Las Médulas siguen sin planes de protección propios un año después de que el fuego arrasara el Patrimonio de la Humanidad
Madera nueva entre madera quemada. El flamante mirador por el que pasean los turistas del yacimiento romano de Las Médulas (León), Patrimonio de la Humanidad, contrasta con buena parte de su entorno: la más negra destrucción. Las minas de oro se libraron, y con ellas la caldera de árboles que sale en las fotos desde el mirador, pero no hubo suerte en los alrededores: miles de hectáreas ardieron durante varias semanas de fuego a partir del 9 de agosto de 2025. EL PAÍS informó de que la Junta de Castilla y León ―del PP desde 1987 y nuevamente con Vox desde mayo de 2026― tenía caducado desde 2022 el plan que su propia normativa exige para proteger estos parajes especiales. Ahora, un año después del desastre, sigue sin actualizarse. Expertos que han trabajado en la zona desde largo tiempo atrás reniegan del “resultado de años de mala gestión” y de la “deficiente coordinación entre órganos”. Los vecinos de la zona cargan contra el olvido que perciben y los alcaldes cercanos piden atención: “La única solución es tener limpio el monte todo el año”.
El presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco (PP), prometió durante los incendios todos sus esfuerzos para regenerar Las Médulas, en la comarca de El Bierzo (León, 117.315 habitantes). “Yo sé lo que significan para este entorno y garantizo que recuperarán todo su esplendor”, aseguró. Y añadió que su Gobierno trabajaría para que luciesen “con todo su esplendor lo antes posible” y que estuvieran “igual o mejor en unos meses”. Su Ejecutivo comprometió 2,4 millones de euros para restaurar esos miradores y un espacio museístico en la localidad de Las Médulas, también abrasado y ahora en obras. Nada se sabe sobre un nuevo Plan de Ordenación de Recursos Naturales (PORN), que la Junta exige en estos patrimonios valiosos, ni del Programa Rector de Uso y Gestión, también exigido y ausente en 2025. El conjunto lo siguen administrando la Fundación Patrimonio Natural, del área de Medio Ambiente, y la Fundación Las Médulas, de la Consejería de Cultura. EL PAÍS se ha dirigido al área de Medio Ambiente de la Junta para preguntar por la estrategia y medidas sobre Las Médulas y no ha obtenido respuesta.
Un experto al tanto del proceso de recuperación, que pide anonimato, carga contra estos meses de actuaciones y todas las labores previas: “Es el resultado de años de mala gestión; se ve bastante claro”. “La coordinación entre órganos es deficiente”, critica, y se sorprende de que el plan de ordenación siga desactualizado y de que no se hayan efectuado planes de gestión paisajística ni de compatibilidades de uso del suelo. Así, reclama “alguna estrategia para abordar la despoblación”. “Si no hay personas cuidando el paisaje, es más fácil que sea más vulnerable”, defiende, pues se trata de una zona en crisis demográfica, envejecida y con escasa actividad rural. “No hay implicación con la ciudadanía”, censura, y añade un ejemplo: una asociación de vecinos local pidió la Casa del Parque de Las Médulas para proyectar el documental Ladrones de Fuego, sobre la ola de incendios de 2025, y se les denegó el permiso.
Recorrer la zona evidencia los efectos del fuego: el suelo sigue tiznado, los árboles poco valiosos no se han talado y los que sí han dejado miles de tocones sobre una superficie desértica, árida, azabache. Las ventanas del ayuntamiento de Carucedo (El Bierzo, 479 habitantes) miran hacia las parcelas cercanas, muchas asalvajadas y descuidadas, sinónimo de que las llamas puedan entrar hasta el pueblo, grave peligro en muchas localidades de la comarca conformada por 38 municipios. EL PAÍS ha citado allí al alcalde de Carucedo, Alfonso Fernández Pacios (PSOE), a Julio Arias (PP), regidor de Puente de Domingo Flórez (1.348 habitantes); y a Eduardo Prada (PP), alcalde de Borrenes (297 habitantes), el tercer municipio del que dependen Las Médulas. Este último no ha podido asistir.
Los regidores, de partidos distintos, hacen un análisis idéntico: ni hubo prevención en 2025 ni la hay en 2026 ni existe la gestión forestal adecuada para contener males como aquel. Fernández Pacios agrega que a los consistorios se les permite apretar a sus vecinos para limpiar los terrenos, o hacerlos ellos en caso de que no lo hagan y pasarles la factura, pero la farragosa burocracia resta agilidad al proceso. Arias indica que, al haber elecciones el pasado marzo, “hubo agilidad con las indemnizaciones y se prometieron muchas cosas, pero queda mucho”. Para ambos, los 500 euros que prometió Mañueco para los evacuados, como este julio en Ávila, supuso “comprar votos”. Arias censura la “mucha jeta de gente que ni estaba y pidió el dinero”. Los dos ruegan ser escuchados para los planes venideros y piden recursos para la acción cotidiana: “La única solución es que nos den dinero para tener el monte limpio todo el año y hablar con los propietarios para limpiárselo gratis”.
“Todo quemado”, menos turistas
Una especie de normalidad reina en el chiringuito y playa fluvial junto al lago donde hace 12 meses recargaban los helicópteros. Daniel Corral, de 17 años, nota menos gente en el negocio por algo obvio: “Al estar quemado, vienen menos, no hay nada que ver”. “No se ha limpiado nada, en cualquier momento hay otro (incendio)”, comenta. Blanca Fernández, de 70 años y dueña de un bar en Carucedo, se encoge de hombros: “Yo ya paso de todo… mientras no se repita…”.
Varios carteles por los alrededores reflejan el sentir del pueblo. “Ante el abandono, resistencia”, reza el rótulo, con una castaña quemada entre masas negras. Así siguen los ánimos de Gabino Oviedo, de 63 años y presidente de la Asociación de Vecinos de Las Médulas: “Estamos protestando y pidiendo depurar responsabilidades, pero no nos escuchan, nos miran peor que antes, nos dejaron arder por el abandono en prevención y extinción; son negligencias”. Oviedo reprueba aquello de “arreglar infraestructuras pero no el paisaje”, tras indicar que pidieron en vano audiencia con Mañueco, exclama al aire: “¡Prepara un plan de emergencias con medios humanos, materiales y económicos! No se ha hecho nada”.

Fina Gómez, de 64 años, vecina y hostelera de la zona, habla de “palabras bonitas, pero hechos no he visto”. Su hotel-restaurante tiene un cuaderno para que los visitantes se expresen. Uno se ha desfogado así: “Es una verdadera vergüenza… no se ve ningún cuidado ni brigada para recuperarlo”. Al descender del mirador nuevo, en el horizonte, crece una columna de humo en El Bierzo: otro incendio.

