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La guerra contra Irán abre una herida económica en Estados Unidos con más inflación, más deuda y menos crecimiento


Donald Trump viajó el 15 de agosto a su ostentoso club de golf de Bedminster, en Nueva Jersey, para fotografiarse en medio de dos mesas repletas de carne, leche, cereales y otros alimentos básicos. Quería lanzar un mensaje para advertir sobre los problemas de la inflación. La imagen tomada hace exactamente dos años, en plena campaña de las elecciones de 2024, expone todas las contradicciones del hoy presidente estadounidense, exacerbadas por el conflicto en Oriente Próximo.

Trump regresó a la Casa Blanca gracias al descontento de los votantes con la subida acumulada de precios en la época del demócrata Joe Biden. Pero hace seis meses el mandatario republicano se embarcó en una guerra, contra Irán, con un desenlace mucho más complejo de lo inicialmente previsto.

El ocupante del Despacho Oval calculó que el conflicto en Oriente Próximo duraría cuatro o cinco semanas, pero está a punto de cumplir seis meses sin visos de solución inmediata. La guerra ha desestabilizado el panorama económico: ha avivado la inflación, ha disparado la deuda y ha enfriado el crecimiento en Estados Unidos. El mandato de Trump se oscurece conforme pasan los meses, sin una solución al atolladero del golfo Pérsico.

El balance económico de la guerra es preocupante. La deuda pública superó el jueves la barrera psicológica de los 40 billones de dólares (34,3 billones de euros), un nuevo máximo histórico, que ha llevado a los analistas a encender las alarmas. “Es impactante que hayamos duplicado la deuda federal en menos de 10 años, y que debamos cambiar de rumbo”, ha subrayado Michael. Peterson, director general de la Fundación Peterson, que analiza los desafíos fiscales estadounidenses. “Estamos añadiendo deuda más rápido que nunca”.

Tras este fulgurante incremento hay varias explicaciones, pero entre ellas destaca el aumento de los gastos por la guerra contra Irán. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, reveló en el Congreso que el coste del conflicto ascendía a 37.500 millones de dólares. “Otras estimaciones, que contemplan un rango de costos más amplio y un mayor consumo de municiones, sugieren que el costo de la Operación Furia Épica podría haber superado los 100.000 millones de dólares”, según el Center for Strategic and International Studies (CSIS).

Los cálculos incluyen el despliegue del personal militar, municiones, combustible y seguridad, entre otros. La extensión de la guerra ha llevado a la Administración Trump a pedir más financiación al Congreso. Hegseth solicitó al Capitolio una ampliación del presupuesto de su departamento en 114.000 millones de dólares para el año que viene, con el objetivo de reponer las reservas de municiones críticas. La partida se quintuplicaría.

La Oficina Presupuestaria del Congreso calcula que el déficit público ascenderá a más de dos billones de dólares al cierre de este año, empujando la deuda pública por encima del 100% del PIB, su nivel más alto desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

La desconfianza crece entre los inversores en bonos del Tesoro, que cada vez exigen más rentabilidad. El interés de la deuda a 30 años alcanzó esta semana el 5,3%, el nivel más alto desde 2007, justo antes de la Gran Recesión simbolizada por la caída de Lehman Brothers. Ese aumento afecta al coste de financiación del Estado e influye en el tipo de interés que las familias pagan por sus hipotecas, los préstamos para comprar un coche o las deudas que asumen para costear los estudios de sus hijos.

La inestabilidad en los mercados de deuda pública llevó a la Casa Blanca a actuar esta semana. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció el miércoles que duplicaría el volumen de recompra de títulos a más largo plazo para inyectar liquidez a los mercados. Aunque algunos analistas aseguran que lo único que ha hecho ha sido comprar tiempo hasta después de las elecciones de medio mandato que se celebran en tres meses, puesto que el problema de la deuda requiere decisiones más profundas.

Una guerra cara también para Europa

La guerra no solo sale cara a Estados Unidos. Los máximos responsables europeos, empezando por la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, han recordado casi desde que comenzó el conflicto que este le cuesta a la UE del orden de 500 millones de euros al día.

El cierre de Ormuz ha provocado una notable escalada en los precios de la energía que han vuelto a hacer repuntar la inflación, que en la eurozona aumentó al 2,9% en julio, como acaba de confirmar Eurostat, informa Silvia Ayuso. La mayoría de Estados miembros han adoptado más de 210 medidas de emergencia que han implicado movilizar casi 16.000 millones de euros adicionales de gasto público, a sumar a la factura de 46.000 millones por los mayores precios de importación de combustibles fósiles.

Bruselas ha eludido, por ahora, pronunciarse sobre la última amenaza —otra más— de Trump sobre Irán. “No vamos a especular”, ha zanjado una portavoz comunitaria, al tiempo que reiteraba este jueves la posición del bloque europeo: la UE hace un llamamiento a la “moderación” de “todas las partes” y a que se reabra la vía diplomática para buscar una salida. “Solo la diplomacia puede aportar una solución sostenible a todas las cuestiones pendientes”, ha subrayado la portavoz, que ha destacado al respecto los “esfuerzos de mediación” de los socios en la región.

El anuncio de Trump de intentar ahogar a Teherán, aunque aún por concretar, no es intrascendente. El Fondo Monetario Internacional aseguró hace unas semanas que la escalada de la guerra en Oriente Próximo perjudicará el crecimiento mundial y agravará la crisis inflacionaria. La economía estadounidense se enfrió hasta el 0,4% en el segundo trimestre, una décima menos que en los tres meses previos. Y los analistas están rebajando las perspectivas para el final de año, pese a que la actividad está afectada por el auge de la inteligencia artificial y la construcción de los centros de datos, que están dopando la economía.

El sector petrolero estadounidense es uno de los más favorecidos por el conflicto en Oriente Próximo, produciendo y exportando más que nunca, pero la economía doméstica se resiente. El bloqueo del estrecho de Ormuz ha encarecido el precio de los combustibles y ha azuzado la inflación.

El galón de gasolina en Estados Unidos lleva tiempo por encima de los cuatro dólares, un nivel que se considera dañino para la economía porque afecta al bolsillo de las familias en un país extenso donde se acostumbra a recorrer largas distancias en el día a día. Los estadounidenses han pagado más de 80.000 millones de dólares adicionales por gasolina y diésel desde que comenzaron los bombardeos sobre Teherán, según cálculos del Center for American Progress (CAP). Es decir, más de 500 dólares extra por hogar.

Los precios de la energía han vuelto a alimentar la inflación. Cuando parecía que la Reserva Federal conseguía aterrizarla en el entorno del objetivo del 2%, el bloqueo del paso estratégico del golfo pérsico ha presionado los precios. El último dato publicado por la Oficina de Estadísticas Laborales sitúa la inflación de julio en el 3,4% por encima de la que denunciaba Trump hace dos años en su club de golf de Bedminster.


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