La revolución de las cucarachas, el movimiento de protesta contra el gobierno de India que trasciende las castas – BBC News Mundo
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Empezó con un temor familiar de millones de jóvenes indios: si los exámenes que determinan su futuro no pueden ser confiables, ¿qué puede serlo?
Semanas después, el lunes, decenas de miles de jóvenes hombres y mujeres intentaron marchar hasta el Parlamento de India. La policía respondió con gas lacrimógeno y embates con bastón.
El Partido Popular Cucaracha (CJP, por sus siglas en inglés), un movimiento liderado por jóvenes que surgió de la indignación provocada por las repetidas filtraciones de exámenes de ingreso a la universidad, se ha convertido rápidamente en la mayor movilización estudiantil de la India en los últimos años.
Piden reformas al sistema educativo y la renuncia del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan. En el centro está el activista Sonam Wangchuk, quien afirma haber perdido 11 kilos durante una huelga de hambre de 26 días en apoyo al movimiento. En la noche del jueves rompió su ayuno, pero los líderes estudiantiles declaran que las protestas continuarán hasta que sus demandas se cumplan.
La pregunta obvia es si esto es simplemente otra protesta estudiantil o el inicio de algo más grande.
La historia ofrece razones tanto para la cautela como el optimismo.
Los movimientos estudiantiles han transformado la política india periódicamente. La (campaña de reformas constructivas) Nav Nirman en Gujarat sirvió para lanzar el movimiento del líder socialista Jayaprakash Narayan contra la otrora primera ministra Indira Gandhi a finales de los 1970. Otros estallaron dramáticamente antes de desvanecerse.
Un movimiento que trasciende casta, clase y género
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Lo que hace al CJP inusual, sin embargo, no es solo su tamaño sino la naturaleza y amplitud de sus reclamos.
Contrario a muchas de las grandes protestas contra el gobierno del primer ministro Narendra Modi durante la última década -ya sean sobre la nacionalidad, leyes agrícolas u otras políticas contenciosas- este movimiento no es fundamentalmente sobre ideología. Ni está arraigado en los intereses de una sola comunidad o grupo social.
En cambio, se pregunta si el Estado todavía puede garantizar la imparcialidad en el sistema de exámenes que millones de jóvenes indios ven como la principal vía hacia la movilidad social.
“El examen y el sistema educativo son un camino que en gran parte atraviesa las (barreras) de casta, clase y género”, comentó a la BBC Yamini Aiyar, investigadora principal invitada en la Universidad Brown, EE.UU. “El núcleo constituyente de esas protestas no representa un grupo de interés único”.
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Esa amplitud es lo que también distingue políticamente al movimiento.
“Este movimiento se centra en las fallas administrativas”, expresó a la BBC Rahyl Verma, analista del Centro de Investigación Política, un centro de análisis en Delhi. “La incapacidad del estado de llevar a cabo exámenes justos y evitar filtraciones lo convierte en un tipo de desafío político muy diferente para el BJP (partido en el poder)”.
La diferencia, sostiene, cambia la política. Contrario a las anteriores protestas basadas en ideología o política, esta cuestiona la habilidad del BJP de gobernar. “Tendrán que recalibrar su estrategia”, señala Verma.
Añade que muchos de los que protestan no son opositores natos del BJP.
Son “jóvenes indios con aspiraciones y sus padres que ven estos exámenes como el camino hacia la movilidad social”. Debido a que sus reclamos son sobre gobernabilidad en lugar de ideología, arguye, el BJP no puede fácilmente convocar a sus adeptos o desplegar las narrativas políticas opuestas que les habían ayudado a enfrentar anteriores movimientos de protesta.
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De las redes a las calles
Las manifestaciones del 20 de julio parecieron reforzar esa interpretación.
Durante las dos semanas previas, las comparaciones con el movimiento anticorrupción de 2011 se habían centrado principalmente en el impresionante alcance del CJP en internet, mientras los escépticos cuestionaban si el impulso digital podría volcarse a las calles. La participación de ese lunes indicó que podría.
Joyojit Pal, profesor en la Universidad de Michigan especializado en tecnología y sociedad, dice que las redes sociales se han convertido “en un polvorín listo a explotar con la siguiente cosa”, con una velocidad y un alcance impulsados por la emoción.
La frustración que lleva gestándose por mucho tiempo a partir de la percepción de que el gobierno no asume sus responsabilidades creó las condiciones para esta “implosión”, expresó Pal a la BBC, señalando que la arquitectura de las redes sociales “hacían más probables este tipo de erupciones”.
La pregunta ahora es si ese auge online se ha convertido en algo más perdurable.
“Creo que la congregación del lunes indica que este movimiento puede haber cruzado el punto de equilibrio”, sostiene Verma. Si a partir de ahora crece, añade, dependerá mucho de cómo responderá el gobierno.
Para Aiyar, la protesta del 20 de julio reveló algo igualmente simbólico. Los sindicatos estudiantiles, los grupos de izquierda y organizaciones como el Ejército Bhim, un grupo de derechos de los paria o intocables, estaban presentes, pero finalmente fueron “superados en número por un flujo orgánico de estudiantes de todo el país”.
“Eso es singular comparado a cualquier protesta significativa en la historia reciente de India”, asegura la investigadora.
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Igualmente significativo, Aiyar cree que el movimiento ya sobrepasó la organización que lo generó y la huelga de hambre de Wangchuk.
“El catalizador puede haber sido el CJP”, comenta, “pero se volvió más grande que ellos”.
Los estudiantes se movilizaron no solo por la respuesta del gobierno ante las protestas, opina, sino porque querían “un espacio y un sitio para expresar la profunda frustración” que cargaban desde hace un tiempo. “Los memes, carteles y eslóganes aludían a reclamos que iban más allá que las filtraciones de los exámenes”.
Tras inicialmente dejar la respuesta a cargo de ministros y portavoces del partido, la cúpula del gobernante BJP intervino el miércoles. El ministro de Defensa, Rajnath Singh, acusó a la oposición de usar a los estudiantes como “una herramienta política” mientras insistía que el gobierno seguía comprometido con discutir sus preocupaciones en el Parlamento.
El primer ministro Modi abordó el asunto públicamente por primera vez el jueves.
“Nada es más importante que el bienestar y futuro de la juventud”, escribió en X, anunciando tribunales de vía rápida para asegurar “castigos prontos y severos” contra aquellos involucrados en las filtraciones. “No habrá perdón para aquellos que intentan perjudicar el futuro de nuestros jóvenes”.
Todavía es incierto si esas afirmaciones serán suficientes para desactivar las protestas.
Angustias profundas
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Aiyar cree que el movimiento se ha aprovechado de las ansiedades más amplias sobre la desaceleración de la economía, la escasez de empleos y una sensación cada vez más profunda de que el futuro ofrece menos oportunidades.
“Hay una insatisfacción económica y angustia profundas, que se han traducido en una falta de esperanza sobre el futuro”, señala Aiyar. “Eso podría reflejar un creciente desgaste con un gobierno que ha estado mucho tiempo en el poder. Su fracaso en cumplir las promesas sobre las que ha construido su reputación puede haber alcanzado un momento crítico”.
Para la analista, las protestas son sobre mucho más que un único fracaso de política.
“El mensaje de los manifestantes es claro: estamos exhaustos. Necesitamos un nuevo tipo de política, una nueva gramática política, arraigada en ideas y enfocada en gobernabilidad y cumplimiento”.
Sin embargo, otra gran pregunta es si esa frustración se puede sostener como un movimiento político.
El científico político Suhas Palshikar sotiene que el movimiento Cucaracha podría simplemente servir como una válvula de escape para la indignación pública antes de perder impulso gradualmente, como las protestas de los agricultores.
“¿A dónde irá el movimiento Cucaracha? Tal vez a ninguna parte. Permitirá un desahogo de la frustración y se desvanecerá”, escribió en X.
También advierte contra idealizar el movimiento como un levantamiento de la Generación Z.
“Sería un error imaginarse un movimiento juvenil o un movimiento de la Generación Z, esos son solo mitos convenientes para los comentaristas”. “El carácter ideológico y político” del movimiento “es actualmente fluido”, arguye, con fuerzas políticas diferentes que buscan ejercer su influencia en este.
Lo que los manifestantes han demostrado sin duda, estima, es una voluntad de enfrentar el Estado.
“La juventud ha demostrado su angustia y su desagrado. Se han llevado la peor parte de la brutalidad policial del gobierno democrático. También han demostrado que solo la movilización en las calles hace que este régimen escuche y dialogue”.
Que esa energía pueda perdurar, opina, dependerá de muchos factores, incluyendo la represión del Estado, apagones informativos, desafíos al liderazgo y la dificultad de construir una coalición social amplia.
El economista Surajit Mazumdar de la Universidad Jawaharlal Nehru en Delhi también cree que el movimiento ya apunta a algo mucho más grande que las filtraciones de los exámenes.
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“Las actuales protestas y la respuesta espontánea que han provocado son indicación del amplio descontento de la juventud y los estudiantes sobre la situación en el país y en el sistema de educación que van más allá del asunto específico de las filtraciones”, expresó a la BBC.
Comparado a las anteriores movilizaciones estudiantiles, el actual movimiento parece ser “más amplio y más grande en tamaño”, comenta.
Mazumdar también rechaza la idea de que las protestas son post ideológicas. Como el anterior movimiento de agricultores, muestran que “el espíritu democrático continúa vivo en la sociedad india”, afirma.
Para Aiyar, ese impulso democrático ya está moldeando la política.
“La gente está buscando rendición de cuentas de gobernabilidad en sitios donde no hay elecciones”, señala Aiyar. “La división entre la legitimidad electoral y la rendición de cuentas democrática por fuera del espacio electoral es el nuevo fenómeno de la política en India”.
Solo con el paso del tiempo quedará claro si eso prueba ser lo que definirá el legado las protestas del Partido Popular Cucaracha o si simplemente será un momento pasajero de indignación pública.
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