El Chocó, epicentro del sismo y de la pobreza en Colombia: “No hay con qué atender esta calamidad”
El departamento del Chocó despertó este martes sin descanso. Con las linternas de los celulares y los reflectores apuntando desde la tierra, los chocoanos pasaron la noche alumbrando hacia los escombros, buscando entre la oscuridad cualquier señal de quienes quedaron atrapados tras el terremoto de magnitud 7,4 del lunes. El epicentro estuvo en San José del Palmar, en la zona más al interior del selvático departamento del litoral Pacífico. El temblor sacudió buena parte del occidente de Colombia y desató una emergencia que no ha terminado: en las primeras 24 horas, la región ha sentido casi un centenar de réplicas.
En Quibdó, la capital del departamento, la noche transcurrió entre labores de rescate y remoción de escombros. Al menos 40 viviendas resultaron destruidas y 13 personas murieron, mientras otras 131 resultaron heridas. La magnitud de los daños apenas ha comenzado a dimensionarse este martes, cuando las familias salían a revisar sus casas y las autoridades recorrían los barrios para determinar cuáles estructuras podían seguir habitadas y cuáles tendrían que permanecer vacías.
En Bahía Solano, en la costa, la noticia llegó desde Quibdó con el peso de la tragedia. Mateo Valencia Valencia, de seis años, hijo del alcalde de ese municipio, Jairson Leonel Valencia Pinilla, quedó atrapado bajo los escombros de un edificio en la capital. Así, en el municipio costero la emergencia recibió pronto un nombre y un rostro: el niño no sobrevivió al derrumbe.
La noticia atravesó el Chocó por las rutas que lo conectan, a la vez, lo mantienen aislado: por el río, por el aire, por los teléfonos que, aunque intermitentes, durante horas fueron el único puente entre unos municipios y otros. En Bahía Solano, recostado sobre el Pacífico y rodeado de selva, el terremoto se sintió como una sacudida que llegó desde el interior del departamento. En el casco urbano de San José del Palmar, los habitantes han registrado videos este martes revisando paredes, techos y caminos.
El municipio del epicentro sigue siendo el punto más crítico. Su alcalde, León Fabio Marín Moncada, describió una situación límite desde el primer día: con una señal telefónica intermitente, había dificultades para contactarse con las autoridades y tomó horas hablar con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), la encargada de la atención de urgencia. “El municipio no tiene con qué suplir o atender esta calamidad”, afirmó, en referencia a la centenaria pobreza que azota al departamento. Por eso, pidió maquinaria para remover derrumbes, apoyo de las empresas de energía para restablecer el servicio y ayuda en forma de alimentos, cobijas y sábanas para las familias afectadas.
Ese pequeño municipio de apenas 5.000 habitantes en total, unos 1.500 en su zona urbana, ha sufrido graves consecuencias por la emergencia. Hasta ahora, 500 viviendas han resultado afectadas y cerca de 20 estructuras quedaron completamente colapsadas. Ni siquiera el templo parroquial se salvó: la lámpara central se vino al suelo y hubo daños en la sacristía.
Las ayudas han tardado en llegar. La personera del municipio, Helen Johana Cuero, denuncia hace más de dos años el deterioro de la única vía terrestre que conecta al pueblo con el interior de Colombia, a través del departamento del Valle del Cauca. Ha señalado que está abandonada, plagada por derrumbes y huecos: “No tenemos vía terrestre al Valle del Cauca ni plan B”, advertía entonces. El aislamiento, físico y digital, se convirtió en una de las peores amenazas durante las horas críticas del rescate.
Los 31 municipios del Chocó dependen de las conexiones de transporte fluviales y aéreas. La frágil red de carreteras no comunica entre sí a todo el departamento y tiene conexiones problemáticas con el resto del país. La gobernadora, Nubia Carolina Córdoba, recuerda en la mañana de este martes que eso pesa en la situación, cuando suman, sin descanso, un día completo de labores de búsqueda y rescate. “Presentamos reporte de la información, y agradecemos a los organismos de socorro, personal médico y voluntarios que no han cesado en las tareas de atención, rescate y apoyo. No detendremos la búsqueda hasta encontrar a todas las personas aún desaparecidas”, ha escrito en sus redes sociales.

Mientras el Chocó intenta completar su propio mapa de la tragedia, el terremoto deja una estela de daños en otras zonas de Colombia. Pereira, Cali, Manizales y Armenia estaban entre las ciudades más afectadas, con un balance nacional aún preliminar y que se acerca a 1.600 viviendas dañadas, además de decenas de edificios colapsados. A más de 24 horas del movimiento, el reporte de Asocapitales contabiliza 181 muertos solo en las más grandes ciudades y más de 900 heridos, en cifras que solo reflejan una imagen temporal, pues siguen cambiando a medida que los equipos de emergencia llegan a las zonas afectadas.
El presidente colombiano, el ultra Abelardo de la Espriella, visitó el mismo lunes la capital del Chocó. En Quibdó, el dirigente se comprometió a reconstruir los edificios afectados y aseguró que el departamento “nunca más será la tierra del olvido”.
El comandante del Ejército Nacional, general Royer Gómez Herrera, ha llegado al Chocó este martes. Se ha reunido con la gobernadora y los organismos del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo, coordinando la atención de la emergencia. El Ejército también reforzó su despliegue en toda la región: el Comando de Ingenieros envió cinco pelotones hacia Chocó, Valle del Cauca, Quindío, Risaralda y Caldas para labores de remoción de escombros. Es apenas el inicio. El Chocó, un departamento históricamente marginalizado y uno de los más afectados por el conflicto interno, todavía no termina de dimensionar la tragedia.


