El ministro ultra israelí Ben Gvir aboga por matar cada noche en Gaza a 30 o 40 personas
Itamar Ben Gvir, el ultraderechista ministro israelí de Seguridad Nacional del que dependen la policía y las prisiones, aboga por matar cada noche en Gaza a unas 30 o 40 personas: “No es ningún secreto que he tenido diferencias con el primer ministro [Benjamín Netanyahu]. Creo que todos los días deberíamos efectuar asesinatos selectivos en Gaza, cada noche unos 30 o 40. No solo aquellos que representan una amenaza inmediata. Hay gente allí que no merece vivir. Ni siquiera son personas, no los quiero llamar personas”.
Ben Gvir describe a continuación cómo imagina Gaza: con asentamientos israelíes por toda la Franja y “no solo en Gush Katif”, el principal bloque evacuado unilateralmente en 2005, y con el menor número posible de palestinos, gracias al “fomento de la emigración”, el eufemismo de la limpieza étnica que ha cobrado popularidad en los últimos años. “Lo más posible, echarlos a sus tierras”, añade usando una fórmula que refleja su idea —extendida en la derecha israelí— de que Palestina no existe, sus habitantes no constituyen un pueblo y solo los judíos tienen derecho, por motivos bíblicos e históricos, a habitar la zona. Ben Gvir matiza luego que no habrá emigración posible para “los terroristas”, porque corresponde “matarlos uno por uno”.
Ben Gvir ha hecho estas declaraciones en un podcast llamado 8 de octubre, en referencia al día después del ataque en 2023 en el que Hamás tomó como rehén a su locutor, Rom Braslavski, liberado dos años después en el marco del acuerdo del alto el fuego. Durante la conversación, tanto el entrevistador como el entrevistado llevan en la solapa un pin (habitual en Ben Gvir) en forma de horca, en apoyo a la ampliación de la pena de muerte que aprobó en marzo el Parlamento.
La nueva ley convierte la horca en el castigo por defecto (y sin necesidad de unanimidad) para los palestinos del territorio ocupado de Cisjordania que maten a israelíes en actos de violencia relacionados con el conflicto de Oriente Próximo, sin ser la pena para los israelíes judíos. El ministro lo celebró intentando abrir una botella de champán en el Parlamento y festejó su 50 cumpleaños con una tarta de regalo decorada con un dibujo de la horca y la frase: “A veces los sueños se hacen realidad”.
En los primeros minutos de la entrevista, Braslavski le pide a título personal que le permita ser quien mate “a todos los terroristas aquí, en el Estado de Israel”. “No quiero soga ni botón [de la silla eléctrica]. Con mis propias manos”. Ben Gvir le dice que moverá “cielo y tierra” para que así sea, aunque luego le recuerda que existe una decisión para aplicar la pena capital por ahorcamiento.
“Para eso fuimos a la guerra”
Varias de las ideas que expone en el podcast no son nuevas. O las ha desarrollado en otras entrevistas en los últimos días. En una de este mismo domingo con la radio 103 FM, señala la importancia de “conquistar toda” Gaza, “animar la emigración” y “aniquilar” a Hamás. “Para eso fuimos a la guerra […] Es como en el fútbol, hay que ganar 6-0, 7-0, 8-0”, señala.
En otra entrevista, tres días antes al canal de derechas i24, el presentador le muestra el corte de una entrevista por videollamada con un gazatí desesperado por salir de la devastada Gaza. Este llama “charlatanes” a los dirigentes israelíes por no cumplir su plan de sacarlos en autobuses a otros países y se pregunta “dónde está Ben Gvir”. El ministro responde orgulloso: “Tiene razón. Todos los días doy un golpe sobre la mesa de Netanyahu y le digo: ‘¡Vamos a animar la emigración!”.
Ben Gvir, al que el ejército eximió del servicio militar obligatorio por la radicalidad de sus ideas, se muestra confiado en llevar el plan a cabo si su partido sigue en el poder tras las elecciones de octubre (reeditando la coalición más derechista de la historia del país, en la que Netanyahu es primer ministro). El ministro ultra aspira a lograr 15 diputados, en vez de los seis actuales. En los anteriores comicios, en 2022, concurrió junto a otro partido ultranacionalista, Sionismo Religioso, del ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, y juntos lograron 14. En esta ocasión van por separado y las encuestas dan a Poder Judío unos 10, de los 120 de la Knesset (Parlamento israelí).
No es la primera polémica del ministro, condenado ocho veces por delitos como incitación al racismo o apoyo a organización terrorista e investigado desde junio por la fiscalía de Italia por las denuncias de maltrato de los activistas de la flotilla de Gaza. Vive en el asentamiento de Kiriat Arba, cerca de la ciudad cisjordana de Hebrón, y hasta las elecciones de 2020 tenía en su salón un retrato de Baruj Goldstein, el colono que en 1994 asesinó a 29 palestinos al abrir fuego contra la multitud que rezaban en la mezquita de Hebrón. “¿Qué le dices a tu hijo sobre él?”, le preguntaban en una entrevista. “Que es un hombre justo, un héroe”, respondía.
En 1995, con apenas 19 años, apareció en televisión manoseando el emblema del Cadillac oficial del primer ministro Isaac Rabin, diana entonces de una violenta campaña por haber alcanzado los Acuerdos de Oslo con Yaser Arafat. “Igual que llegamos a la insignia, podemos llegar a Rabin”, declaró a la cámara. El jefe de Gobierno fue asesinado semanas más tarde, por otro ultranacionalista israelí, tras un acto en Tel Aviv en favor de la paz.


