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La generación de los ‘perrijos’

La fecundidad de México ha caído a su mínimo histórico. Con 1,2 hijos por cada mujer de 15 a 49 años, la tasa global de fecundidad del país ahora es similar a la de países con severas curvas de envejecimiento como Italia o Japón.

En Ciudad de México, el Estado con menor fecundidad de México, la tasa es inferior a la de París, Nueva York y Londres.

Lo que sí ha florecido son los perros., más concretamente, los perrijos. Caninos que, para todo propósito práctico, viven como hijos de sus dueños y se han convertido en el centro de atención, cariño y consumo de millones de familias jóvenes que decidieron no tener hijos.

Según la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE), entre la generación Z y milenials, el número de hogares con perro y sin hijos ha aumentado 17% en los últimos cuatro años. Hoy existen 1,7 millones de hogares con perrijos.

El fenómeno dista de ser exclusivo de las grandes ciudades. Se extiende prácticamente por todo el país. En 23 Estados, los hogares jóvenes con hijos han disminuido al tiempo que los hogares con perrijos han aumentado.

Yucatán, Hidalgo y Chihuahua son los Estados donde más han crecido los perrijos y más han disminuido los hogares con hijos. Solo en siete estados ha aumentado el número de hogares jóvenes con hijos: Jalisco, Tabasco, Sonora, Estado de México, San Luis Potosí y las dos Baja Californias.

El resultado es una transformación en los patrones de consumo. Basta caminar por cualquier capital del país para encontrar peluquerías, veterinarias, guarderías y hasta gimnasios dedicados a atender a los peludos con niveles de lujo que hace unos años estaban reservados para los humanos.

Hay camas ortopédicas, spas, bálsamos para evitar que sus patas sufran con el concreto, sesiones de lavado de dientes, por supuesto, servicios de paseo con horario de guardería para garantizar que las mascotas se mantengan “activas, sociables y cuidadas” mientras sus dueños trabajan. Una vida francamente envidiable.

El negocio de la atención a los perrijos va de maravilla. De acuerdo con el último censo económico, en México existen 15.000 establecimientos de servicios veterinarios, 37% más que hace cinco años. Las tiendas de accesorios para mascotas, por su parte, crecieron 82%. Vaya negociazo.

El perrijo suele llegar a una familia relativamente bien acomodada. El típico hogar con perrijo es liderado por una persona de entre 31 y 35 años de edad con licenciatura y que trabaja como empleado. Es decir, estamos hablando de adultos jóvenes, económicamente autosuficientes y relativamente estables.

Si los perrijos están o no sustituyendo la paternidad humana es algo que requerirá un análisis más especializado, pero lo cierto es que culturalmente las señales son difíciles de ignorar. En las veterinarias de especialidad a los perros ya se les registra con el apellido de “sus papás”. Rocky de la Garza. Max Zambrano. Taco Sánchez. Y en los vecindarios de clase media, se puede comprar todo tipo de accesorios caninos. Hay salvavidas, lentes de sol y hasta trajes de Halloween para quien quiera que su peludo vaya de pan de muerto.

Aun así, un estudio publicado en la revista académica European Psychologist, quizá el más completo en la materia hasta ahora, sostiene que, aunque los perros son buenos candidatos para ocupar un papel similar al de los hijos debido a sus capacidades cognitivas y sociales, solo una pequeña minoría de los dueños de perros realmente los trata como si fueran niños humanos. En cambio, la mayoría de los “papás de perros” elige tener perros precisamente porque no son niños y reconoce que tienen necesidades propias de su especie.

Para muchas familias, entonces, un perrijo parece ser menos un sustituto de los hijos que una especie de antesala a la paternidad. Esto se observó en uno de los mejores estudios disponibles, realizado en Taiwán, donde un registro administrativo permite seguir a los hogares con perros a lo largo del tiempo. El hallazgo fue que las personas que tienen perrijos terminan teniendo una mayor probabilidad de tener hijos que quienes nunca tuvieron perrijos.

México no parece ser distinto. Los datos muestran que los perrijos suelen complementarse o sustituirse con hijos conforme sus dueños envejecen. Entre los menores de 25 años, 10% tiene perrijos. Entre los de 41 a 45 años, la proporción cae a 6%.

Ahora bien, entre los jóvenes con mayores recursos, sí parece haber una relación más clara entre apego a las mascotas y menor intención de tener hijos. Un estudio realizado con familias chinas encontró que, entre las personas con un nivel socioeconómico subjetivo relativamente alto, un mayor apego a las mascotas estaba asociado con menores intenciones de tener hijos. Entre quienes tenían un nivel socioeconómico más bajo, en cambio, esa relación desaparecía.

Gráfico de barras

En México se observa algo parecido. Los perrijos son mucho más comunes entre personas con mayores niveles educativos, que también suelen tener mayor poder adquisitivo. Entre los hogares encabezados por personas con licenciatura, 14% tiene perrijos. Entre quienes solo cuentan con educación básica, la proporción cae a 5%. Los hogares con hijos, en cambio, son mucho más comunes entre padres de menor nivel educativo.

La evidencia apunta, entonces, a que los perrijos no están causando la caída de la fecundidad ni están sustituyendo masivamente a los hijos. Son, más bien, un síntoma de jóvenes que llegan más tarde a la maternidad y paternidad, que tienen más educación, mayor autonomía económica y nuevas formas de tener afectos y construir sus responsabilidades.

Lo interesante es que este cambio parece presentarse con mayor fuerza entre quienes tienen más recursos. Ahí sí, tener un perro puede convertirse en una alternativa más atractiva frente al enorme costo económico y personal de tener hijos.

Quizá por eso la mejor forma de entender el auge de los perrijos no sea preguntarnos por qué los mexicanos quieren tanto a sus perros, sino más bien por qué no hemos creado un país donde tener hijos no sea una decisión tan difícil.


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