Brian Chesky: “Los desafíos de vivienda son más grandes que Airbnb”
No obstante, esta aparente alianza genera escepticismo. Garrido critica la integración de los hoteles independientes en el ecosistema de la plataforma, sugiriendo que la decisión de estos negocios de ceder inventario a Airbnb evidencia una asimetría de poder de mercado, en la que los hoteles prefieren sacrificar parte de sus márgenes de ganancia antes que quedar completamente invisibilizados frente al consumidor digital.
El debate global de la vivienda
Cuando se habla de Airbnb, inevitablemente también se menciona el término ‘gentrificación’ o crisis de vivienda en las grandes urbes. Desde la óptica de Chesky, la plataforma no debe ser interpretada como un factor de desestabilización del mercado inmobiliario, sino como una herramienta de resiliencia económica que permite a las personas generar ingresos complementarios para amortizar los costos de su propiedad.
“La idea de la economía colaborativa de donde surge Airbnb era una buena”, menciona Garrido. Que alguien con habitaciones subutilizadas pudiera generar un ingreso extra para solventar sus gastos representa una alternativa viable. Sin embargo, la masificación de la plataforma atrajo a inversionistas privados y fondos inmobiliarios que identificaron en este tipo de economía un nicho desregulado de alta rentabilidad.
En este contexto, Chesky detalla que los desafíos del mercado de la vivienda obedecen a factores estructurales macroeconómicos que trascienden la actividad de su empresa. “Si puedes suplementar tus ingresos alquilando tu casa ocasionalmente o rentando una habitación, eso puede marcar la diferencia para pagar la hipoteca”, enfatiza. “Los desafíos de vivienda son más grandes que Airbnb”.
Como parte de sus argumentos, resalta que si una ciudad es cara, se debe a que no se construyó suficiente vivienda y utiliza el caso de la Ciudad de México para ilustrar su punto, señalando que por cada 116 viviendas existentes, solo una se encuentra listada en los registros de Airbnb.
La investigadora de la UNAM es crítica en este sentido, pues advierte que existe una distribución de responsabilidades. Por un lado, los gobiernos cargan con una parte fundamental del problema y recuerda que el modelo de estado de bienestar, a finales de la década de los 80, transformó el papel de las instituciones públicas, pues dejaron de operar como constructoras directas de vivienda social para convertirse en entidades financieras y puentes de intermediación crediticia.
Asimismo, la falta de planificación urbana a largo plazo y el déficit habitacional crónico también constituyen deudas históricas del Estado, pero sostiene que las plataformas digitales ejercen una responsabilidad ineludible como aceleradores y amplificadores de las desigualdades socioespaciales preexistentes, profundizando la polarización y la segregación urbana.
“Su presencia [de plataformas como Airbnb] sí tiene un impacto en el incremento de los precios de la vivienda, y también hacen que aquella vivienda que aún estaba disponible para renta salga del mercado para sumarse a su plataforma, lo que reduce la probabilidad de que alguien pueda rentarla”, afirma Garrido.
Para dimensionar el impacto de la plataforma, en la Ciudad de México existen aproximadamente 3.03 millones de viviendas, según cifras del INEGI. De ese total, 2.75 millones son viviendas particulares habitadas y se estima que Airbnb tiene cerca de 26,000 alojamientos, lo que corresponde únicamente al 0.86% del parque habitacional. Sin embargo, esos alojamientos no se distribuyen de manera uniforme entre las 16 demarcaciones de la ciudad, sino que se aglomeran de forma masiva en polígonos específicos.
En alcaldías como Benito Juárez, Cuauhtémoc o Miguel Hidalgo, más del 90% de sus Áreas Geoestadísticas Básicas presentan una concentración de ofertas en la app, apunta Garrido. En sectores específicos de estas demarcaciones, el porcentaje de viviendas convertidas al hospedaje temporal oscila entre el 10 y el 30% del inventario disponible y es precisamente en esta hiperconcentración localizada donde se generan las presiones de desplazamiento y el encarecimiento de los servicios locales.

