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La denuncia de Chantal, la joven que sobrevivió a las golpizas de Omar Chávez


“El deporte nos invita a vivir una vida plena y en paz”, se lee en una publicación de Instagram de Rubén Rocha Moya hecha el 6 de abril –entonces aún era gobernador en activo de Sinaloa–. Ese día encabezó una clase de boxeo con deportistas, incluyendo a Omar Chávez Carrasco, a quien desde un mes antes le pesaba una denuncia ante el Ministerio Público por violencia familiar equiparada: el hombre, entrenado para noquear a pugilistas profesionales, golpeó a su pareja hasta dejarla tan herida que tuvo que ser atendida en un hospital.

“Eso fue una burla para mí, ellos publicando que están con el gobernador, como diciendo que tienen el apoyo de él, poniendo eso como para que yo ya no avanzara con mi demanda porque ellos tenían el apoyo de todos”, dice Chantal, la mujer sobreviviente de esa violencia en casa del hijo del boxeador retirado Julio César Chávez.

Aquella demanda que interpuso a principios de marzo fue el inicio de un proceso legal, pero también el comienzo de más violencias.

Chantal asegura que todo comenzó con una adicción del boxeador. Omar Chávez es consumidor de un anorexigénico llamado Itravil. “Tenía que tomar de dos a tres pastillas para bajar de peso, pero a veces se tomaba la caja entera con 30 y eso lo hacía apostar”.

Cada vez fue más dinero y también más medicamentos. Afirma que Chávez ya era un apostador, pero también que el dinero no era suficiente.

“La primera vez que me agredió, fue cuando me hizo pedir dinero a mis familiares, me obligó a hacerlo con conocidos y amigos para apostarlo y comprar más medicamentos”, denuncia la joven, quien ahora vive fuera del país para tratar de resguardarse.

Aquella vez de marzo de 2025 terminó fuertemente golpeada, con heridas visibles, pero logró atenderse y abandonar el lugar. Se fue de esa casa, dejando su ropa y más objetos personales, “no me importaron, lo que quería era salvarme”, asegura, mientras lamenta que la denuncia no haya trascendido más allá de la toma de declaración.

La Fiscalía General no emitió ninguna medida cautelar y tampoco hubo mayor esfuerzo por hacer llamar al boxeador. En mayo de ese mismo año, Chávez habría enviado a dos hombres por ella.

“Querían que desistiera de la denuncia”, dice. Luego agrega que la tuvieron privada de su libertad durante 13 días, siendo controlada de sus comunicaciones en redes sociales, golpeada por el boxeador, pero manteniéndola viva para hacerla pasar por más agresiones.

“Ellos tenían el plan hasta de enterrarme en una fosa”, señala Chantal.

Cuando Chantal contaba esta historia, la Fiscalía General de Sinaloa también reconocía en una solicitud de información que solo en el último año y medio han sido desaparecidas 452 mujeres, y, que de todas ellas, solo 181 habían sido localizadas, pero que 11 de esas mujeres fueron halladas asesinadas.

Chantal planeó su escape una y otra vez. Estaba decidida a sobrevivir y lo logró. Pidió comida por aplicación, aprovechó que no había alimento en la casa donde estuvo retenida.

“Omar me empieza a decir que no, que mejor que lo cancelara porque estaba seguro que yo iba a pedir ayuda, que yo me iba a ir. Ese era mi plan. Entonces llegó el repartidor de Uber y yo le estaba diciendo ‘oiga, no se vaya, espérennos, ahorita abajo por la comida’. Mientras Omar y yo estábamos discutiendo. Le decía que yo tenía hambre, que tenía que bajar por la comida, que no la podíamos perder porque ya no teníamos dinero”, y a continuación el escape:

“Entonces le dije: ‘pues vamos los dos si no quieres que baje yo sola’. Su casa es muy grande y él me dijo que no abriera el portón. Omar me dijo: ‘no, tú quédate ahí, no salgas de la casa. Yo me voy a salir a la reja por la comida’, entonces en lo que Omar se acerca para recoger la comida, yo abro el portón y salgo corriendo y empecé a gritar”.

El repartidor quedó como congelado, no se atrevió a subir a la mujer que además de sus gritos y su desesperación mostraba heridas visiblemente graves. Corría y gritaba, y detrás de ella ya iba el atleta, “iba descalzo. No le importó”.

A unos metros una mujer trabajadora de limpieza de una casa vecina la vio gritar Chantal le pidió ayuda, le mostró sus heridas en los brazos y su torso. La mujer frustrada le dijo que no podía hacer nada, que ni siquiera tenía teléfono para prestarle. Solo le alcanzó para animarla a correr más, pero Omar Chávez la alcanzó.

“Me empezó a cargar a la fuerza, a llevarme a su casa. Yo le decía que si ya me iba a llevar, que por lo menos me llevara al hospital o a mi casa para sanarme. No lo hizo, sino que me llevó a la fuerza hasta su casa”.

Hasta ese momento todo parecía perdido, pero hubo alguien que pudo cambiar la historia.

“Al momento que yo llego otra vez al portón, se acerca un carro y era una muchacha. Me dice: no, no te metas, no le hagas caso, súbete”.

Chantal no reparó y se metió en el vehículo sin saber quién era.

“No sé todavía quién era, no me acuerdo, pero yo me subí al carro y ahí me dijo que ella tenía conocimiento de las personas que vivían en esa casa, que ya sabía cómo eran”, recuerda.

La mujer llevó a Chantal al Hospital General de Culiacán, ahí la dejó. Ya la esperaba la señora Amalia, madre de Omar. Le contó la situación y la señora la sacó del lugar, “yo creo que no quisieron que me atendiera ahí para que no quedara un registro de que fui agredida”.

Los hospitales públicos tienen como protocolo notificar al Ministerio Público cuando hay una agresión contra una mujer.

La mamá del boxeador se la llevó a su casa, prometiéndole cuidados, pero no ocurrió. Sin embargo, ahí ya podía usar teléfonos. Llamó a una hermana y pidió que la recogiera. Juntas fueron a denunciar a Omar Chávez el 26 mayo de 2025 por violencia familiar equiparada, privación ilegal de la libertad y lesiones. Luego se refugió fuera de Culiacán.

El caso no avanzó durante casi un año, hasta que el 20 de mayo de 2026 fue detenido por la Fiscalía General de Sinaloa. La familia ha dicho públicamente, a través del boxeador retirado Julio César Chávez, que se trató de una discusión y forcejeos, pero las pruebas dicen otra cosa.

El expediente incluye fotografías de la joven con los brazos, torso y cara molidos. Chantal recibió de su pareja, un boxeador profesional, golpizas muy similares a las que el hombre daba a sus contrincantes sobre el ring.

“Cuando me golpeaba, luego publicaba fotos o videos como si estuviera en el gimnasio entrenando. No hay que creer todo lo que se sube a redes sociales”, dice la joven sobreviviente.

En la audiencia inicial por el caso se decidió que el boxeador pasara el proceso en libertad. También se dieron seis meses de medidas cautelares, que incluyen una orden de restricción hacia Chávez y más personas involucrada, pero ella afirma que se ha incumplido.

“Tengo incluso un mensaje en Instagram de él, cuando se supone no debe hacerlo, pero no pasa nada”, asegura, “Por eso pido ayuda públicamente, porque yo ya no sé si los de la Fiscalía le ayuden a él, yo ya no sé quiénes son corruptos o no, porque ya para mí es muy desgastante volverles a enviar otra carta y decirles que es la segunda vez que me sigue molestando… ¿Qué esperan? Omar está esperando a que se acaben los seis meses para venir a hacerme algo, tener la luz verde para hacerme daño porque ya no va a tener a la Fiscalía encima. Lo va a hacer, va a ver, porque ya lo intentó”.



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