Paquete Económico 2027: responsable y realista
Esta semana la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) presentó su propuesta de Criterios Generales de Política Económica 2027, así como la Iniciativa de Ley de Ingresos y el Anteproyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para ese mismo año. En su conjunto, esto conforma el llamado Paquete Económico 2027, que es la propuesta que plantea el gobierno para la conducción de la política económica del próximo año. Ahora, el poder legislativo, conformado por las Cámaras de Diputados y Senadores, deberá abocarse a su discusión, análisis y eventual aprobación.
Lo primero que hay que decir es que se trata de un paquete responsable y realista. Es responsable porque identifica como prioridad la necesidad de contener, en el mediano plazo, la expansión de la deuda pública como porcentaje del PIB. Esto es importante porque durante las últimas dos décadas la deuda del gobierno prácticamente se ha duplicado como porcentaje del PIB, ya que pasó de 28% a finales de la administración del presidente Fox en 2006, a un nivel de 54% hacia finales de este año. Dicho aumento de la deuda, por cierto, y a diferencia de lo que suelen repetir distintos políticos o analistas sesgados, ocurrió a un ritmo muy similar en las administraciones de los expresidentes Calderón, Peña Nieto y López Obrador. En concreto, cada una de estas administraciones aumentó la deuda pública en niveles cercanos a ocho puntos porcentuales del PIB.
La propuesta del actual paquete es tratar de estabilizar la deuda en un nivel de 56.5% del PIB hacia finales de la presente Administración, lo que implicaría un aumento de menos de cinco puntos porcentuales del PIB en esta gestión, más importante, la posibilidad de finalmente estabilizar la deuda pública como porcentaje del PIB. Si se lograra esto, sería sin duda un logro muy importante que, por lo demás, garantizaría que el país pudiera mantener el grado de inversión por parte de las agencias calificadoras.
Por otro lado, la propuesta es realista porque, a diferencia de lo ocurrido en años recientes, el escenario macroeconómico que se propone es más creíble y es, además, compatible con las estimaciones y expectativas de analistas del sector privado. Un componente importante de esto es el pronóstico de crecimiento de la economía, ya que una sobreestimación de este indicador podría conducir a un escenario en el que la deuda como porcentaje del PIB parecería disminuir de manera artificial e injustificada. Por ello, el que ahora se revisen a niveles más moderados las expectativas de crecimiento para este y otros años hace que las estimaciones resulten más creíbles de lo que habían sido en ocasiones anteriores.
Para lograr que el escenario sea más realista hay dos componentes que resultan cruciales: por un lado, la expectativa de que la recaudación mejorará, por el otro, una cierta contención en la expansión del gasto público. Lo primero se atiende con algunas modificaciones en la recaudación del impuesto sobre la renta (ISR) que prometen generar una recaudación adicional importante. Estas modificaciones buscan introducir una especie de impuesto de control para que empresas relativamente grandes (con ventas de 50 millones de pesos o más al año) paguen al menos un porcentaje (aunque sea bajo) de sus ingresos en forma de ISR. Esta modificación permitirá recaudar más impuestos por esta vía, al imponer un tope en las deducciones que pueden realizar estas empresas. Se espera que esta medida contribuya a desincentivar el uso de las llamadas empresas factureras (empresas que se dedican a vender facturas que amparan transacciones no realizadas, pero que permiten realizar deducciones importantes).
Por el lado del gasto, la contención ocurre porque el gasto en programas sociales prácticamente solo aumentará conforme a la inflación y por factores demográficos (esto es, por la incorporación de personas que cumplen con requisitos de edad para ser beneficiarios de algunos programas sociales). A diferencia de años anteriores, en los que se anunciaron nuevos programas sociales o aumentos significativos en los programas ya existentes, esta decisión permitirá que se comience a contener el gasto y la presión fiscal que esto implicaba.
Además de lo anterior, hay otros componentes importantes en el paquete económico como una propuesta de ley para fortalecer y promover el pago con medios digitales, así como una propuesta para avanzar en la homogeneización y homologación de los registros catastrales y de los registros públicos de la propiedad, lo cual anticipa la posibilidad de hacer una buena reforma al impuesto predial en el futuro.
En suma, se trata de un paquete económico que trata de transmitir certeza y confianza en la situación de las finanzas públicas del país y que podría contribuir por esa vía a mejorar el entorno de negocios. Todavía falta, por supuesto, una reforma de carácter más amplio a la Hacienda pública mexicana (tanto por el lado de los ingresos como por el lado del gasto) que permita crecer más y mejorar el bienestar económico de la población, pero, al menos, este paquete ofrece un paso en la dirección correcta.



