El no de Islandia debilita a la UE ante Trump y las fuerzas antieuropeas
La Unión Europea ha dicho “tomar nota” de la decisión de Islandia que, por un estrecho margen, rechazó este sábado volver a negociar su integración total en el espacio comunitario, para regocijo de las fuerzas más euroescépticas del Viejo Continente, muy probablemente, del otro lado del Atlántico. Una decisión que Bruselas “respeta”, subraya la Comisión Europea en un más que escueto mensaje genérico enviado por un portavoz a periodistas —ni una sola declaración pública o mensaje directo de los máximos responsables europeos al respecto— porque, considera, no va a cambiar la situación actual: “Islandia seguirá siendo un aliado estrecho de la UE”, asevera el Ejecutivo europeo.
De igual manera, y también a través de su portavoz, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, ha asegurado que la UE “respeta totalmente la decisión democrática del pueblo islandés” y que, pese a su no, Islandia “sigue siendo uno de los aliados más estrechos y fiables” de los Veintisiete.
Es, sin embargo, esta parquedad de palabras —así como la ausencia de una voz clara: pese a su habitual presencia en las redes sociales, ni la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ni Costa se han pronunciado directamente— y el tiempo que se ha tomado Bruselas en reaccionar al nei islandés (horas desde que se hicieron oficiales los resultados), lo que mejor muestra el fuerte impacto del rechazo expresado por la isla ártica que la UE esperaba evitar pese a lo ajustado de las encuestas.
Y es que, aunque en lo práctico no cambia gran cosa en las relaciones, como han reafirmado tanto Bruselas como Reikiavik, el no del referéndum se considera un revés para la UE en tiempos en que el bloque comunitario busca reafirmarse y reforzarse ante los embates externos, sobre todo los del presidente estadounidense Donald Trump. Más aún ante la creciente tensión en torno a la zona del Ártico, a la que Von der Leyen viajará la semana próxima para firmar una significativa declaración conjunta entre la UE y Groenlandia. La posibilidad de extender su periplo hasta Islandia queda ahora descartada.
Impulso eurófobo
Bruselas también afronta embestidas internas, con unas fuerzas ultras y euroescépticas cada vez más fuertes que, de la francesa Marine Le Pen al británico Nigel Farage, no han dudado en mostrar su satisfacción pública por el rechazo islandés, en el que creen ver validadas sus tesis. Con su no, los islandeses han recordado “una evidencia: la adhesión a la UE no es el horizonte nacional de toda democracia europea”, ha dicho la líder del Reagrupamiento Nacional y candidata presidencial francesa en 2027.
Para Le Pen, el no islandés deja un “mensaje claro”: “Los pueblos deben poder decidir por sí mismos su futuro, el de sus instituciones y su capacidad de defender sus intereses nacionales”, sostiene la líder ultra, que considera que el resultado del referéndum refuerza la Europa de “naciones soberanas” que defienden las fuerzas más ultras tanto en la Eurocámara como en cada vez más Estados miembros.
En rejetant par référendum la reprise des négociations d’adhésion à l’Union européenne, le peuple islandais a rappelé une évidence: l’adhésion à l’Union européenne n’est pas l’horizon naturel de toute démocratie européenne.
Ce vote délivre un message limpide: les peuples…
— Marine Le Pen (@MLP_officiel) August 30, 2026
También para el grupo de Conservadores y Reformistas (ECR) del Parlamento Europeo el resultado de Islandia debería hacer “reflexionar” a Bruselas para que “atienda las preocupaciones sobre soberanía nacional”. “Si un país europeo próspero, democrático y abierto al exterior sigue sin estar convencido de que reanudar las negociaciones para la adhesión a la UE pueda ser el camino adecuado, la Unión Europea debería preguntarse cómo puede respetar mejor la soberanía y la subsidiariedad, ser más eficaz y competitiva, y centrarse con mayor claridad en los ámbitos en los que la cooperación europea aporta un valor añadido real. La UE debe reflexionar sobre ello”, ha declarado el copresidente de ECR Nicola Procaccini, del partido Hermanos de Italia de la primera ministra ultra italiana, Giorgia Meloni, quien también se enfrenta a las urnas el año que viene.
Poco antes de la lacónica reacción oficial europea, en rueda de prensa, la primera ministra islandesa, Kristrún Frostadóttir, había asegurado haber estado en contacto con António Costa y haberle transmitido a Bruselas su deseo de “mantener una relación fuerte” con la UE.

De hecho, el nei del referéndum no cambia, al menos técnicamente, una relación estrecha de la isla ártica con el bloque europeo: además de formar parte del espacio Schengen, Islandia ya era y seguirá siendo parte del Espacio Económico Europeo, junto con Noruega y Liechtenstein, lo que le da acceso al mercado único y le obliga a adoptar gran parte de la legislación comunitaria. Eso sí, sin tener, y sin tampoco hacerlo en el futuro ahora que ha rechazado negociar de nuevo su ingreso, derecho al voto en la toma de decisiones de la UE que tanto le afectan.
Así lo ha destacado también el presidente de la comisión de Asuntos Exteriores de la Eurocámara, David McAllister (CDU). “El resultado no cambia nada en las relaciones” bilaterales, ha aseverado el conservador alemán en un comunicado, en el que ha recordado además que la isla es miembro de la OTAN, el otro flanco que preocupa a Bruselas. “Islandia seguirá siendo un socio fiable con el que Europa comparte valores democráticos y defiende un orden internacional basado en reglas”, sostiene McAllister.
Con todo, ha matizado el también eurodiputado Sandro Gozi, el rechazo islandés a reabrir las negociaciones de adhesión “es una advertencia que Europa debería tomarse seriamente”, ha subrayado el secretario general del Partido Democrático Europeo y miembro del grupo liberal Renew en el Parlamento Europeo. “El poder de atracción de la UE sigue siendo fuerte y no ha disminuido, pero nunca debe darse por sentado”, advierte el político francés de origen italiano.



