Hablar de plantas en medio de la emergencia climática. Ujts
Nunca hemos tenido realmente certezas, pero, al menos, actuábamos como si de verdad existieran. Entre las noticias sobre las sequías, los efectos del fenómeno de El niño que se unen a los de la crisis climática, las alarmas sobre los comportamientos más que preocupantes de la IA, el genocidio que continúa y los triunfos electorales de la ultraderecha, la tentación de caer en una desesperación paralizante es cada vez más grande. Pocas veces encuentro ya esperanza en internet, el entusiasmo con el que alguna vez me interesé en las nuevas tecnologías digitales se ha desvanecido; mi interés en ellas ahora está envenenada de preocupación que no quisiera que llegara a convertirse en paranoia. La promesa de que el internet se iba a convertir en un territorio donde la pluralidad tendría por fin un hogar ideal se esfumó demasiado pronto; el tecnofeudalismo parece haber aplastado la lucha por la neutralidad de la red.
A pesar de todo, no puedo negar que una parte importante del intercambio de ideas en el que participo sucede en los espacios creados por el internet. Al igual que en el mundo no digital, hay ambientes en los que aún es posible hallar otros modos de tender puentes, de convocar esperanza y de crear plazas públicas digitales donde pueden crecer múltiples voces. Para el griterío cotidiano de las redes sociales, estas voces pueden parecer murmullos, yerbas diversas que crecen insospechadas en el monocultivo del pensamiento en el que internet parece estarse convirtiendo gracias a la presión de los oligarcas tecnológicos. Por eso, justo ahora, necesitamos de esos murmullos que invitan a bajar la voz y escuchar; incluso dentro de los espacios más hegemónicos encontramos, si miramos y escuchamos con cuidado, contenidos que contrarrestan la tentadora abulia que promete protegernos de la desesperación.
Una de esas yerbas frescas del internet es el podcast llamado Plantas abuelas, cada uno de los episodios está dedicado a una planta, cada una crece en distintas regiones de México y establece lazos complejos, simbióticos, de reciprocidad con los territorios en los que crecen y con las sociedades que las conocen, allí hallamos las voces de las mujeres que han interactuado con estas plantas a través de generaciones. La producción es de La Corriente del Golfo y está narrado magistralmente por la actriz Marina de Tavira. Plantas abuelas no se trata de una producción que solo se enfoca en la dimensión biológica de las plantas, que ya de por sí sería más que interesante, sino en las relaciones que establecen con el entorno (incluyendo el humano), los universos narrativos que cada cultura teje en torno de ellas, el sistema de conocimientos que se ha generado alrededor de la existencia de cada planta, su importancia simbólica pero también las luchas por el territorio que las guardianas de esas plantas han emprendido. La existencia de cada planta cobra una dimensión política en medio de las resistencias que se gestan en tiempos de emergencia climática.
En cada episodio podemos encontrarnos con la gobernadora de los desiertos, con el maguey, el mezquite o la pochota. Cada una, como sus raíces, se entrelaza con la tierra, con las personas, con sus idiomas, con su arte y con sus reclamos. Las ideas y los conocimientos que se abordan en cada episodio me hizo pensar inevitablemente en la artista interdisciplinaria Elvira Espejo Ayca del pueblo aymara y quechua. Ella propone que, a diferencia del paradigma capitalista occidental, muchos pueblos y sociedades, como las indígenas, se han relacionado con la naturaleza por medio de la crianza mutua. A diferencia de la idea de “domesticación” y de pensar en la naturaleza sólo como “recursos naturales”, Elvira Espejo habla de la transformación mutua en donde los elementos naturales cuidan a las personas y éstas a las plantas en una continua relación de reciprocidad. En la relación con las plantas, las sociedades también son transformadas. En un mundo en el que anunciar la catástrofe parece lo más predecible por hacer, volver a las plantas nos muestra múltiples opciones de lucha y esperanza. Plantas abuelas es el podcast que le ha devuelto a mi noción de resistencia nuevos sentidos que necesitaba urgentemente, una resistencia que necesitaba de belleza, que en medio del horror, es más que nunca, revolucionaria.



