El huracán ‘Polo’ a su paso en máxima fuerza por las islas Revillagigedo: “Se escuchaba un rugido, como una turbina”
Las 68 personas que sufrieron el huracán Polo en máxima categoría en el archipiélago de Revillagigedo están “muy bien, en muy buenas condiciones morales”, ha compartido este domingo el almirante de la Marina Víctor Manuel López con EL PAÍS por llamada telefónica. Tras un día y medio encerrados en las instalaciones, sometidos a vientos de hasta 315 kilómetros por hora, hoy desayunaron todos juntos. El ciclón no provocó daños mayores y solo en el muelle de isla Socorro, la mayor de las cuatro que conforman el archipiélago, el fuerte oleaje provocó que las rampas para sacar las lanchas del mar se llenaran de piedras.
Los militares apagaron los motores que dotan de electricidad a las islas de Clarión y Socorro, las únicas con destacamentos de la Marina, desde las 20.00 horas del viernes hasta las seis de la mañana del sábado. “Se escuchaba un rugido, como las turbinas de un motor cuando arranca”, recuerda López sobre esas horas. A partir de las doce de la mañana del sábado los marinos comenzaron a recuperar poco a poco la energía, aunque solo un grupo de comando de oficiales salió para revisar las instalaciones. Tras inspeccionar todo, enviaron un informe al mando de la Sexta Región Naval de Colima, Estado al que pertenece el archipiélago.
Este domingo por fin los 49 militares y seis civiles —biólogos de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas— que estaban en Socorro podrán salir de los refugios. “Los pajaritos ya están con su canto. Eso es buena señal. Ahorita, a las 9 de la mañana, tenemos una reunión, todo el personal, para poder platicar y efectuar un desayuno con ellos”, explica el almirante. Las otras 13 personas están en Clarión, mientras que las diminutas islas de San Benedicto y Roca Partida están deshabitadas y sin ningún rastro humano.
El teniente vivió un huracán de máxima categoría como si fuera un “entrenamiento”. “Nos ayuda a fortalecer la sabiduría, la congruencia, el don de mando, el espíritu de cuerpo, sobre todo, a valorar a nuestra gente”, ha explicado el marino. También sirvió para saber cómo actuar ante un ciclón de esa potencia: “Había que instalar todos los tanques de gas nuevamente, probar todos los sistemas, que todo estuviera con las condiciones para que pueda entrar la gente”.
La preparación en los días previos a la llegada del huracán consistió en tapiar puertas y ventanas, instruir a los militares de más bajo rango ante el fenómeno y preparar “raciones ciclónicas”: pollo y atún enlatados, manzanas, jugos y chocolates.
El huracán amenazó durante la última semana las costas del Pacífico mexicano, pero nunca se acercó a más de 250 kilómetros de la costa. Siguió en paralelo al litoral del Pacífico mexicano y se ha alejado desde el viernes, lo que lo llevó en máxima categoría a Revillagigedo.
Queda cerrado así el paso del huracán por el mayor Parque Nacional de México, resguardado por la Marina desde 1957. “Vamos a intercambiar, a ver rostros, a platicar todas las experiencias”, dice contento López. Lo harán en un paraíso natural que dejó atrás las lluvias y los fuertes vientos y que ahora volverá a contar con días despejados junto al mar.



