Tras casi cuatro años de desencuentros, descalificaciones mutuas y decisiones diplomáticas que parecían haber cerrado cualquier posibilidad de reconciliación, Perú y México empiezan a intercambiar señales de distensión. A mitad de semana, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, reveló que ya existían contactos directos con la nueva administración de Keiko Fujimori. Luego, este viernes, el canciller, Carlos Espá, respondió con un tono inusualmente cálido hacia México y hacia la mandataria mexicana.
Durante la ceremonia de transferencia del Ministerio de Relaciones Exteriores, Espá sorprendió con elogios personales hacia Sheinbaum que contrastan con el lenguaje confrontacional empleado por ambos gobiernos en los últimos años. “Yo personalmente a la presidenta le tengo un gran reconocimiento y respeto. Me gustan las cosas que ella tiene; además, se parece mucho a la presidenta Fujimori en el trato tan correcto y tan cordial con los periodistas, en la manera cómo ella se acerca a las personas más humildes, en la manera cómo se viste, resaltando las tradiciones mexicanas al igual que nuestra presidenta. Yo encuentro muchas similitudes entre ambas. Tengo la esperanza de que, caminando, se junten, se reúnan. Son dos presidentas mujeres y son dos mujeres guerreras las dos”, afirmó.
No se trata únicamente de una cortesía diplomática. La comparación entre Claudia Sheinbaum y Keiko Fujimori constituye un gesto político cuidadosamente calculado. Durante los últimos años, México convirtió el respaldo al expresidente Pedro Castillo en un asunto de principios, mientras que el Estado peruano interpretó esa posición como una injerencia en sus asuntos internos.
Las declaraciones llegan apenas dos días después de que Sheinbaum confirmara que ya existen conversaciones entre ambos gobiernos. Durante su conferencia matutina, la mandataria mexicana reveló que el canciller Roberto Velasco habló “personalmente” con Keiko Fujimori y aseguró que “estamos avanzando” para normalizar la relación bilateral. “Vamos a ver cómo se desarrolla esto. Y también sabe la presidenta de Perú que nosotros tenemos una posición relacionada con el presidente Castillo. Es una posición que nosotros hemos establecido. Más allá de ello, evidentemente no queremos la ruptura de las relaciones”, sostuvo Sheinbaum.
Carlos Espá reforzó esa misma idea tras el desfile cívico militar por las fiestas patrias. “Perú y México son dos países hermanos, son países tan parecidos, somos dos civilizaciones milenarias, somos herederos de dos culturas inmensas (…) No podemos estar separados de México. Tenemos que estar juntos y estoy seguro de que muy pronto vamos a poder seguir caminando en esa ruta de integración”, declaró.
El deterioro de la relación comenzó el 7 de diciembre de 2022, cuando Pedro Castillo intentó disolver el Congreso y reorganizar el sistema judicial. Horas después fue detenido cuando se dirigía a la embajada mexicana en Lima con la intención de solicitar asilo político. Su esposa e hijos consiguieron refugiarse en México, donde permanecen desde entonces. A partir de ese episodio se desencadenó una crisis diplomática creciente. La entonces presidenta Dina Boluarte expulsó al embajador mexicano en Lima después de que Andrés Manuel López Obrador calificara a su Gobierno como “espurio” y se negara a reconocerla como jefa del Estado. La tensión alcanzó incluso a la Alianza del Pacífico, cuando México decidió no transferir la presidencia pro tempore al Perú.
En 2024 surgió un nuevo foco de fricción. México restableció el requisito de visa para los ciudadanos peruanos, eliminando un régimen de libre ingreso que había estado vigente desde 2012. Perú respondió inicialmente con una medida equivalente, aunque terminó retirándola pocos días después debido al impacto económico que habría tenido sobre el turismo.
El punto de quiebre definitivo llegó en noviembre de 2025. México concedió asilo diplomático a Betssy Chávez, la expresidenta del Consejo de Ministros de Pedro Castillo, investigada por su presunta participación en el fallido autogolpe. El Gobierno peruano respondió rompiendo formalmente las relaciones diplomáticas y rechazando otorgar el salvoconducto que permitiera a Chávez salir hacia territorio mexicano. Desde entonces, la ex primera ministra permanece refugiada en la antigua sede de la embajada mexicana en el distrito limeño de San Isidro.
Consultado sobre la posibilidad de entregar finalmente el salvoconducto, Espá evitó anticipar una decisión política. “En el Consejo de Ministros vamos a tomar las decisiones adecuadas de acuerdo a los principios del derecho internacional y de acuerdo a la Convención de Caracas del año 54, que desde mi punto de vista es muy clara”, dijo.
La elección de Espá como canciller también ofrece algunas pistas sobre la estrategia exterior del Gobierno de Fujimori. Ha recibido críticas por no pertenecer al servicio diplomático. Espá es un abogado, exconductor de televisión, que tentó la presidencia en las últimas elecciones. Pasó más de quince años al frente de la dirección de comunicaciones de la embajada de Estados Unidos en Lima, y esa experiencia parece haber pesado para su nombramiento. No resulta casual que Keiko Fujimori haya definido a Estados Unidos como un “aliado estratégico” y haya planteado la incorporación del Perú al denominado “Escudo de las Américas”.
Paradójicamente, mientras el nuevo Gobierno reafirma su alineamiento con Washington, también parece dispuesto a recomponer puentes con países con los que el Perú mantuvo fuertes disputas políticas. Hace apenas unas semanas, Perú y Venezuela anunciaron el inicio de un proceso gradual para restablecer sus relaciones consulares tras casi dos años de ruptura. Ahora es México el que aparece en la lista. Está por verse si estos guiños diplomáticos logran recomponer una relación de larga data.


