Los equipos de rescate de Indonesia buscan supervivientes tras el terremoto de 7,7 de magnitud
Las autoridades de Indonesia elevaron este domingo a 53 el número de muertos tras el fuerte terremoto de magnitud 7,7 que el sábado sacudió la costa de la isla de Flores, al este del archipiélago, según el último balance de la Agencia Nacional de Búsqueda y Rescate de Indonesia (Basarnas), mientras las autoridades continúan las labores de búsqueda y rescate. Al menos 135 han quedado heridas. “El impacto ha sido significativo”, indicó en un comunicado el gobernador provincial, Emanuel Melkiades Laka Lena, quien aseguró que “muchos ciudadanos han fallecido o resultado heridos; viviendas e instalaciones públicas han sufrido daños; y las actividades comunitarias se han visto interrumpidas”.
“Nos estamos enfocando en la búsqueda y evacuación de las víctimas, los servicios de salud, el suministro de artículos de primera necesidad y refugios, y la restauración del acceso al transporte y la infraestructura afectados”, agregó.
Más de 5.000 vecinos de la isla indonesia de Flores permanecen desplazados. El terremoto, que tuvo lugar cerca de las 6.00 de la mañana del sábado, hora local (medianoche en la España peninsular), con el epicentro unos 62 kilómetros al noroeste de Ende, la ciudad más poblada de Flores, causó también graves daños materiales en la isla.
La Agencia de Gestión de Desastres Local (BPBD, por sus siglas en indonesio) cifró en 914 las viviendas que sufrieron daños graves, 126 daños moderados y 317 daños menores. Además, más de un centenar de instalaciones públicas, incluyendo 93 centros educativos, 36 centros de salud y 38 oficinas gubernamentales, resultaron gravemente afectadas.
Se calcula que unos dos millones de personas viven en la isla de Flores, con Ende y Maumere entre sus principales ciudades. Indonesia se encuentra en el llamado Anillo de Fuego del Pacífico, una zona de intensa actividad sísmica y volcánica debido a la convergencia de varias placas tectónicas.
El terremoto, seguido de unas 341 réplicas, es el más mortífero que ha sufrido este país del sudeste asiático desde que un seísmo en 2022 causara la muerte de cientos de personas en Java Occidental. Más de 3.300 personas de la región de Sikka se autoevacuaron o se refugiaron en un pabellón deportivo, según informó la agencia de gestión de desastres BNPB.
Algunos residentes del distrito de Sikka quedaron atrapados fuera de sus viviendas derrumbadas, bajo una tienda improvisada hecha con lonas, mientras que otras víctimas recibieron atención médica en una tienda de campaña situada frente a un hospital de la ciudad portuaria de Maumere. “Solo me traje mi cuerpo”, declaró Abdul Mutas, de 63 años, a Reuters después de que él y su familia pasaran la noche sobre una lona rodeados de árboles en la localidad de Sikka. “La marea estaba subiendo, así que corrimos”, explicó al describir su reacción ante el terremoto.
Más de 3.500 militares y agentes de policía han sido desplegados en la región, según ha declarado el secretario del Consejo de Ministros, Teddy Indra Wijaya, en un comunicado. Los equipos de rescate han llegado a zonas de Maumere que habían quedado bloqueadas por deslizamientos de tierra, según ha informado la agencia de rescate. Aún no se dispone de un recuento de los desaparecidos, pero la mayoría de ellos quedaron atrapados bajo los escombros.
El Gobierno de Nusa Tenggara Oriental está considerando declarar el estado de emergencia en la provincia, según la BNPB, lo que permitiría a las autoridades movilizar recursos y fondos.


