Más de 1.000 menores aún deambulan por Ceuta: entre la guerra política y el limbo
Los mil menores que aún viven en la calle en Ceuta pasan los días atrapados en un limbo con verbo propio: deambular. Aunque los recorridos son variables, esos niños y niñas comparten un trayecto que realizan a diario aunque el resultado no varíe. Primero acuden en grupos pequeños al corazón de la ciudad, a la Jefatura Superior de la Policía. Pero jamás logran entrar. “Que os vayáis, ya os lo dije ayer y anteayer, no estamos filiando”, les chilló un agente a un grupo de chicos de no más de 14 años.
La escena tuvo lugar el jueves, pero se repite en bucle cualquier otro día en la ciudad. Esta vez, además, una de las intérpretes de la comisaría salió a darles en dariya (variedad dialectal del árabe hablada popularmente en Marruecos) alguna razón más para el rechazo: “No podemos identificaros hasta que no haya instalaciones dónde llevaros. De momento, no hay sitio en ninguna. Si queréis, preguntad allí directamente”, les dijo. Los niños se fueron, aunque ella y ellos saben la respuesta que les aguarda en los centros de menores como Piniers, al suroeste de Ceuta: “Aquí no hay sitio, id a la Policía y ellos os dirán”. Y este grupo de niños, o cualquier otro, volvió a rebotar entre negativas, hasta que por la noche el deambular se detiene para buscar algún sitio dónde dormir.
Otros sí que lograron techo. Dos semanas después de la entrada masiva, el Ejecutivo ceutí —competente de la tutela de los menores—, empezó a realojar muy poco a poco a niños y adolescentes en establecimientos improvisados. Hasta ese momento habían transitado a su suerte desde que lograron entrar solos en Ceuta en la ciudad autónoma. La avalancha y la falta de atención de las administraciones les dejó en condiciones de insalubridad extremas en los asentamientos improvisados o en los solidarios de Sidi Embarek o El Príncipe.
Aún así, las escenas de niños tirados en cualquier acera se han repetido durante semanas en medio de la emergencia humanitaria y la resistencia del PP a que sean derivados a la península. Porque la capacidad de Ceuta para acogerles reventó con el cruce: solo hay disponibles 22 recursos de acogida en una ciudad cuyos servicios sociales están más que saturados.
Antes de julio había ya unos 700 menores no acompañados en el sistema de acogida ceutí, a los que se sumaron en torno a 1.300 que cruzaron entre el 30 y el 31 de ese mes. La ciudad autónoma, en cálculos del Ejecutivo central, tiene disponibilidad solo para 29 plazas ordinarias y cuando una comunidad excede por tres sus recursos puede solicitar la situación de contingencia migratoria y los menores tienen que ser realojados obligatoriamente en la península. Ahora son 2.200 menores filiados.
En ese grupo, que tiene nombre y rostro, se encuentra Youness, de 16 años. Quien, como muchos otros, ya se han rendido de ese deambular entre la Policía y los centros en busca de techo y filiación. El miércoles por la noche, en la playa de El Trampolín, contaba que también había dejado de pasar el tiempo con otros grupos de menores para repetir el peregrinar. Fue a la playa buscando a sus vecinos de Castillejos y se quedó a vivir con ellos en una de sus tiendas. “¿Tú crees que me podré colar en el campamento del puerto cuando lo abran?”, preguntaba. Youness se refería a lo sucedido en el anterior realojo de migrantes, el de las inmediaciones de Loma Colmenar. Aunque estaba destinado solo a hombres adultos, varios menores se pusieron en la fila y lograron plaza. “Este es menor, pero bueno, déjale y ya haremos el papeleo después”, susurraba uno de los responsables del traslado.
La guerra política de los menores
El mismo miércoles en el que Youness se rendía, en el Congreso de los Diputados se desataba la batalla política. “Pregúntele a Vivas”, respondió el presidente Pedro Sánchez a los periodistas cuando le interpelaron en los pasillos por los menores. Se refería al presidente de Ceuta, el popular Juan Jesús Vivas, que ha virado radicalmente su discurso y ahora demanda que todos sean devueltos a Marruecos. Pero sobre todo que ninguno de los que ya están en centros sea derivado a la península, donde 11 comunidades están gobernadas por sus compañeros de partido, cuatro en coalición con Vox. La ultraderecha presiona con el repudio a la inmigración como su gran bandera.
Enfrente, el Ministerio de Juventud e Infancia da como mucho al PP dos meses antes de forzar, con la ley en la mano, los traslados. De producirse, no solo resolvería la situación de los que ya están en acogida en esos centros, sino también de los otros mil que esperan esa plaza libre que nunca llega.
Youness no la logró tampoco en los centros de adultos. Antes de llegar al campamento del puerto, cuando los migrantes esperaban sentados en el suelo a la espera de que la Policía les organizara para entrar, una de las responsables de la entidad que gestiona el campamento distinguió entre ellos a dos gemelos con sudaderas azules claramente menores de edad. Les retiró de la fila y repitió la operación en el resto de grupos. Hizo lo mismo con otra decena, Youness entre ellos. Les sentaron en la acera, a la espera de que terminara el realojo. Pero, ¿dónde llevarlos si no hay plazas libres en los centros? De acuerdo a la legislación, es el área de menores de Ceuta quien ostenta su tutela, pero para eso es necesaria su correcta filiación. Y con los recursos tan saturados, todavía hay decenas sin registrar. Todos los ven, pero todo avanza como si no existieran.
El área de menores de la ciudad navega también este otro limbo y busca plazas sueltas en los centros ya habilitados, estirando su capacidad más allá del límite. Cuando las encuentra, les filia y acoge. Pero sigue siendo insuficiente: hay cientos en las calles y algunos también en las casas. Desde finales de julio, alguno vecinos de las barriadas más humildes acogieron bajo sus techos a muchos de ellos, y aunque continúa pasando cincuenta días después, el perfil ha variado. Los más pequeños, los vulnerables y las niñas fueron los primeros grupos en ocupar las plazas de los primeros centros de menores que se habilitaron, aliviando los acogimientos solidarios de los vecinos.
Pero ahora los menores atrapados en el limbo de las calles son mayoritariamente varones, con edades entre los 14 y los 17, y estos refugios provisionales y vecinales escasean cada vez más. Así que lo menores tienden a agruparse entre ellos, haciendo piña en las calles ceutíes, lo más lejos posible de la frontera con Marruecos. Aunque es ilegal expulsarles, muchos dicen haber presenciado a militares forzando a otros menores a cruzar el puesto fronterizo, obligándoles a firmar el retorno voluntario a su país. De las expresiones que manejan en español, hay una que repiten con convicción: “Marruecos no, militares no”, dicen.
Otra de ellas es “soy menor”. Dos palabras que usan como escudo cuando, por su aspecto adulto y su cercanía a la mayoría de edad, son frecuentemente tomados por adultos. Ellos enseñan sus pasaportes verde oscuro y señalan la fecha de nacimiento: 2009, 2010 algunos; otros, 2011 o 2012. Los ofrecen a quien interpreta que les puede decir algo más que “no hay sitio” y le preguntan “¿dónde voy?“, pero las respuestas escasean en el limbo.
Lo único parecido a una certeza es la pulsera naranja de sus muñecas. La repartió hace algunas semanas la Cruz Roja para organizar el reparto de comida diario en la Playa de Trampolín, para evitar el tráfico de alimentos y que los que ya duermen en asentamientos se pusieran también en la fila. Esa es la única cola en la que estos adolescentes tienen sitio asegurado, en la cabecera. Junto a mujeres y niños, son los primeros en recibir las bolsas blancas de la organización.
Expulsiones y reagrupación
El Gobierno y el PP coinciden en que, una vez que se filie a estos menores, la reagrupación familiar en Marruecos es una prioridad. Sin embargo, tanto la normativa española como la europea son garantistas con los derechos. Es un proceso que requiere de tiempo y se tramita individualmente. Hay que identificar a su familia, escuchar qué quiere el menor. En cualquier caso, y pese a las manifestaciones públicas de Rabat asegurando que acogerá de vuelta a todos los adultos y menores, no siempre facilita los retornos. Antes de la avalancha, Ceuta había resuelto la reagrupación de 668 menores que hasta entonces no habían sido aceptados por el reino alauí, indican fuentes de la administración ceutí.
En lo tocante a los menores del cruce de finales de julio, no fue hasta este lunes cuando empezaron a tramitarse 10 expedientes de repatriación. El mando único encabezado por el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, espera las primeras resoluciones el próximo miércoles.
Detrás de todo ese ruido político, los técnicos de la ciudad autónoma siguen trabajando en la tramitación de los expedientes para intentar una reagrupación familiar en Marruecos altamente improbable, lo que aboca a su derivación a territorio peninsular. El Ministerio de Juventud e Infancia ha planteado dos fórmulas: convenios de colaboración entre comunidades autónomas o la obligación de aplicar el artículo 35 de la ley de extranjería. A través de la primera vía salieron 5 niñas la semana pasada rumbo a Navarra, gobernada por el PSOE. El Gobierno de Vivas tuvo que autorizar su salida pese al argumento de que si se marchan a la península habrá un “efecto llamada”. En las próximas semanas, a los expedientes completados podrá aplicarse la segunda vía, la obligación de las comunidades autónomas de realojar a los menores.
Y mientras llega, más limbo. Para Youness, para Yasim, que vive en otro asentamiento en el Polígono de El Tarajal, o para Samir, que comparte mantas cada noche con otros 10 menores junto a la planta desalinizadora, entre las playas de Trampolín y Benítez. Parece una lengua de tierra con un muro blanco frente al mar, pero en realidad es tierra de nadie.



