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Describen cuatro nuevas especies de ranas en el norte de Perú

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Era 13 de diciembre de 2018. Un grupo de herpetólogos llevaba más de 21 días buscando empecinadamente una rana en peligro crítico de extinción: la Atelopus epikeisthos. Rastreaban de sur a norte toda la comunidad peruana de Chirimoto el torso amarillento y los afilados ojos negros de esta rana de la que solo se tienen registros en dos localidades. De pronto, un vientre amarillo llamó la atención de Pablo Venegas, herpetólogo del Rainforest Partnership. “Estaba en el suelo de hojarasca, sobre un terreno arenoso con poquísimos nutrientes y entre árboles de porte muy bajo, de unos cinco metros”, cuenta por teléfono. El biólogo —con más de 50 anfibios y reptiles descritos a sus espaldas— sospechó rápidamente que podría ser una especie nueva para la ciencia. Ocho años después, las pruebas taxonómicas y de ADN le dieron la razón. Esta y otras tres ranas de la familia Oreobates “ya están en el mapa”.

La investigación, publicada este martes en la revista científica Internacional Diversity, revela la descripción de cuatro anfibios: Oreobates chirimoto, Oreobates foliaspectrum, Oreobates azulensis y Oreobates nigrumcompletum. Todas ellas fueron encontradas entre el 2018 y el 2025 en el norte de Perú, concretamente en Amazonas, Huánuco y San Martín.

El hallazgo también da un respiro al grupo de animales vertebrados más amenazado del mundo. Aproximadamente el 41% de los anfibios (ranas, sapos, salamandras y cecilias) se encuentran en peligro de extinción debido a la destrucción de sus hábitats y enfermedades, de acuerdo a los datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). La descripción de las especies —darles nombre y apellidos para la ciencia— allana el terreno para la búsqueda de recursos económicos de conservación. “Con esta publicación, sabemos que existen. Ahora hace falta que se estudien muchas cosas: cuántos individuos hay, si su hábitat está o no amenazado…”, cuenta el herpetólogo. “Saber que existen es el primer paso para cuidarlas y conservarlas”.

Venegas no esconde la emoción. Para él, esta es una forma de cerrar el “gap de la falta de conocimiento” sobre lo que atesora el norte del país, donde apenas se conocía la existencia de dos especies. El género Oreobates es, además, un mundo por descubrir. Se sabe muy poco de este grupo de anfibios. Apenas que son de desarrollo directo. Es decir, que no sufren la metamorfosis de huevo a renacuajo y posteriormente a rana, sino que una vez son desovados, nacen como diminutas ranas que crecen con el paso de los días. Se presume también que estos huevos son custodiados por los machos, que se van nada más eclosionar estos en la hojarasca. Este género se encuentra en Colombia, Ecuador, Brasil y Perú y muy pocas especies del mismo en Bolivia y Argentina. “Están muy poco estudiadas porque es muy difícil encontrarlas por su camuflaje”, explica Venegas.

El peruano lleva dos décadas dedicado a la taxonomía de anfibios y reptiles, una profesión vital para la descripción de especies, y que también se encuentra en vías de extinción. El relevo generacional es prácticamente inexistente. “La morfología sigue siendo lo más importante en este ámbito. Solo con pruebas de ADN no se puede describir una especie. Y es una profesión que no puede sustituir la inteligencia artificial”, narra. “Es muy preocupante que no haya reemplazo ni apenas financiación para una labor tan importante. La taxonomía también es clave en la conservación de las especies”.

La rana O. azulensis es la que mayor revuelo ha generado en la comunidad científica de Perú. Este anfibio, que recibe el nombre de la Cordillera Azul donde fue registrada, pone de nuevo la lupa sobre la relevancia en cuanto a biodiversidad de este territorio, una zona de amortiguamiento muy cercana a un área natural protegida. Los investigadores a cargo de la descripción intuyen que existe una alta posibilidad de que la rana se encuentre dentro del Parque Nacional Cordillera Azul, una hipótesis que abriría una línea de estudio interesantísima sobre la distribución de la especie y el valor ecosistémico del territorio.

Para Aarón Quiroz, especialista en monitoreo biológico en Áreas Naturales Protegidas del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp), se trata de una excelente noticia para la conservación. “No se puede proteger lo que no se conoce. El esclarecimiento de la identidad taxonómica es el primer eslabón para tomar acciones para la conservación”, narra por teléfono, quien presume de la biodiversidad de estos espacios. “Estos territorios representan mucho interés para la ciencia, no sólo en cuanto a anfibios. En los últimos cinco años, se han descrito 50 especies de flora y fauna. Hay mucho que hacer y mucho por descubrir aún”.


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