Muere Cheikh Hamidou Kane, gran referente de la literatura en África
El escritor senegalés Cheikh Hamidou Kane, uno de los grandes referentes de la literatura africana, falleció este sábado en Dakar a los 98 años. Pese a haber escrito solo dos novelas, su obra magna, La aventura ambigua, ha sido traducida a más de 40 lenguas y se considera un auténtico clásico que se estudia en universidades de todo el mundo. En ella, aborda de manera magistral el impacto cultural y psicológico de la colonización. En su dilatada vida, Kane también jugó un rol decisivo en la construcción del Estado y la administración poscolonial de Senegal como ministro de los presidentes Senghor y Diouf. Firme defensor del panafricanismo, proponía la creación de los Estados Unidos de África.
El fuerte temporal de lluvia que azotó a Dakar este fin de semana no impidió que decenas de estudiantes y ciudadanos acudieran al hospital donde se encontraban los restos mortales de Papa Kane, como era conocido, para rendirle un último homenaje. El presidente senegalés, Bassirou Diomaye Faye, expresó su profunda tristeza por la desaparición de un hombre que “dio a generaciones de africanos las palabras para pensar en una cuestión que aún nos habita: la de abrirse al conocimiento del mundo sin perder nada de lo que somos”. En decenas de capitales africanas se han repetido las muestras de pesar por su muerte.
Nacido en Matam en 1928 en el seno de una familia de la nobleza peul, el pequeño Cheikh Hamidou se formó en la tradición de la enseñanza coránica hasta los nueve años, posteriormente, fue enviado a un colegio francés. Como muchos otros descendientes de los linajes tradicionales senegaleses, recibió instrucción en las aulas de la Escuela de los Hijos de Jefes de Saint Louis, conocida como “la escuela de los rehenes”. Pese a todos los obstáculos que planteaba el sistema colonial, logró acabar sus estudios secundarios en Dakar y consiguió una beca para estudiar Filosofía en París entre 1952 y 1958.
Es aquí donde el joven Kane entra en contacto de lleno con el pensamiento occidental, que tanto le marcó, pero también donde arranca su activismo a favor del soberanismo africano, primero en la pujante Federación de Estudiantes de África Negra y luego en el Movimiento Nacional de Liberación, auténtico semillero intelectual de la primera generación de líderes africanos de las independencias, fundado por el historiador burkinés Joseph Ki-Zerbo. Esa dualidad, la fascinación por las ideas existencialistas de Sartre o Camus, en boga en aquella época, al mismo tiempo, su plena consciencia de la necesidad de una África unida y libre del yugo colonial, marcaron su vida.
En esos años escribe su primera novela, La aventura ambigua, que narra la historia de un niño de la aristocracia peul, Samba Diallo, que se debate entre las enseñanzas tradicionales que le transmite Thierno, su maestro coránico, y el estilo de vida occidental que conoce cuando viaja a París para estudiar Filosofía. Diallo es, sin duda, el alter ego del propio Kane y la novela transita sin complejos por el dilema de mantenerse atado a una cultura de siglos que sufre el desgaste de la imposición colonial o adentrarse en un mundo nuevo de conocimientos que propone el colonizador y que acabará por imponerse por el devenir de la historia. Diallo, como Kane, se siente atrapado por este debate interno, dividido entre dos fuerzas que tiran de él.
El mismo tema, a la vez universal y aún vigente, fue abordado, con diferentes enfoques, por otros grandes referentes de la literatura africana como Chinua Achebe en Todo se desmorona, la zimbabuense Tsitsi Dangarembga en Condiciones nerviosas o la también senegalesa Ken Bugul en su novela El baobab loco. La escritura de Kane, directa y a la vez llena de ricos matices, condensó en un centenar de páginas la cuestión del choque cultural y conectó rápidamente con los lectores. En 1962, un año después de su publicación, La aventura ambigua recibió el Gran Premio Literario de África Negra.
Nunca renunció a sus ideas panafricanistas y a la necesidad de construir una África federal, pero unida
Para ese entonces, Cheikh Hamidou Kane ya había regresado a África para arrimar el hombro en el proceso que transformó la colonia de Senegal en país independiente. Primero como gobernador de la región de Thies y luego como ministro bajo las presidencias de Léopold Sédar Senghor y Abdou Diouf, ocupó varias carteras hasta 1988. Entretanto, en una época en la que incluso se tuvo que exiliar por desavenencias políticas, tuvo tiempo de liderar la oficina regional de Unicef en Nigeria y fundar una de las ONG más veteranas de Senegal, Enda-Tiers Monde. Sin embargo, nunca renunció a sus ideas panafricanistas y a la necesidad de construir una África federal, pero unida.
Retirado ya de la función pública, en 1995 publica su segunda novela, Los guardianes del templo. El propio autor aseguró que ambas obras estaban conectadas entre sí y que, mientras la primera abordaba los últimos 30 años de la colonización, la segunda entraba de lleno en los primeros 30 años tras la independencia. De igual modo, ambas están inspiradas en su propia vida y experiencias. El Samba Diallo, filósofo atrapado entre dos mundos de La aventura ambigua, se convierte ahora en el Salif Ba, ingeniero agrónomo que diseña y construye. En cierta manera, Los guardianes del templo trata de resolver la ecuación planteada en la primera novela proponiendo que las ideas occidentales y la tradición africana pueden convivir de manera armónica.



