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Elísabet Benavent: “Escribo entretenimiento y me enorgullezco de ello”

Las adaptaciones que Netflix ha producido de las novelas de Elísabet Benavent no necesitan grandes estrellas en su reparto para la promoción: la estrella es la propia Elísabet Benavent. Con más de cinco millones de ejemplares vendidos y más de 25 libros publicados en poco más de una década, la historia de Elísabet Benavent (Gandía, Valencia, 42 años) es, sin duda, una historia de éxito. “Si te soy totalmente sincera, creo que tuve un golpe de suerte con Valeria. Uno tiene que admitir a veces que estuvo en el sitio adecuado en el momento adecuado”, dice en una entrevista por videollamada a finales de julio. En los zapatos de Valeria fue el primer libro que autopublicó antes de que una editorial contactara con ella para ficharla. Y también Valeria fue la primera serie que Netflix hizo a partir de sus novelas.

Toda la verdad de mis mentiras, que se estrena el viernes 28 de agosto, es la cuarta adaptación para la plataforma de una historia escrita por Benavent. Porque tras Valeria, que se alargó durante cuatro temporadas, vino la película Fuimos canciones y la miniserie Un cuento perfecto. La nueva historia discurre en un viaje de amigos en caravana para celebrar la despedida de soltera de una de ellas, y tiene en el centro la relación entre Coco y Marín, amigos y compañeros de piso desde hace años. Itziar Manero, Daniel Ibáñez, Lucía de la Fuente, Clara Sans, Brays Efe y Ricardo Gómez interpretan a ese grupo de amigos. “Es una serie que nos trae los recuerdos más prácticos de nuestros veranos, que suena como las cigarras en un camping y huele a mar y protector solar”, describe Benavent. Porque este peculiar road trip llevará a sus protagonistas a un camping, donde irán saliendo a la luz sus contradicciones y las mentiras que ocultan para no romper el status quo.

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Tráiler de la serie ‘Toda la verdad de mis mentiras’.

Daniel Ibáñez e Itziar Manero, en ‘Toda la verdad de mis mentiras’.

Como en anteriores ocasiones, Benavent ejerce como productora ejecutiva de la miniserie, algo que, asegura, aún trata de aprender qué significa. “Para mí, es participar del proyecto sabiendo cuáles son mis herramientas y mis limitaciones. Aunque tengo una formación audiovisual, no he ejercido nunca y tengo que admitir hasta dónde llega mi conocimiento”. Por eso, aunque participa en todos los procesos y en todas las tomas de decisiones, la escritura de la serie la deja en manos de las guionistas Marina Pérez y Montaña Marchena, con quienes ha repetido en cada adaptación desde la segunda temporada de Valeria.

Las adaptaciones de novelas románticas a la televisión viven un momento dorado en la actualidad y son una de las grandes apuestas de las plataformas para atraer y retener espectadores. “Escucho mucho eso de que el romance está en un buen momento, pero es que el romance no ha estado en un mal momento jamás”, dice Benavent. “Las plataformas ahora le están dando más visibilidad, igual que antes se ha dado al misterio, los thrillers o la novela negra. La literatura y la producción audiovisual tienen una relación muy estrecha basada en el win win, porque unos necesitan contenidos y otros, lectores. Me parece una relación muy simbiótica en la que todos ganan”. Eso sí, el hecho de que sus libros se estén convirtiendo en series no ha cambiado su forma de escribir. “Eso pervertiría el proceso de escritura. Una cosa que se dice mucho en el audiovisual, y que a los autores nos da mucha rabia escucharlo, pero es verdad, es que el papel lo sostiene todo, pero una producción audiovisual tiene otras necesidades y limitaciones. Y yo no me voy a cortar las alas cuando estoy escribiendo”, explica.

Ella conoce bien a su público lector por el contacto en las redes sociales y también por las firmas de libros. Por eso sabe que, aunque es mayoritariamente femenino, cada vez hay más hombres que se acercan a sus firmas o que puede enganchar a tres generaciones de una misma familia. También sabe que solo un 3% del público que ve sus series es lector de sus libros, por lo que el 97% restante son lectores potenciales. Asegura que sus libros notan un repunte de ventas gracias a los lanzamientos televisivos, sobre todo en las semanas previas al estreno. Además, las series le han abierto las puertas de otros países donde aún no se habían traducido sus novelas, como el mercado italiano, francés o anglosajón.

Benavent enarbola con orgullo la bandera de la comedia romántica, género que no tiene planes de abandonar pese a que en algunos círculos se considere literatura de segunda. “En cualquier disciplina artística se ha visto esa división entre alta y baja cultura. Se asocia a la cultura de consumo una mala calidad: si vendes más de X ejemplares ya es literatura de consumo, por tanto, es de mala calidad. Yo escribo entretenimiento, y es algo de lo que me enorgullezco, no hay absolutamente nada malo en escribir para entretener. Soy víctima de prejuicio, y no sé si la razón es porque históricamente se ha relacionado con que es un género por y para mujeres, como si hubiera un gueto de consumo, o si es porque todo lo que tiene que ver con el amor ha sido tachado de frívolo. Hay que darle una pensada a eso, porque el amor es uno de los grandes temas universales de la literatura desde que comenzó”. Y a quien piense que la comedia romántica es un contenido frívolo o tonto, le invita a leer a Nora Ephron, “un ejemplo brillante de que la comedia romántica puede acercarse a muchas cosas que no son ni de lejos tontas ni frívolas”.

¿Se ha sentido rechazada en algunos círculos por escribir literatura romántica? “He sentido condescendencia, paternalismo, como ‘ay, la niña que escribe historias de amor…’. Y tengo 42 añazos, ya me gustaría tener menos años por las patas de gallo, la retención de líquidos y los dolores de espalda. Por lo demás, estoy muy a gusto con mi edad. Es algo que suele venir de hombres; mi experiencia con las mujeres en la literatura es que nos respetamos un montón, hay mucho compañerismo. Lo he sentido también en la prensa. He tenido que contestar a preguntas del tipo: ‘¿qué opina tu padre de lo que escribes?’, ‘¿te cuesta encontrar pareja escribiendo de lo que escribes?’, ‘¿por qué tus personajes hablan como hombres?’. Tengo mucha fe en que la siguiente generación no vaya a tener tantos problemas”, reflexiona.

Otra etiqueta con la que se suele relacionar su obra, y que Benavent rechaza de pleno, es la del placer culpable. “Mi único placer culpable es beberme el líquido de las aceitunas, que no me sienta bien. El único placer culpable es aquel que te hace daño. Pero que te guste cierto producto cultural, que te guste cantar Paulina Rubio, Thalía, Raúl y David Civera a pleno pulmón, no le veo nada malo. Existe un clasismo cultural. Es como ‘yo hago esto, pero lo hago como un placer culpable, porque a mí de normal de Dostoievski no me bajas’. Hay que relajarse más”, dice con ironía.

El siguiente reto al que le gustaría enfrentarse es la escritura de un guion original, una serie o una película que no sea una adaptación. “Todos los años digo, ‘me voy a apuntar a clases’, pero todos los años me sale algo de trabajo a lo que no sé decir que no y lo voy relegando”. Mientras, trata de aprender de forma autodidacta con libros sobre escritura de guion. “Me encantaría encontrar tiempo, pero soy arquitecta de mi propia desgracia, y si no lo encuentro, es porque me lo escondo yo misma”.

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