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México quiere atajar el odio y la violencia en las redes sociales que siembran los ataques escolares


El ritual es el mismo. Tomar fotografías y videos de las armas, el vestuario elegido y dejar una publicación del plan en redes sociales. Así se ha preparado el agresor que está a punto de cometer un ataque escolar. La fórmula se inspira en los dos adolescentes que asesinaron a sus compañeros en la secundaria Columbine, en Colorado, Estados Unidos. Ocurrió hace 27 años y hoy vive en las plataformas digitales, en contenido en el que los jóvenes se incitan a imitar la masacre en sus escuelas o ciudades. Tan solo en el último año en México han ocurrido tres eventos que cumplen con ese patrón. El último sucedió el jueves en Torreón, Coahuila, y dejó una mujer muerta y otros cuatro heridos. La presidenta Claudia Sheinbaum quiere hacer frente a esa crisis y ha anunciado este viernes que su Gobierno prepara una estrategia contra el contenido digital que fomenta odio en las plataformas digitales.

El fiscal de Coahuila, Federico Fernández, declaró que los gemelos que asesinaron a su maestra en Torreón se informaron en los foros de internet sobre matanzas y “deseaban pertenecer a estas figuras”. La crisis de estos ataques en Estados Unidos ha escalado hasta alcanzar un récord de 83 tiroteos escolares durante 2024, la cifra más alta desde que se lleva registro. En lo que va de este año, suman al menos 30 casos. El fenómeno ha escapado de ese país y sus seguidores están regados ya por todo el mundo. Su presencia en México se mueve en grandes grupos de Facebook, foros de Reddit, Discord, e incluso en Instagram y Tiktok.

Esa admiración a los tiradores se ha mezclado con el surgimiento del mundo incel, otro universo digital permeado por los discursos de odio y la misoginia, donde el contenido también llega a evocar a las dinámicas de los ataques en Estados Unidos. TikTok, que se caracteriza por tener normas más estrictas en el control del contenido, ha respondido a las publicaciones de los hermanos de Torreón, que subieron las fotos de sus armas junto a mensajes de odio. “Lamentamos profundamente lo ocurrido y expresamos nuestra solidaridad con las familias y todas las personas afectadas por este trágico incidente. La seguridad de nuestra comunidad es una prioridad para TikTok. Tenemos cero tolerancia con el contenido que promueva, glorifique o facilite la violencia y trabajamos de manera continua para identificar y retirar contenido que infrinja nuestras Normas de la Comunidad”, dijo la plataforma.

La batalla contra ese movimiento violento varía en distintas regiones del mundo. Alemania fue pionera cuando en 2018 se propuso erradicar los mensajes racistas y de incitación al odio en Internet con una ley que obliga a empresas como Facebook o Twitter a eliminar de manera expeditiva cualquier rastro de discurso de odio que se cuele en sus plataformas. Más tarde, la Unión Europea instaló otra medida que obliga a las redes a detectar, moderar y retirar contenidos ilegales, incluido el discurso de odio, bajo la supervisión de la Comisión Europea.

En Latinoamérica la regulación avanza más lentamente. En Argentina no hay ninguna norma que regule o limite a nivel nacional los discursos de odio en redes sociales, ni tampoco el Gobierno de Javier Milei impulsa proyectos con ese objetivo. El mandatario ultraderechista, que ha sido acusado por diversas organizaciones sociales por promover la intolerancia y la agresión a través de sus cuentas en canales digitales, en particular contra sus opositores y periodistas críticos, cerró en 2024 el Instituto contra la Discriminación y el Racismo (INADI) que, entre otras cosas, registraba los discursos de odio en redes y se proponía promover “una cultura de empatía en la web”. La única norma dictada por Milei que se refiere a las redes sociales es un decreto que, desde julio pasado, prevé la expulsión de ciudadanos extranjeros que expresen mensajes de odio contra el pueblo argentino. Con información de Javier Lorca.

En Colombia, una reciente ley crea medidas para enfrentar la violencia digital. Orientada a la protección de los menores, obliga a varias entidades estatales a crear planes de prevención y atención, orientadas a la formación para el autocuidado o a las estrategias de consumo de las redes sociales. No obliga a las plataformas, no prohíbe la producción o difusión de algún contenido ni crea sanciones, y de hecho prohíbe explícitamente la censura previa o el monitoreo de las comunicaciones. Informa Juan Esteban Lewin.

El plan contra el contenido que incita al odio

Hace un año, Lex Ashton, de entonces 19 años, llegó al Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Sur, en Ciudad de México, con cuchillos escondidos en su mochila. En las instalaciones de la UNAM mató a Jesús Israel, un estudiante de 16 años, y agredió a un trabajador de mantenimiento que intentó detenerlo. Ashton había publicado su plan en un foro incel de Facebook, en el que compartió fotografías explícitas de las armas y la vestimenta que utilizó para el ataque. Cinco meses después, en marzo de este año, Osmer H., de 15 años, se grabó frente al espejo vestido de negro con un fusil AR-15 en mano. Publicó en sus redes sociales un mensaje: “Hoy es el día”, antes de asesinar a dos de sus profesoras. Esta semana se ha sumado el caso de los hermanos de Torreón.

La presidenta arrancó la mañanera con el anuncio de que prepara una iniciativa de control del entorno digital entre adolescentes y jóvenes. Sheinbaum ha instruido a un equipo de trabajo volcado en diseñar un programa para obligar a las plataformas de las redes sociales a evitar contenidos que fomenten la violencia y el odio. La nueva legislación buscará evitar que los jóvenes se radicalicen en internet. “Estoy formando un grupo de trabajo coordinado por la consejera jurídica en el que participan la Secretaría de Seguridad, la Agencia de Transformación Digital, estamos invitando instituciones académicas, expertos y el primer objetivo es exigir a las plataformas digitales que bajen de su contenido en el momento en que encuentren comunicados o acciones que tiendan a la violencia, al abuso o al acoso”, dijo.

Hace apenas un par de semanas que la presidenta echó a andar la medida para restringir el uso de los celulares en las escuelas de educación básica mexicanas. Apoyada de expertos y encuestas, su Gobierno demostró los efectos negativos en la salud mental de los niños y jóvenes mexicanos, que pasan hasta siete horas frente a la pantalla. Con una arrolladora mayoría de profesores y padres de familia a favor, los celulares saldrán de las escuelas, durante clases y recreo, desde el próximo 3 de noviembre. Los expertos consultados por este diario advertían, sin embargo, de que la prohibición no alcanza a mermar la crisis de salud mental y otros comportamientos alarmante, sin la existencia de una regulación estricta al diseño de las redes sociales.

Una investigación de EL PAÍS hace un año, a raíz del ataque de Lex Ashton en el CCH Sur, encontró que el algoritmo de las redes sociales favorece la radicalización de los jóvenes, especialmente de hombres, en una dinámica que los arrastra hacia el contenido misógino o que incita a la violencia. Un problema que se suma a una acrecentada crisis de salud mental tras la pandemia en una olla a presión, que termina por revelar las carencias estructurales que aquejan a los jóvenes.


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