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Georgieva respalda en Argentina el programa económico de Milei: “No me preocupa que tenga el dinero para pagar”


Argentina no es un país más para el Fondo Monetario Internacional. El país gobernado por Javier Milei es el que más dinero le debe en el mundo, muy por delante de cualquier otro, y por eso el organismo monitorea con especial interés su política económica, en la que interviene como una voz autorizada. Este lunes aterrizó en Buenos Aires Kristalina Georgieva, la directora gerente del organismo, que mantuvo una reunión con el presidente y también con su equipo económico, al que felicitó por su trabajo. “Argentina hoy tiene una posición sólida”, dijo en una conferencia de prensa en la que también apoyó al Gobierno en su intento de despejar dudas sobre posibles turbulencias financieras el año próximo, en el que habrá elecciones presidenciales.

Sentada a la derecha del ministro de Economía argentino, Luis Caputo, Georgieva detalló los indicadores que, a su criterio, muestran una “escena más saludable”: una posición fiscal “más fuerte”, que pasó de tener déficit a tener superávit primario; una inflación que ha disminuido del 210% anual al 30%; y reservas acumuladas por 13.000 millones de dólares desde comienzos del año, lo que ha fortalecido la posición externa de Argentina. “No me preocupa que la Argentina tenga el dinero para pagar [su deuda]. Sigan comprando”, dijo en referencia a las reservas del Banco Central.

De acuerdo con el programa fiscal presentado por Caputo este mes, el país enfrenta vencimientos por casi 45.000 millones de dólares entre este año y el próximo, incluyendo tanto los pagos de capital como los intereses de la deuda con el FMI y otros organismos internacionales, además de otras erogaciones puntuales.

En el centro de la discusión del país con el FMI, Georgieva ubicó la cuestión de cómo hacer que el crecimiento, hoy muy concentrado en los sectores de petróleo, gas, minería y agro, “se pueda compartir más ampliamente”. Es el punto débil que muestra el modelo, en el que los sectores más vinculados al consumo interno, como la construcción, la industria y el comercio, se encuentran muy golpeados, con consecuencias muy relevantes. Por un lado, se traduce en un empeoramiento de los ingresos y de la calidad del trabajo de los argentinos y, por otro, en una caída de la recaudación impositiva del Estado, lo que hace más difícil que el país mantenga el equilibrio positivo de sus cuentas. Con poco espacio para seguir recortando el gasto, el descenso en los ingresos tributarios en el primer semestre provocó en junio el primer déficit primario en la era Milei y el incumplimiento de la meta fiscal trazada para el primer semestre en el programa acordado con el FMI.

Georgieva se refirió a la posibilidad de mejorar las condiciones financieras para que las pequeñas empresas y los hogares puedan tomar préstamos, y también a la gestión de la alta morosidad que se ha ido generando. Además, mencionó la “eliminación de los obstáculos físicos para que la economía funcione”, como la construcción de carreteras y la aceleración de inversiones en infraestructura.

La ejecutiva buscó empatizar con el “pueblo argentino” al dejarle un mensaje personal: “Yo sé que la transformación del tipo que Argentina está atravesando es difícil”, aseguró, y repasó el caso de su propio país, Bulgaria, que luego de atravesar un programa de ajuste en los años noventa se integró a la Unión Europea y a la zona euro. “Ustedes, argentinos, ¿pueden ser perseverantes?”, arengó, sin poder generar demasiado entusiasmo en un país que, por su historia, es escéptico a las promesas de éxito del FMI.

En Argentina, los años de elecciones presidenciales suelen ser también años de descalabros económicos. Los habitantes de este país han aprendido que, cuando la incertidumbre política arrecia, es conveniente ahorrar y resguardar esos ahorros en dólares, lo que aumenta la presión sobre una economía siempre en un equilibrio muy precario. Así fue como en 2018, previo a las elecciones presidenciales, Mauricio Macri acudió al FMI para reforzar su posición y consiguió un inmenso rescate de 50.000 millones de dólares, equivalentes a casi el 10% del PIB argentino. Ese fue el puntapié de un nuevo ciclo de profundo endeudamiento con el organismo internacional, algo que había intentado zanjar en 2006 el entonces presidente Néstor Kirchner al cancelar el saldo pendiente con el FMI.

En 2022, esa deuda contraída por Macri fue refinanciada por el equipo de Alberto Fernández y, en abril de 2025, el Gobierno de Milei alcanzó un nuevo entendimiento por otros 20.000 millones de dólares, el programa número 23 entre la Argentina y el Fondo. Actualmente, Argentina concentra casi el 35% de la cartera de préstamos vigente del FMI, con un crédito pendiente de aproximadamente 58.000 millones de dólares. Muy por detrás se encuentra Ucrania, en segundo lugar en el ranking de deudores, con 15.400 millones, lo que representa un 9% del total.

Si bien Georgieva dijo que “los viejos riesgos siempre están ahí”, en referencia a la incertidumbre de un nuevo año electoral, sostuvo que se gestionan con “políticas fuertes”, “disciplina fiscal” y “amortiguadores”, algo que podría dejar al Gobierno en una buena posición para enfrentarlos. “No va a haber necesidad de un financiamiento extra”, aseguró, consultada por la posibilidad de que el organismo otorgue fondos adicionales para navegar posibles dificultades.

Tras cerrar su conferencia de prensa, Georgieva cruzó la calle que separa el Ministerio de Economía y la Casa Rosada, donde a las dos de la tarde se reunió con el presidente Milei. Es la primera visita de Georgieva al país desde que asumió la conducción del organismo, en 2019, y la primera llegada de una máxima autoridad del FMI a Buenos Aires en ocho años. La última había sido la de la francesa Christine Lagarde, en julio de 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri y pocas semanas después de la firma del acuerdo por 50.000 millones de dólares. Este martes, antes de partir con rumbo a Uruguay, Georgieva tiene previsto viajar a Neuquén para conocer el yacimiento de Vaca Muerta, el punto del mapa donde anida el gran sueño de Milei de convertir a Argentina en una potencia petrolera.



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